Por Eva Llergo
Si Eugenia Manzanera fuera un país, probablemente yo sería lo más parecido a su corresponsal. Pionera en esto de las artes escénicas para la primerísima infancia, mi familia ha crecido con ella. Mi hija pequeña se estrenó con su Caracoles con apenas 21 meses, después vinieron Historias con Candela, Corpore Oh!, Retahilando y Con la cabeza en las nubes. Y hoy, aunque mi hija ya sea “demasiado” mayor para acompañarme, mi yo adulta y mi yo niña han disfrutado a partes iguales con ¡Ay, qué lío!
Podría subtitularse “Pequeño tratado filosófico sobre el tiempo”. No se asusten. Así es la Manzanera, un poco bufona. Nos tiene 60 minutos riendo sin parar y, al mismo tiempo, nos remueve hasta la última partícula de nuestro cuerpo.

A partir de la materialización de expresiones con y sobre el tiempo (perder el tiempo, liarse con el tiempo, la mar de tiempo, un huevo de tiempo, etc.) Manzanera va jugando a hilvanar un espectáculo cosido de estampas diferentes, como esas colchas patchwork, donde todo es absolutamente inesperado y, sin embargo,… cuando sucede te das cuenta de que no podría haber salido de otra manera. Lo hace de la mano de una payasa con pómulos salientes y nariz apinochada que, sin embargo, a ratos necesita de “la otra” Eugenia para contar ciertas cosas. Parece que alguien magnánimo ha decidido concederle un rato (pero, ¿cuánto es un rato?) a nuestra payasa para hacerse preguntas en un teatro… Porque como todo el mundo sabe el mejor lugar para hacerse preguntas es este. Afortunadamente ya que estamos aquí podemos acompañarla y, durante 60 minutos, nos lleva de la mano en esta formulación y materialización de sus preguntas sobre el tiempo: ¿nos liamos con el tiempo o el tiempo nos lía a nosotros? ¿Manejamos el tiempo o el tiempo nos maneja?
Por supuesto en un nivel superficial a un espectador poco atento le podrían parecer simplemente juegos de palabras, pero enseguida la doble intención empieza a calar entre el público adulto y advertimos, como siempre, que el mensaje bucea muy profundo. ¿Qué cosa es el tiempo? ¿Por qué nos obsesiona tanto? ¿Por qué parece que los adultos vivimos plegados completamente a él, tratando de desdoblar cada segundo para que se multiplique por cuatro y, así, nos quepan más cosas que hacer dentro de un minuto, de una hora, de un día… de una vida? ¿Qué significa esta carrera sin fondo? Como en todo discurso integral sobre el tiempo, no podía faltar la ausencia de tiempo… o sea, la muerte. Se nos introduce en forma de una marioneta de tamaño humano y con el aspecto de la Katrina, en un relato humorístico y con final inesperado. Manzanera no hace paliativos: si tratamos el tema lo tratamos con todas sus consecuencias. Se agradece esta honestidad y la valentía de mirar de frente a algo en lo que nadie debería apartar la vista.

Para los niños el discurso puede resultar preventivo, para los adultos es admonitorio, porque siempre se está a tiempo de parar… de parar a hacerse todas estas preguntas. Porque solo cuando paras hay verdadera decisión. Lo demás se llama inercia (hay un trasfondo muy Momo en todo esto).
La propuesta escénica es, además, muy sensorial. Al comienzo se nos reparten unos carteles colgadores de puertas para que podamos usarlo para “tomarnos nuestro tiempo”. La luz y el sonido acompañan maravillosamente a nuestra payasa y propician cada tránsito escénico transformando el espacio con economía de medios pero de manera muy potente. La escenografía es aparentemente sencilla, pero enseguida se nos revela como parte de la sorpresa continua que es este espectáculo. El mobiliario negro e insustancial que se transforma en maravillas preciosistas: absolutamente delicioso el bosque de los cuentos o la cocina de palabras.

Y, ¿qué decir de Manzanera como intérprete? Pues que se basta y se sobra ella sola para llenar el escenario, para desbordarlo. Tanto en el registro clown, en el que claramente se mueve como pez en el agua, como en el más poético, su control de la escena y de los espectadores es total. Como solo puede alcanzar alguien que lleva tanto tiempo sobre los escenarios.
Los pequeños espectadores han estado profundamente vinculados a su relato. Y no solo por su dominio con el ritmo escénico sino porque cada elemento de la dramaturgia es tan insólito que la sorpresa te deja con el aliento suspendido una y otra vez deseando saber cómo se va a resolver. Como dirían mis hijos, en los espectáculos de Eugenia Manzanera es imposible marcarse un predict. Todo es absolutamente sorprendente y único. Como ella.
Por Eva Llergo
FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA
Vista el 22 de marzo de 2026 en Centro Socio Cultural El Soto (Móstoles) dentro de Teatralia. Festival Internacional de Artes Escénicas para todos los públicos.
Dirección: Marieta Monedero
Diseño de escenografía: Pedro Vez
Diseño de vestuario: Pedro Vez y Eugenia Manzanera
Creación y dirección musical: Laura Nadal
Diseño de iluminación y de sonido: David Casas
Producción: Eugenia Manzanera
Edad recomendada: a partir de 5 años
Duración: 60 min.
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