Por Diana Eguía Armenteros

En El pequeño espectador, además de teatro hecho para jóvenes, también reseñamos teatro hecho por jóvenes. Por eso, en esta ocasión hablamos de la representación llevada a cabo por el alumnado del IES El Escorial y del esfuerzo del centro por mantener activo su grupo de teatro en español. Este año, se enfrentaron al serio problema de la ausencia de conserje en el turno de tarde, bedel que la Comunidad de Madrid no envió hasta el segundo trimestre, tras lo cual se pudieron reanudar las extraescolares. Con retrasos en los ensayos y muchos problemas de calendario, la docente de Lengua castellana Margarita de Francia consiguió sacar adelante el montaje.

La obra fue vista por todo el alumnado del centro antes de abrirse a padres y familiares. En la última de las funciones de la compañía, De Francia recordó al público que el teatro es hoy uno de los pocos lugares donde todavía podemos encontrar un ámbito puramente humano, lejos de la inteligencia artificial y de otras alteraciones de la realidad. Paradójicamente, el teatro, considerado tradicionalmente una ilusión, es hoy una de las mayores formas de autenticidad que podemos ofrecer a los adolescentes.

 

La elección para este año fue, a nuestro modo de ver, un acierto total: El príncipe que todo lo aprendió en los libros. Escrita por Jacinto Benavente, esta pieza fue la elegida para inaugurar El teatro de los niños, iniciativa personal del autor y primera empresa que en este país intentó consolidar un espacio escénico estable para la infancia. En 1908, el premio Nobel reclamaba en El Imparcial su importancia: “¡Un teatro para los niños! Sí, es preciso, tan preciso como un teatro para el pueblo. ¡Ese otro niño grande, tan poco amado también y tan mal entendido!”. La empresa de Benavente cerró al no encontrar suficiente material de estreno, pero  supuso un punto de inflexión en la atención teatral hacia los más jóvenes. En opinión de Ignacio Ceballos y Eva Llergo, directora de El pequeño espectador, esta es “seguramente la obra teatral que abrió el camino de todo el teatro posterior para los niños”.

La trama arranca cuando el príncipe debe abandonar el palacio en el que ha vivido protegido por sus padres para conocer los riesgos y contradicciones del mundo. Él cree saberlo todo, porque ha leído muchos cuentos. Quienes lo rodean, en cambio, piensan que se va a estrellar contra la maldad terrenal. Lo acompañan personajes no mucho más cuerdos que él, pues su criado, Tonino, termina adoptando la visión literaira del príncipe, y su preceptor confía más en los manuales de ciencias que en los sentidos. A partir de ahí, la trama construye su conflicto principal en torno al choque entre realidad y ficción. Sin embargo, Benavente no ridiculiza la imaginación del príncipe ni se ensaña con su afición lectora. Muy al contrario, termina dándole la razón. Aunque durante la obra el protagonista es continuamente acusado de cometer desatinos, al salir de su ensimismamiento comprende que sus libros sí lo han guiado bien. Quizá la mujer que él creía un hada protectora era, en realidad, una anciana común y corriente, con la sabiduría propia de sus años; el ogro, simplemente, un terrateniente estafador; su princesa no se correspondía con la hermana menor, sino con la mediana; pero la búsqueda de la verdad y de la belleza que lo conduce a la adultez sí nace de sus horas de lectura. Por tanto, la imaginación no lo aparta de la realidad, sino que le permite conocerla mejor. La lección queda condensada en el monólogo final. El rey le pregunta a su hijo si ya está desengañado y si ha aprendido que la vida no es un cuento de hadas. Este le responde que no y  añade una de las ideas centrales de la obra. “Aprendí que es preciso soñar cosas bellas para realizar cosas buenas… ¡Gloria a mis cuentos de hadas! ¡No maldeciré nunca de ellos! ¡Felices los que saben hacer de la vida un bello cuento!”.

 

Mención especial merecen las dotes cómicas que demostraron los jóvenes actores. Como suele decirse, es más difícil hacer reír que hacer llorar y, en este sentido, tanto quienes interpretaban papeles más entrañables como quienes daban vida a los personajes más abiertamente paródicos arrancaron grandes carcajadas al público. Resultó especialmente eficaz la caracterización del personaje del ogro como Donald Trump, idea que partió de la propia compañía y que culminó en una de las escenas más hilarantes de la obra. Es apreciable que algunos alumnos del IES El Escorial llevan años formando parte de este grupo de teatro, pues sus presencia escénica, su capacidad de improvisación y su vis cómica es ya más que notable.

También merece destacarse el trabajo de adaptación de la directora, Margarita de Francia, quien agregó tres personajes al libreto original con el fin de aumentar el número de actores. El primero de ellos, un leñador adicional. El segundo, una simpática bufona cuyo texto explotaba la fórmula tradicional “este era un rey que tenía tres hijas”. El último, una delicada bailarina que, al ritmo de la música de El cascanueces, modificaba el atrezzo y contribuía a crear la atmósfera de ensoñación que pide la obra, añadiendo, además, en su gestualidad recursos cómicos de cine mudo. Y es que este montaje necesitaba cambiar la escenografía continuamente, utilería fruto de la colaboración con los alumnos de la asignatura de Plástica de 3.º de la ESO. Para la representación, los estudiantes realizaron un libro gigante con distintos escenarios, cuyas páginas la bailarina iba cambiando según avanzaba la acción. El recurso, sencillo y eficaz, hacía visible la idea central de la obra: el mundo que surge de los libros.

 

El pequeño espectador verá cómo este clásico de Benavente es, ante todo, una defensa de la imaginación. Los cuentos de hadas, tantas veces considerados sospechosos o poco útiles, son para Azul una fuente de virtud y una guía en su rito de paso a la madurez. La fantasía no es una ingenuidad que haya que superar, sino una forma de aprendizaje. Por último, cabe recordar la idea de que el teatro, en su fragilidad y presencia, puede ser hoy una de las experiencias más auténticas que todavía podemos ofrecer a los adolescentes.

 

Por Diana Eguía Armenteros

FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA

Sala: Casa de la cultura Pilar Herránz

Fechas: 12 de junio de 2026

Edad recomendada: familiar.

Duración: 60 min.

DIRECCIÓN Y ADAPTACIÓN

Margarita de Francia

REPARTO

HADA: Iantha Segura Parker

EL REY: Borja Miranda Johnson

LA REINA: Sara Mateo Pérez de Villar

EL PRÍNCIPE: Lope Escourido

EL PRECEPTOR: Pedro Peña Lázaro

TONINO: Gorka Masete Ramos

LA BELLA: Irene Segovia Costa

LA VIEJA: Mitra Kekic Ivankovic

LEÑADOR 1: Sandra Ghizdavu

LEÑADOR 2: Leire Paredes Gil

LEÑADOR 3: Christian Torres López

EL OGRO: Alejandro Cañizares Terry

HIJA 3: Sandra Ghizdavi

HIJA 1: Paula Jiménez Blázquez

HIJA 2: Leire Paredes Gil

REY CHUCHURUMBÉ: Alejandro Cañizares Terry

BUFÓN: Vega Salado Díaz-Miguel

ESCENOGRAFÍA

Sonia Leal López y alumnos de 3.º de la ESO (Creación plástica y audiovisual)

LUZ Y SONIDO

Lourdes del Rey Sánchez

Irene Molina Olivares

Blanca Sánchez Draper

 

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