Por Natasha Stefan García
La historia de Alicia en el País de las Maravillas transporta a sus lectores junto a la protagonista a ese mundo onírico que constituye el País de las Maravillas. Un lugar que se asemeja a lo real en determinados aspectos, pero que a su vez es completamente distinto. Tan familiar como extraño, el relato se adentra en el terreno de lo subconsciente y conecta con cuestiones tan intangibles como la identidad o el miedo. Así, son muchas las reinterpretaciones que se han hecho del clásico en distintos géneros y disciplinas, pero parece que cada versión revela algo distinto del sueño y, sobre todo, de quien sueña.

Atrapar al conejo blanco, en un balneario se alimenta del caos y las incógnitas del mundo de Alicia y logra cambiar por completo la narrativa, pero, al mismo tiempo, que avance siguiendo un orden lógico (Alicia sale tras el conejo, cae por la madriguera, investiga la nueva tierra fantasiosa, conoce a distintos personajes, etc.). De este modo, podríamos decir que aquel que vea esta versión de las aventuras de Alicia habrá visto una obra que respeta la estructura del clásico en aspectos esenciales y a la vez una que no tiene nada que ver.
En este sentido, el texto dramático juega con la recreación de algunas de las escenas más icónicas del cuento de Lewis Carroll, como el episodio en el que Alicia se queda atascada en la casa del conejo o el encuentro con Cheshire, donde mantienen algunos diálogos del texto original intactos. La reinterpretación apuesta por un enfoque intimista, que se focaliza en las emociones y motivaciones de Alicia durante su viaje.

La madriguera de Marcianas Producciones transporta la acción dramática a un balneario en lugar de a un jardín mágico y son las distintas estancias del complejo las que dan contexto a todas las problemáticas que surgen a lo largo de la obra. La piscina es el mar de lágrimas y el jacuzzi la mesa de reunión del té, por ejemplo.
En lo que respecta a Alicia, el personaje se presenta en un inicio como una mujer adulta que, aburrida en su trabajo, ve pasar al conejo blanco y decide seguirlo sin pensar. Esta es una decisión que se cuestiona repetidas veces a lo largo de la obra, no porque sea arriesgado o no tenga sentido, sino por la falta de motivación real (que resulta clave para perseverar y cumplir metas) en Alicia cuando persigue al conejo, que más que un objetivo en ciertos momentos se percibía como una obsesión sin fundamento.

La propuesta aboga por el empleo de un lenguaje cercano y humorístico, pero también retórico, en el que encontramos múltiples metáforas. Entre otras, el conejo blanco representa el sentido de la vida a través de nuestras metas y objetivos vitales. Por ello, cuando lo vemos salir corriendo y decidimos ir a buscarlo es preciso saber por qué queremos emprender ese viaje y por qué es importante. De lo contrario, perseguiríamos eternamente una ilusión que, incluso si es hallada, podría desvanecerse después.
Además, en el País de las Maravillas encontramos múltiples personajes conocidos (el ratón, el sombrerero, la liebre de marzo, el lirón, la duquesa, el bebé de esta, etc.). Sin embargo, no aparece ni es nombrada la villana principal de la historia de Carroll: la Reina de Corazones. Es posible que esto se deba a que no hay un responsable tangible de la situación de Alicia, ni un único mal que desate el caos, sino que en este caso es una suma de circunstancias y hechos. Del mismo modo, aunque el balneario cuenta con tintes erráticos y confusos no se presenta como un lugar negativo ni del que Alicia quiera escapar.

Por su parte, la puesta en escena del texto dramático configura una propuesta atrevida, en la que se entrelazan los conceptos presentados en la elección de la escenografía y del elenco. De este modo, una estructura sencilla de metal y madera funciona como molde para todos los espacios que se presentan (desde una oficina hasta un jacuzzi o la casa del señor conejo) gracias al juego dramático que desempeña Claudia Parodi, la actriz que encarna todos los papeles que aparecen sobre el escenario. A este respecto, Parodi realiza un trabajo interpretativo brillante, puesto que solo mediante su modulación de voz y gestualidad logra dotar de vida y personalidad con éxito a más de una decena de personajes, que el espectador identifica sin esfuerzo en escenas que cuentan con tres y cuatro protagonistas de manera simultánea.

Por último, destacar la reflexión final de Alicia, donde encontramos una apuesta por el teatro, como espacio seguro y refugio de expresión, y un diálogo sin reservas sobre la salud mental y su importancia dentro de un discurso emocional, pero también concienciador. La fantasía del relato culmina de una forma profundamente humana, que muestra la vulnerabilidad y pasión de Alicia en la cara más real del País de las Maravillas.

«¿Cuánto tiempo es para siempre? A veces, solo un segundo» (Lewis Carroll).
Por Natasha Stefan García
FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA:
Vista el 18 de octubre de 2025 en la Sala de Teatro Bululú de Madrid.
Intérprete: Claudia Parodi
Autoría: Javi Morán
Dirección: Javi Morán
Género: Comedia dramática
Compañía: Marcianas Producciones
Edad recomendada: Mayores de 12 años
Fotografías: Marcianas Producciones. Facilitadas por la sala Bululú
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