Por Eva Llergo

Dos personajes sin nombre vagan en un limbo de contornos planos a excepción de un balancín y una ventana que no da a ninguna parte. Uno lleva un traje demasiado grande. El otro ridículamente pequeño. En el suelo muchos mecheros inservibles y velas apagadas.  Estas primeras líneas podrían ser la acotación principal de Adulto funcional y el espectador ya comenzaría a sospechar que la propuesta se nos ofrece a través del código del teatro del absurdo. Y ¿cómo no adoptar esta óptica cuando lo que se pretende es crear una propuesta sobre la situación de nuestros jóvenes en la actualidad? Jóvenes, sobradamente preparados y, sin embargo, con pocas o ninguna expectativa de construir a corto o medio plazo un futuro medianamente confortable ni en lo laboral ni en lo personal. Por mucha resiliencia que se tenga, en esta situación es terriblemente fácil acortar distancias con el abismo de la pérdida de la salud mental. Materializar los sentimientos, emociones y pensamientos que construyen ese camino es parte de los objetivos de Adulto funcional.

Con resonancias evidentes a Esperando a Godot, Mita Bubela (una de las dos actrices, junto a María San Pablo, en escena y también autora y directora del montaje) construye un texto muy potente, a ratos poético a ratos tristemente cómico y siempre cargado de una fina ironía, para señalar las contradicciones de nuestra sociedad. Contradicciones que han conseguido, entre otros desastres, acortar las alas de la ilusión y las ganas de vivir a quienes deberían tenerlas más crecidas: nuestros jóvenes.

En escena, como hemos dicho, personaje 1 y personaje 2; despojadas de su identidad y al mismo tiempo dispuestas a representar a cualquier. Quizás dos caras de la misma moneda a pesar de que una parece llevar la sartén por el mango; desde un supremacismo moral aconseja a la otra que no debe rendirse, que debe seguir trabajando sin parar, pasar cinco horas diarias en el transporte público, aguantar los alquileres abusivos, no tener apenas tiempo para respirar y aprender a convivir con la presión perpetua en el pecho que es perfectamente lógica y normal. Le pasa a todo el mundo. Todo el mundo lo resiste y convive con ello así que ¿por qué tú no? ¿Acaso eres más débil que los otros? ¿Quizás eso significa que no sirves para vivir? En el polo opuesto tenemos al personaje 2 cuyo cuerpo ha sentido la parálisis de la ansiedad y, por lo tanto, ya no puede seguir corriendo y obviando la realidad: las cosas no encajan, no tienen sentido. A partir de ahí, queriéndolo o sin querer, ambas buscan una manera de salir de ese punto muerto. Las opciones solo parecen polarizadas: o seguir como hasta ahora o marcharse a otro lugar. Traducimos esta huida como un símbolo ambivalente. Por un lado, el de la migración masiva de jóvenes a otros países en busca de mejores oportunidades. Pero también una huida mucho más oscura y definitiva: la que hay al otro lado de esa ventana, que no parece tener fondo y que, en caso de llegar a utilizarse, nos tendría a nosotros, los espectadores, como meta final. Esta es la sacudida definitiva de Adulto funcional: a partir de ahora, ya no podremos permanecer como simples espectadores de esta farsa porque somos parte del problema que lo ha originado y, por tanto, también debemos ser parte de la solución.

El texto juega con las palabras, las retuerce igual que frecuentemente en la vida tergiversamos los términos para alejarnos de realidades, para hacernos creer que no son de la misma manera que las vemos y sentimos.  La escenografía es simple pero certera y plurisignificativa: la ventana como huida o salvación por donde entra la luz del sol cada mañana; el balancín símbolo del desequilibrio pero también de la infancia perdida, de la necesidad y prisa por madurar. Y el vestuario, esos trajes que nos hacen sentir más perdidos y farsantes, que acordes con nuestro edad y rango.

En resumen, Adulto funcional es una propuesta que retrata profunda y concienzudamente la situación de nuestros jóvenes. El código adoptado, el teatro del absurdo, distancia y hace más digerible la tragedia para el espectador adulto, aunque quizás podría ser un pequeño obstáculo para el espectador joven o adolescente aún acostumbrado a los asideros y seguridades que otorga una trama más tradicional.  Sin embargo, las resonancias que provocan la temática tocadas encajan perfectamente con las preocupaciones de un joven y podrían servirían, sin duda, para ponerle en guardia y aprender cuando antes a no comulgar con el ideario capitalista, responsable principal de esta tragedia.

Por Eva Llergo

FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA

Vista en en Sala Oeste (Chapinería) el 17 de enero de 2026. La obra está en cartel en Sojo Laboratorio teatral viernes y domingos de enero y febrero.

Dirección y autoría: Mita Bubela
Diseño de música y luces: Jorge Huete
Diseño escenográfico: Francesca Aguinaco
Actrices: Marian San Pablo & Mita Bubela

Producción: Sin rumbo fijo teatro

Duración: 90 minutos

A partir de 14 años

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