Por Eva Llergo

“La normalidad no existe”

Érase una vez… es la tercera muestra de Mundo Quinta, el proyecto de creación escénica con adolescentes de entre 13 y 18 años de Espacio Abierto Quinta de los Molinos, dirigido y facilitado por arte-educadores de The Cross Border Project. Después de las producciones de las dos ediciones anteriores, #Nofilter y #Nidea,  los jóvenes actores de Mundo Quinta nos traen de nuevo una creación escénica vibrante y auténtica, articulada esta vez sobre el concepto de “normalidad” y la reivindicación de lo necesario y sano que es… fantasear.

Contextualizada en medio de una noche de insomnio y ansiedad pre examen, un grupo de adolescentes transitan en un mundo en blanco y negro de la realidad a la ficción, del sueño a la vigilia, de los deseos al doloroso prosaísmo del mundo que les ha tocado vivir; un mundo en pandemia donde se desdibujan las caras amigas tras la mascarilla que les hacen de pantalla, donde los dedos olvidan el tacto de la piel amada y se imponen metros de distancia entre ser y ser.  Un mundo en el que inevitablemente tenemos que lanzarnos a soñar; porque sí, porque toca para poder sobrevivir y porque la adolescencia es ese territorio donde damos forma a nuestros sueños antes de conseguir materializarlos. Es ese tiempo en que cogemos carrerilla y aire con todas nuestras fuerzas para aguantar todo lo que nos venga por delante, para descubrirlo y recibirlo con los ojos bien abiertos y los brazos bien extendidos.

Y sí, si por algo se caracteriza Érase una vez… es por esa frescura y esa autenticidad tan auténticas de la juventud, tan propias de sus protagonistas adolescentes a los que la verdad directa y sin complejos les rebosa de los labios. Tiene la fuerza de creer a pies juntillas que la realidad debe y (lo que es más importante) puede cambiarse. Pero, al mismo tiempo, el espectáculo rebosa experiencia y profesión. ¿Cómo? Gracias a la mano delicada pero magistral de los arte-educadores Ángel Perabá y Belén de Santiago que planean sobre el montaje, y el proceso de formación previo que lo hace posible, con el compromiso y la consciencia de estar haciendo algo de máxima relevancia. Y es que, no se dejen engañar ni caigan en ideas fáciles preconcebidas, Mundo Quinta no es una “extraescolar” con la que tener a los adolescentes entretenidos. Es un proyecto de magnitudes colosales, centrado en la formación integral de sus jóvenes componentes. Ellos mismos nos contaron tras el espectáculo que gracias a él y al teatro le dan sentido a sus vidas y al mundo; se descubren, indagan en la realidad, desarrollan su voz y unas alas para descubrir y conquistar el terreno de la propia identidad y del compromiso de saberse ser humano en el pleno sentido de la palabra. Y es un proyecto donde los adultos, los arte-educadores y los responsables del espacio que propicia estos encuentros (a la cabeza Beatriz Torres, directora artística de Espacio Abierto Quinta de los Molinos) participan con toda la seriedad y entrega de las producciones del ámbito adulto, con los medios económicos y la misma entrega profesional, conscientes de la transcendencia de su labor. Y esto que parece una obviedad, no lo es absoluto. Escasean los adultos que se toman en serio a la juventud y la niñez, que ven en ellos todo el potencial y la fuerza que encierran sus cuerpos en vez de quedarse parapetados en los tópicos reduccionistas con los que solemos contemplar a estas edades.

Así, sumando la experiencia y el talento en la dirección y la dramaturgia de los arte-educadores de The Cross Border Project y la energía y la audacia de los jóvenes actores que trabajan por legitimar la seriedad de sus reivindicaciones, nacen proyectos como Érase una vez…; proyectos que estremecen al público por su autenticidad y su frescura, por su verdad, por su capacidad de generar belleza y armonía. Los integrantes de Mundo Quinta, en un maravilloso ejercicio de desinhibición nada prototípico de la adolescencia, rompen moldes y lo mismo actúan, que cantan, tocan música, se enfundan en trajes de flamenco, juegan con las proyecciones o bailan al ritmo de sus canciones favoritas en un argumento armado sobre el trabajo con diferentes improvisaciones propuestas por ellos mismos y trabajadas durante el curso. Y, sin embargo, todo resulta perfectamente integrado y pleno de una lógica argumental que se dobla y desdobla en varios planos metateatrales. El espectador adulto tiene la sensación asistir a unas confesiones llenas de fuerza, espontáneas y maravillosas, y de bucear lento y profundo dentro de la juventud para, por qué no, volver a sentirse joven. Y los jóvenes y pequeños espectadores asienten atónitos a un lenguaje teatral que les atrapa desde el minuto cero, por el sienten una simpatía innata, telúrica, arcana. La simpatía de lo que te increpa en estilo directo, porque pronto va a ser tuyo o, quizás, ya lo está siendo.

Como broche de oro de la función, los jóvenes actores de Mundo Quinta se prestan a contarnos el proyecto en una charla con el público tras la función. Y, con valentía y tablas, se exponen también a contestar a nuestras preguntas. Cuando les preguntamos qué querían contarle al mundo con su obra nos responden un rotundo “Que la normalidad no existe”. Nos recuerda que ellos están en ese momento vacilante pero mágico de estar buscando una identidad, de querer definirse, de dudar si mostrarse como son u ocultarlo y en ese momento las etiquetas se vuelven menos útiles y más coercitivas y ser significa ser en el pleno sentido de la palabra. Entonces, en un acto de completa lucidez, la “normalidad” se revela como lo que es, un trampantojo y como tal deja de existir. Gracias integrantes de Mundo Quinta por recordarnos la autenticidad a los adultos espectadores. Y gracias por revelarles su materialidad y sus posibilidades a los jóvenes y pequeños espectadores.

Por Eva Llergo

 

DATOS TÉCNICOS:

Vista el 20 de junio de 2021 en Espacio Abierto Quinta de los Molinos

Creación colectiva del grupo de adolescentes de Mundo Quinta. Una producción de Espacio Abierto Quinta de los Molinos

Mundo Quinta lo integran: Allison Ortiz, Andrea Santamaría, Ares B. Fernández, H4r0l0, Itziar G. Licht, Jakov R. Rojas, Javier Hidalgo, Lucía Porras, Lucía Ruiz, Miranda Castrejón López, Pablo Ávila, Ruth Martín, Sara y Sara Ramírez.

 

También han formado parte del proceso: Lucía San Nicolás, Alberto Espinar, Leonor García, Lucía Murillo, Cloe Ballester y Ángeles Giraldo.

Coordinación: Susana Rubio

Dirección: Belén de Santiago y Ángel Perabá

Dramaturgia: Belén de Santiago

Coreografía: Ángel Perabá

Taller de música y espacio sonoro: Nacho Bilbao

Piano: Andrea Santamaría

Taller de audiovisuales: Javier Burgos

Audiovisuales: Ares B. Fernández, Lucía Porras, Miranda Castrejón López, Ruth Martín, Andrea Santamaría e Itziar G. Licht

Vestuario: Paz Yáñez

Iluminación: Braulio Blanca

Imagen: Javier Burgos e Itziar G. Licht

Maquillaje imagen cartel: Miranda Castrejón López

Comunicación: Irene Blanco

Técnico: David Arrabal

Ayudante de producción: Pia Beerman

Invitada especial: Rosa Arauzo

Fotografía: marco G punto /Madrid Destino

 

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