Por Sara Barquilla Guerrero

Las tragedias clásicas plantean situaciones extremas en las que los protagonistas deben enfrentarse a dilemas irresolubles y difícilmente soportan la carga que les conduce hacia un destino fatídico. Son personajes que sufren y, abocados a la desesperación, no pueden creer que sea verdad lo que les sucede; por ello, han de aprender a aceptarlo y vivir con ello. Además de todo esto, en Tebanas se apuesta por la precisión del movimiento y la declamación enérgica, logrando una puesta en escena donde la individualidad siempre está inserta en lo colectivo.

La obra, firmada por Álvaro Tato en la versión y dramaturgia y dirigida por Yayo Cáceres, utiliza varias fuentes clásicas: de Sófocles se basa en Edipo rey y Antígona; de Esquilo toma Los Siete contra Tebas; de Eurípides utiliza Fenicias. Cada autor dibuja matices en el desarrollo de la historia pero, en líneas generales, la tragedia se cumple de la misma manera. La familia de los Labdácidos (descendientes de Labdaco, fundador de Tebas) recibe un vaticinio del oráculo de Delfos, confirmado por el adivino Tiresias, que se cumple punto por punto. Edipo, sin saberlo, mata a su padre y se casa con su madre, Yocasta. Con ella engendra a sus cuatro descendientes: los dos chicos, Eteocles y Polinices, que están destinados a morir cada uno en manos del otro, y las dos chicas, Ismene y Antígona. Esta última, se enfrenta a su tío materno Creonte, que llega a la corona tras la muerte de sus sobrinos y decreta que solo uno de ellos tiene derecho a ser enterrado. Antígona, respetuosa con las leyes sagradas que obligan a enterrar a los muertos, desoye al monarca y por ello es condenada a ser enterrada viva. Junto a ella se suicida Hemón, prometido de Antígona e hijo de Creonte, quien finalmente también sufre las consecuencias de la tragedia.

En escena, un elenco de cuatro actores y dos actrices dan vida a una de las familias que más desgracias acumulan de la mitología griega. Y la puesta en escena la llevan a cabo con tan pocos asideros como tienen los personajes que representan: solo unos soportes con lanzas en los laterales y un cajón de madera que se utiliza durante la historia de Edipo. Durante y después, los actores solo disponen de su cuerpo y sus voces para trasladarnos al mundo clásico y lo logran verdaderamente. Sus voces extreman el tono y el volumen, se empoderan contra la injusticia, se desgarran ante el desatino y se apagan con la resignación. La declamación está repleta de energía tanto como los cánticos se llenan de lirismo. Parte de la historia está cantada y el resultado es de una belleza exultante. Es destacable la presencia vocal del coro, la combinación de diferentes tesituras y el uso de técnicas que provocan emociones en el espectador, como el canon o la recitación asíncrona. Se trata de momentos de confusión de voces y a la vez de creación de ecos que obligan a repensar esas palabras que se repiten sucesivamente. Además de la voz, la música también está presente con el violín y la guitarra que interpretan los propios actores. Los registros del violín son muy impactantes y generan una atmósfera a veces inquietante que conjuga perfectamente con el ambiente oscuro de la puesta en escena.

Además de la voz, los actores y las actrices exponen sus cuerpos a la tiranía trágica. Se visten con prendas negras y ajustadas que resaltan la musculatura y recuerdan que toda la fuerza de un ser humano es inigualable a la fuerza del destino. Los personajes se reconocen por atributos de color rojo, el de la sangre que une a esta familia marcada por la desgracia. Se mueven por el espacio, no tanto por generar dinamismo, sino acompañando las ideas y venidas de sus pensamientos y decisiones vitales. Al igual que la voz es coral, también el conjunto de cuerpos lo es y se comporta al unísono, dando forma a esa individualidad que no lo es tanto porque siempre forma parte de una comunidad. Un último aspecto del movimiento físico es la respuesta del coro de tebanas y tebanos a los monólogos de los protagonistas: las manos golpean su pecho y muestran las palmas, y parecen recordar hacia dónde dirigen sus palabras y desde dónde les nacen los consejos.

El ritmo trágico y trepidante de la trama se ve interrumpido por una escena de corte satírico, en la que incluso los cánticos sustituyen el tono épico y solemne por uno más grácil y jovial. Ahora no son los personajes marcados por el destino fatal, sino un grupo de esclavos, también abocados por su propio destino, pero que sobrellevan su carga de forma colaborativa y en compañía. En esta parte, además, se establece un paralelismo entre el viaje al Averno de los esclavos y la situación de los migrantes cruzando mares y estrechos.

El pequeño espectador seguramente se asombre ante la fuerza de los parlamentos, los cánticos y las voces desgarradas o líricas que van narrando la historia. El texto es absolutamente accesible y el atrezo ubica con claridad a los personajes, por lo que se trata de una oportunidad de oro para conocer la saga familiar, presentada desde la sobriedad en lugar del melodrama. Esta es la aportación de los creadores de la obra, una tragedia con todos sus ingredientes en la que se destaca la belleza. La de la voz y la del cuerpo.

Por Sara Barquilla Guerrero

FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA

Vista el domingo 25 de enero de 2026 en el Teatro de la Abadía (Madrid).

Textos originales: Esquilo, Sófocles y Eurípides.
Dramaturgia y versión:
Álvaro Tato.
Dirección: Yayo Cáceres.
Reparto: Cira Ascanio, Marta Estal, Mario García, Fran Garzía, Daniel Migueláñez y Mario Salas de Rueda.
Escenografía: Ay Teatro y Tatiana de Sarabia.
Iluminación: Miguel Á. Camacho.
Vestuario: Tatiana de Sarabia.
Música original: Yayo Cáceres.
Arreglos: Yayo Cáceres, Marta Estal, Fran Garzía, Gabriel de Mulder, Mario Salas de Rueda.
Diseño gráfico y fotografía: David Ruiz.
Realización de vestuario: Pablo Alcántara, Juana Matilla.
Realización de escenografía: Pablo Alcántara, Scnik.
Dirección técnica: Amalia Portes.
Producción ejecutiva y gerencia: Marina Camacho.
Secretaría de producción: Carmen Quirós.
Dirección de producción: Emilia Yagüe.
Distribución: Emilia Yagüe Producciones.
Producción: Ay Teatro.

 

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