Por Sara Barquilla Guerrero

¿Por qué es tan importante llamarse Ernesto? Oscar Wilde plantea esta simpática comedia a partir de un juego de palabras, donde ‘earnest’ significa ‘formal’. Así que lo trascendente no es llamarse de una manera u otra, sino las acciones que se llevan a cabo y si están aceptadas socialmente; en caso de no estarlo, la opción que encuentra el protagonista es inventarse una doble vida, siendo Jack Worthing en el campo y Ernesto Worthing en la ciudad. Sin embargo, una vez que existe el otro yo, no es tan fácil deshacerse de él sin tener que dar miles de explicaciones que no convencen a nadie.

Ramón Paso hace una adaptación del clásico de Wilde bastante fiel al texto original aunque propone algunas modificaciones. Se eliminan los personajes secundarios (como el jardinero o el mayordomo de Manor House, la casa de campo de Worthing) sin que varíe en absoluto la trama, pero simplificando para el espectador la puesta en escena. También se suprime a la carismática Miss Prim, la institutriz de Cecily; esta apuesta sí requiere mayores vericuetos en la dramatización que no obstante se resuelven satisfactoriamente. Por ejemplo, es el reverendo Chasuble quien recoge las quejas de Cecily y trata de encauzarla en ausencia de su tutor. También el desenlace queda bien atado a pesar de la ausencia de Miss Prim. La última modificación destacable es el cambio del mayordomo de Moncrieff, el señor Lane, en la señorita Lane. Esta además asume buena parte de las puntualizaciones morales y sociológicas que en el texto de Wilde acapara Algernon. Este cambio genera un interesante juego dramático porque el diálogo con Lane o sus interrupciones resultan muy cómicas, en parte además por el buen trabajo de la actriz Ángela Peirat, que consigue arrancar las carcajadas del público con su interpretación. No obstante, su atuendo excesivamente sexualizado no está justificado con la trama ni con el personaje, cuya agudeza de ingenio va más allá de enseñar carnes.

La comedia de Oscar Wilde está basada en la confusión de nombres y personas, las dobles vidas y los agudos ataques a la aburrida moralidad victoriana. Ramón Paso propone una versión en la que los personajes rozan lo histriónico y esta caricatura genera mayor comicidad. Las actrices son especialmente divertidas, pero la aparición en escena de Ana Azorín marca un antes y un después en el espectáculo, convirtiéndose en la verdadera protagonista de la trama. Su representación de Cecily Cardew es definitivamente fabulosa.

Son varios los elementos de ruptura con el clásico y de acercamiento a la actualidad. Uno de ellos es el vestuario, donde contrastan los elementos decimonónicos como los parasoles con el uso de zapatillas Converse por parte de las actrices. Tal atuendo resulta más informal (nuevo juego de espejos con la búsqueda de la formalidad de Ernesto) y cercano al público. También se utilizan teléfonos móviles, pero no para hacer llamadas ni enviar mensajes. El móvil es el medio técnico que sirve a las jóvenes para escribir un diario y llevarlo siempre consigo. Por lo tanto, la introducción del móvil no es una distorsión del argumento, pero sí un guiño a la actualidad pues, aunque no se use como diario, todo queda registrado en él. Otro elemento rompedor es el traspaso de la cuarta pared a partir de dos acciones: una, con la entrada de personajes desde el patio de butacas, que da dinamismo a la representación y genera una energía diferente en el público; y dos, en la búsqueda de conexión entre el personaje principal Worthing y el público a través de la congelación de la imagen tan utilizada en cine, momento en el que el personaje mira directamente al espectador, haciéndole partícipe de su situación. Aquí a veces resulta forzado, pero el efecto es simpático y también chocante, porque recuerda al espectador que está observando desde la sombra y se lo está haciendo saber. Pero esas miradas tan directas del protagonista al público en definitiva solo buscan su aprobación, sentirse entendido por el problema que se trae entre manos y del que no sabe si va a salir indemne.

El decorado es muy sencillo: cuatro paneles rectangulares altísimos forrados de plantas artificiales. El color verde le da un toque de frescura a la comedia y, en la segunda parte, que se desarrolla en el campo, es el fondo ideal para el enredo amoroso ambientado en la naturaleza. El otro color que prima es el blanco, en el vestuario de los personajes enamorados, quizá en alusión a su candidez o la luminosidad de la juventud.

El público de la sala era muy variopinto durante la representación, con gente de edades diferentes. Esto nos habla de un clásico popular con el que se pueden establecer lazos cortos, véanse sus críticas a los matrimonios, los noviazgos y el romanticismo enfermizo. El tema que subyace no es emparejarse con alguien que se llama de una manera determinada, sino si esa persona se gana el respeto por su saber estar y el tipo de vida que ofrece a su amante. En cuanto al pequeño espectador, es una obra recomendable para el público adolescente no solo por esta reflexión entre líneas, que no está de más comentar al acabar la función, sino por el disfrute del subgénero comedia con todos sus ingredientes: el enredo, los juegos de palabras, la colocación de todas las piezas del puzle y el happy end. En definitiva, una buena ocasión para reírse y disfrutar del teatro.

 

Por Sara Barquilla Guerrero

 

FICHA TÉCNICA

Vista el 29 de agosto de 2023 en el Teatro Lara (Madrid).

Reparto: Ana Azorín, Sergio Otegui, Inés Kerzan, Ángela Peirat, Jordi Millán, Guillermo López-Acosta. Con colaboración especial de Paloma Paso Jardiel.

Versión y dirección: Ramón Paso.

Traducción: Sandra Pedraz Decker.

Producción: PasoAzorín Teatro.

Jefa de producción: Inés Kerzan.

Ayte. Producción: Sandra Pedraz Decker.

Diseño de vestuario: Inés Kerzan y Ángela Peirat.

Iluminación: Carlos Alzueta.

Fotografía: Ramón Paso.

Diseño gráfico: Ana Azorín.

Jefa de prensa: María Díaz.

Ayte. Dirección: Ainhoa Quintana.

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