Por Celia Rojo
¿Qué se nos viene a la cabeza cuando pensamos en los años 80? Cassettes rebobinados con un bolígrafo, bicicletas, partidas en los recreativos, walkie-talkies y esos veranos que parecían no tener fin. Para algunos, son recuerdos de una infancia vivida en primera persona; para otros, como yo, una época conocida a través de películas, series, música y las historias que nos han contado.
El misterioso verano de Alba Ryder consigue convertir todo ese imaginario en un viaje colectivo sobre el escenario y, sobre todo, en un punto de encuentro entre generaciones. Una obra familiar que permite a quienes vivieron los ochenta regresar por un instante a ellos y a quienes no los vivimos descubrirlos desde una mirada nueva.
Después de años acogiendo en sus escenarios las historias de compañías y creadores, Teatros Luchana da un paso más y se aventura a construir la suya propia desde cero. Y ese cuidado se percibe en una propuesta en la que cada elemento parece estar pensado para sumergir al espectador en el universo de la obra.
La historia nos presenta a Alba, una adolescente que solo quiere disfrutar de sus vacaciones junto a sus inseparables Vera y Álex. Su hermano pequeño, Marc, vive, en cambio, con el deseo de formar parte de ese mundo del que siempre parece quedarse fuera. Hasta que una noche un extraño juego llamado Arcadia cambia las reglas y arrastra a los protagonistas a una aventura en la que tendrán que enfrentarse a diferentes desafíos.
Desde que se abre el telón, los ochenta están por todas partes. El vestuario, los objetos, los colores y, especialmente, la habitación de Alba, repleta de pósteres, revistas y pequeños detalles, construyen una estética retro que funciona como una auténtica máquina del tiempo. La escenografía, además, evoluciona al ritmo de la historia hasta transformar el propio escenario en Arcadia, haciendo que la frontera entre la realidad y el juego se vuelva cada vez más difusa.

A esta propuesta se suman los efectos especiales y la tecnología 3D, gafas incluidas, que amplían la experiencia más allá de lo puramente escénico. El espectáculo juega con la percepción y busca constantemente la complicidad del público, hasta el punto de romper la cuarta pared y convertir las propias butacas en una extensión del juego. No se trata únicamente de contemplar la aventura de Alba y sus amigos, sino de sentirse dentro de ella.

Parte de esa capacidad para atrapar al espectador reside también en su joven reparto. María Bruñó, como Alba; Quim González, como Álex; Alba González, como Vera; y Pablo Grifé, como Marc, sostienen la aventura con una energía que contagia desde el escenario. Su entrega consigue que los personajes resulten cercanos y que la historia avance con ritmo, sin perder la frescura que requiere una propuesta protagonizada por jóvenes.

Y el público responde. La sala está llena de pequeños espectadores de edades muy diferentes que siguen cada movimiento sin apartar la mirada, como si durante esos minutos no existiera nada más allá de lo que está sucediendo sobre el escenario.
Pero bajo su apariencia de aventura, música y nostalgia, El misterioso verano de Alba Ryder habla, en realidad, de algo que nos atraviesa a todos: crecer. Del miedo a quedarse atrás, de la necesidad de encontrar nuestro lugar, de la amistad y de ese momento inevitable en el que descubrimos que hacerse mayor también significa despedirse de algunas cosas.
Y, mientras todos esos cambios llegan, quizá lo más importante sea no olvidar a quienes estuvieron a nuestro lado cuando todavía creíamos que un verano podía durar para siempre.
Ficha técnica

- Autores: Víctor Lucas y Mamen Mengó
- Dirección: Víctor Lucas y Mamen Mengó
- Dirección musical: Víctor Lucas
- Diseño de cartel: María La Cartelera
- Jefe de producción: José Pizarro
- Jefe técnico: Rodrigo Abia
- Diseño de iluminación: Javier Arnedo
- Productora: Rosa Alfageme Denis
- Diseño de vestuario: Juan Ortega
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Diseño de luces: Javier Arnedo
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Diseño de sonido: Dolmenarte
- Tráiler: La Dalia Negra Studio
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