Por Irene Herráez

Un poema escénico lleno de datos, cuerpos y voces de personas reales, de manzanas y encinas y de alpacas, un camino por carretera y por acequias para el riego, por naves y campos de cabras, de ovejas y vacas. En Yo nací en un surco de judías todo está cuidado, igual que se cuida la tierra para que dé frutos. Hay trabajo, hay sensibilidad y buen hacer. Mucho, mucha, mucho. Con muy pocos elementos escénicos, Laura Santos crea una pieza de teatro documental y de objetos hermosa, sincera, que denuncia, que pone sobre la mesa las dificultades del trabajo agrario y ganadero y que ilusiona y esperanza a la vez. 

Laura Santos empieza el proyecto almealera en 2021 con Una rueda que da vueltas, que recoge testimonios de algunas de las últimas molineras y molineros de molino de agua de Castilla y León. Con su nuevo montaje nos transporta junto a ella por los valles, los cultivos, las dehesas de Zamora, Palencia, Ciudad Real, Badajoz, Ávila… en un proceso de investigación y entrevistas a personas que se dedican al campo. La obra se centra en sus dificultades y en cómo estas hacen muy complicado el relevo generacional, pero también en la pasión y el amor que cada una de las contadoras de estas historias sienten por su tierra. 

Desde hace décadas arrastramos en este país y en todo el mundo un enorme prejuicio respecto a las personas que trabajan en el ámbito rural. Si no estudias, pal campo. Aún hoy nos parecen paletos, brutos, ignorantes. Pero… ¿tú sabes cortar las pezuñas de una cabra para que no enferme? ¿Sabrías hacer injertos a un limonero? ¿Serías capaz de asistir al parto de una oveja? ¿Conoces cómo cultivar de forma agroecológica, o evitar que el suelo se acidifique? ¿Podrías distinguir, incluso, entre una higuera y un peral? ¿Cómo es posible que todos estos conocimientos y habilidades no se consideren valiosos y admirables? ¿Cómo acabar con el estigma y la (auto)explotación del trabajo en el campo? 

La pieza nos lanza datos, como este que me deja impresionada: actualmente dedicamos un 10% de nuestros gastos mensuales a la alimentación. Nuestras abuelas reservaban el 30%. Y nuestras bisabuelas, el 40%. Más producción, precios más bajos. Precariedad. Abandono de los pueblos y de las tierras. Burocracias absurdas, subvenciones sesgadas para beneficio de los terratenientes y los propietarios con antigüedad. 

En su recorrido por carreteras rurales, Laura Santos nos presenta a personas que aman el campo a pesar de su dureza. Que adoran ver la explosión de la primavera y observar al rebaño pastar como si pudieran tragarse el mundo entero. Quién fuera oveja pa disfrutar tanto comiendo. Que se levantan a las cinco de la mañana y no tienen baja de maternidad, pero juegan a deslizarse por las alpacas de heno. Esto ha quedado medio idealizado y no: Yo nací en un surco de judías no idealiza. Cuenta. Lo bueno y, ay, lo malo. 

Lo hace a través de un dispositivo escénico delicado y sencillo: cajas de madera, una gran tela color arena, una cámara de vídeo y un proyector. Y dos protagonistas junto a las intérpretes: un cuaderno y un par de decenas de manzanas. Estos dos elementos colectivos (igual que el teatro) nos guían en un viaje de ilustraciones, reflejo del diario de campo (jeje) de Laura Santos durante el proceso de creación, cuyos dibujos han sido reinterpretados por la artista Marina Speer. El cuaderno estructura la dramaturgia: plantea preguntas y reflexiones, nos sitúa en el espacio geográfico y nos presenta a las personas cuyas experiencias vitales conforman la obra. 

Las tres actrices son fantásticas, y llevan a cabo una interpretación de verbatim generosa y precisa. Belén de Santiago se transforma en la mayoría de las entrevistadas: cambia su acento, su cadencia, su corporalidad y sus movimientos para convertirse en ellas. No conocemos a esas personas, pero las vemos en escena, las escuchamos compartir sus conflictos y sus deseos a través de Belén. Patricia Arroyo es la titiritera de la cámara y el bloc. Nos guía por las imágenes proyectadas e interviene en momentos puntuales como personaje. Y Laura Santos, haciendo de ella misma y también de otras, es el hilo conductor que comparte sus descubrimientos. Se percibe su pasión, su inteligencia. 

Y eso genera lo mismo en el público: despertar del espíritu crítico, mayor conciencia del propio consumo, revisión de prejuicios, sonrisas, reconocimiento, admiración. Las adultas y jóvenes espectadoras de Espacio Abierto Quinta de los Molinos estamos ahí, con ellas, toda la pieza, maravilladas y despiertas. Y salimos transformadas de esta obra que siembra preguntas. 

Suena Serenata para la tierra de uno, cantada por Mercedes Sosa. 

Porque me duele si me quedo,

pero me muero si me voy.

Por todo y a pesar de todo, mi amor,

yo quiero vivir en vos.

Sobre una caja de madera, un plato de queso de la sierra. Manzanas pequeñas, rojas y verdes. Baladas, mugidos, piar de pájaros. Un arroyo. Cencerros. Un mapa que suena y se enmudece. 

Y tú, ¿qué clase de antepasada quieres ser? 

Por Irene Herráez

FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA

 

Sala: Espacio Abierto Quinta de los Molinos

Fechas: 28 y 29 de noviembre de 2025

Vista el 29 de noviembre de 2025

Edad recomendada: familiar. De 12 a 18 años

Duración: 60 min.

 

Entrevistas, dramaturgia y dirección: Laura Santos

Interpretación: Belén de Santiago, Patricia Arroyo y Laura Santos

Mirada externa: Andrea Díaz-Reboredo y Luis Sorolla

Diseño técnico: Patricia Arroyo

Ilustraciones: Marina Speer

Vestuario: Sofía Nieto (Carmen17)

Escenografía: Sofía Nieto (Carmen17) y Laura Santos

Fotografía y vídeo: Paula Maceiras

Producción: CSIC, Fundación la Caixa, Ayuntamiento de Madrid y Almealera

Distribución: Almealera

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