Por Irene Herráez
A mi izquierda hay tres niños sobre sus butacas. Tienen una maquinita estilo retro, muy comienzos de los 2000, de estas de mover luces por la pantalla. Se han sentado solos, alejados de sus madres (no parece haber ningún padre o adulto), reivindicación de independencia. Deben de tener ocho años. Les observo sin que se note. Tienen el aire pasota de quien está en un lugar con poco capital social para su grupo de validación. Los teatros no son sexis para los chicos de su edad. Sus madres lo saben; la maquinita es requisada pocos minutos antes del inicio de la función. La obra me absorbe, creo que a ellos también. Solo uno o dos comentarios, atentos. Se levantan rápidos al acabar. Pienso en ellos al salir del teatro. ¿Serán capaces esos niños de llorar libremente, sin constricciones? ¿Sentirán vergüenza? ¿Cómo se habrán relacionado con el llanto a lo largo de su vida? ¿Qué mensajes habrán ido calando, gota a gota a gota, en su sensibilidad y su estar en el mundo? ¿Qué pensarán, profundamente, de la obra (no esa respuesta rápida al os-ha-gustado de rigor al encenderse las luces de sala)? Son el público perfecto para La tormenta. Ojalá poder contestar a esas preguntas.
De llorar trata el último montaje de la compañía Zero en conducta, liderada por José Puchades (Putxa) y Julieta Gascón, un espectáculo de títeres de animación directa sobre mesa. De un niño de ocho años con una nube gigante que no le deja vivir en paz, pero que es imposible deshacer… porque no es capaz de llorar. Pablo (me asombra el parecido con mis compañeros de butaca) sabe perfectamente lo que le pasa: con una autoconciencia que ya querrían la mayoría de personas adultas, reconoce a su nube y sabe lo que necesita para despejarla. Pero no cómo hacerlo. Así que busca respuestas. La obra es un itinerario en el que Pablo va consultando con diferentes expertas en el arte del llanto: una sabia inventora de naves espaciales y otros prodigios, una vecina con el don de conseguir lo que desea con lágrimas de cocodrilo, un esqueleto con quien se encuentra en un cementerio (un tal Fede), una niña que le pide que la llame Lola… Pablo investiga, se mueve, salta, baila a ritmo de rap… y nos hace partícipes de su viaje de (auto)descubrimiento.

El texto es hermoso, inteligente, divertido, con capas de significado que apelan a pequeñas y grandes espectadoras y que fomentan diferentes niveles de recepción. Es un cuento contemporáneo, en plena conexión con el hoy, con el que la compañía se estrena utilizando el texto dramático como recurso narrativo principal para contar una historia. Pablo no es el típico niño de voz aflautada y carácter bobalicón que nos muestra ese teatro que no va más allá de la caricatura. Es un tipo simpático, listo, a veces serio, sensible pero alejado de las ideas preconcebidas del niño sensible. Un niño con recursos propios, que se mueve, que indaga, que quiere sentirse bien, acompañado de un elenco de personajes que reconocemos, que combinan tipos del imaginario familiar de las ficciones (la científica, el fantasma) con tipos de nuestra realidad tangible (la niña ñoña, el padre ocupado).
Los títeres, diseñados con una estética marcada y una gran calidad técnica, cobran vida en los cuerpos y en las voces de Ioana Balcells, Victoria Mínguez y Ramón Rodenas. Todo el espectáculo está perfectamente ensamblado en una coreografía (uno de los rasgos que definen el trabajo de Zero en conducta), especialmente los solos del protagonista, en los que las tres intérpretes demuestran un gran dominio de la expresión corporal. La iluminación, el vestuario y el espacio sonoro, sobrios y eficaces, están al servicio del montaje, que fue galardonado con el premio a mejor espectáculo de títeres en FETEN 2025.

La tormenta es una gota para el cambio, para la reflexión y la transformación social. Zero en conducta hace una propuesta que pone en valor la sensibilidad y que reivindica la tristeza, y el llanto, como algo tan importante como la risa y la alegría, pues «la felicidad no tiene nada que ver con una cosa o con la otra, sino con el sentimiento de estar en paz». Ojalá esta lluvia que es el teatro acompañe a mis vecinos espectadores de ocho años en su camino. Y que obras como esta despejen las nubes grises que aún llevamos encima.
Plup.
Por Irene Herráez
FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA
Sala: Teatro Valle-Inclán, sala El Mirlo Blanco
Fechas: 14 y 15 de febrero de 2026
Vista el 15 de febrero de 2026
Edad recomendada: público familiar, a partir de 8 años
Duración: 55 min.
Dirección: Julieta Gascón y José Puchades (Putxa)
Texto: José Puchades (Putxa), con la colaboración de Julieta Gascón y el equipo de intérpretes
Reparto: Ioana Balcells, Victoria Mínguez y Ramón Rodenas
Diseño técnico de títeres y escenografía: Vicente Andreu
Diseño estético de títeres: Miguel H
Vestuario: Aarón Eudave
Música y espacio sonoro: Jorge Da Rocha
Iluminación: Marieta Rojo
Grabación de voces en off: Carles Rodenas
Diseño gráfico: Laura Valero
Producción: Zero en Conducta
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