Por Sara Barquilla Guerrero
Esta temporada 2026-27 se han programado muchos espectáculos que recuerdan y conmemoran la generación más famosa de la Literatura española del siglo XX. Decían los libros de texto que el 27 era una generación de poetas que se reunió en el Ateneo de Sevilla con motivo del aniversario de la muerte de Góngora y, a continuación, se enumeraba una ristra de autores, todos hombres, cuyas palabras y versos vinieron a revolucionar las letras españolas. Sin embargo, esa definición quedaba incompleta de forma evidente: ¿solo hombres? Poco a poco (y con mucho esfuerzo), esa nómina del 27 ha ido añadiendo nombres de todas aquellas mujeres que formaron parte de ese momento de estallido cultural y que durante décadas habían reposado calladitas bajo toneladas de indiferencia académica. La generación del 27 no solo estaba conformada por hombres. Ni lo más remotamente. Por ello, mi primer aplauso a LaJoven por sumarse a esta oleada de conmemoraciones recuperando la obra de una mujer. Gracias a su trabajo, Mercedes Pinto escapa del olvido.
Es necesario recordar algunos detalles de la biografía de la autora canaria que tienen un correlato en la obra de teatro que nos ocupa. El primero sería un primer matrimonio lleno de turbulencias, incluyendo el internamiento de su marido en un sanatorio. Poco después, Mercedes defendió su tesis en una conferencia titulada El divorcio como medida higiénica, consistente en incluir en la ley ciertas enfermedades como motivo suficiente para el divorcio. La sociedad española durante la dictadura de Primo de Rivera no estaba preparada para tal apertura de mente, así que Mercedes Pinto fue censurada y desterrada a Guinea. No obstante, ella decidió exiliarse a Uruguay y allí desarrolló todo su talento creador, configurándose como referente cultural y de pensamiento de los distintos países latinoamericanos en los que vivió.

Un señor… cualquiera cuenta una historia que cuestiona las relaciones matrimoniales así como las paterno y maternofiliales. Una mujer repleta de entusiasmo se mustia compartiendo la vida con un señor “cualquiera”. Es su marido, un señor gris, mediocre pero arrogante, insensible pero arrollador; alguien que, en definitiva, anula su espíritu imaginativo y sus ansias de disfrute vital. Conoce a otra persona con la que desea huir llevándose a su hijo con ella. Sin embargo, el marido descubre el plan, mata al amante y expulsa de su vida a la mujer, que se ve privada de su hijo. Años después, el hijo ya mayor se mete en una relación afectiva que parece una copia de aquello que vivieron sus padres y que él ignora. Por otro lado, algunas personas tienen una identidad oculta así como otras deben asumir sus decisiones, sean erróneas o acertadas.
En escena hay tres actores que representan de manera formidable varios personajes. Raúl Martín representa al señor cualquiera, ese tipo anodino que, aunque parezca increíble, puede controlar a su mujer. Esta es encarnada por Paula Feror que, a su vez, es el hijo de ambos ya mayor. El elemento distintivo, además de la presencia escénica, es una chaqueta americana oscura que identifica al hijo. Por último, Helena Lanza podría ser Mercedes Pinto reflexionando sobre la sociedad de su tiempo, comentando la situación conyugal que se representa o convirtiéndose en la voz de la conciencia de cada personaje. Introduciendo un soplo humorístico en la historia, también hace los balbuceos y gemidos del bebé en brazos de su padre. También es, brevemente, el amante de la protagonista, y de nuevo con la americana que señala su identidad masculina.

En escena, algunos elementos dispersos: un sillón desde el que nuestra “Mercedes” comenta la jugada con ironía, asombro o preocupación; un marco que se convierte en ventana para asomarse al mundo; una pantalla donde se proyectan imágenes a lo largo de la obra; y varios focos, donde se van ubicando los personajes para sus monólogos. Todos esos elementos dan la sensación de que lo que sucede en escena es un ensayo de la vida, una prueba para poder comentar los acontecimientos, que es a su vez lo que hace el personaje de Helena Lanza. De esta manera, la obra se convierte en una oportunidad para reflexionar sobre las relaciones convencionales y monótonas, las rutinas sociales implantadas y mantenidas sin cuestionamiento. Todo, absolutamente todo, debe ser revisado y modificado para adaptarse a la evolución social.
LaJoven dirige sus creaciones a un público adolescente pero, en mi opinión, esta obra se enfoca a un pequeño espectador que casi no lo es, uno que está más cerca de la vida adulta. El texto habla de divorcio, de la crianza, de las relaciones de amor o conveniencia, todos ellos temas un poco alejados del pensamiento adolescente. No obstante, es una apuesta por recuperar y mostrar a una autora del 27 que seguramente no se estudie en las aulas; también subyace el pensamiento feminista de las autoras del siglo XX, reivindicando su lugar en el mundo ya sea en el ámbito laboral como en el personal. Mercedes Pinto cuestionó las relaciones matrimoniales que guillotinaban la capacidad creadora y el desarrollo personal de las mujeres. Ella misma se enfrentó a una situación personal que le reducía las posibilidades de movimiento y conquistó su libertad a pesar del destierro y el exilio.

Un señor… cualquiera no es la única obra dramática de Pinto, que además escribió poemarios, novelas, artículos periodísticos, etc. En definitiva, llevó a cabo una actividad cultural y literaria que merece la pena poner sobre la mesa y recuperar como ejemplo del trabajo de muchas mujeres en principio predestinadas al olvido. Menos mal que hay personas que rescatan estos tesoros. Gracias a LaJoven por su propuesta.
Por Sara Barquilla Guerrero

FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA
Vista el viernes 25 de septiembre de 2026 en el Teatro Fernán Gómez (Madrid)
Autora: Mercedes Pinto.
Versión: Raúl Losánez.
Dirección escénica: José Luis Arellano García y Mabel del Pozo.
Intérpretes: Paula Feror, Helena Lanza y Raúl Martín.
Escenografía y vestuario: José Luis Raymond.
Iluminación: Óscar Fernández.
Música original: Koki Lortkipanidze.
Ayudantía de dirección: Álvaro Copado.
Ayudantía escenografía: Christina Eleftheriadou.
Ayudantía vestuario: Laura Camila Forero.
Realización escenografía: Juan Carlos Rodríguez.
Material didáctico: Maite Fernández, Ana Matey, Elena Trujillo, Mar Friera y Carmen del Valle
Agradecimientos: Alejandra Rojo, Fran Garcerá, Jan Pappelbaum y Schaubühne Berlin.
En la escenografía se han utilizado materiales cedidos por Schaubühne Berlín del espectáctulo ‘Postkarten aus dem Osten’ con diseño de escenografía de Jan Pappelbaum y dirección de Stas Zhirkov.
Equipo LaJoven.
Duración: 80 minutos.
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