Por Natasha Stefan

La adolescencia configura una etapa llena de desafíos y sueños, en la que los más jóvenes comienzan a construir su identidad y a dibujar su propio camino. Se trata de un período repleto de emociones, donde las experiencias se viven con intensidad y fluyen, a veces dentro de su caudal y muchas otras como un río desbocado, que rezuma con fuerza desde el interior del cuerpo. ¿Podría alguien ser tan desalmado como para querer que ese río se secara?, ¿podría acaso alguien conseguirlo?

Las niñas de Humenné ubica la acción teatral en el distrito eslovaco de Humenné, donde cuatro amigas, deciden trabajar como voluntarias remuneradas en una fábrica de botas con la intención de ahorrar algo de dinero, para ayudar a sus familias y cumplir sus propias metas. Sin embargo, lo que en un inicio parecía el comienzo de una gran aventura, terminará convirtiéndose en una lucha por sobrevivir, que deberán afrontar juntas. Corría el año 1942 cuando el gobierno eslovaco, ya anexionado a la Alemania nazi, hizo un llamamiento a las judías solteras mayores de 16 años para trabajar en una supuesta fábrica de calzado destinado a soldados. Las niñas de Humenné suben, engañadas, al primer convoy que llegó a Auschwitz. Basada en hechos reales, la obra expone de forma directa y transparente una de las caras menos conocidas de uno de los capítulos más dolorosos de la historia de la humanidad: el Holocausto.

En consonancia con el tema, se manifiesta en varias ocasiones la importancia de contar estas vivencias y de dar voz a aquellos que fueron acallados por la fuerza, para que estos hechos no queden en el olvido. Por ello, es precisamente la voz que escuchamos, femenina, polifónica y colectiva, la que configura la esencia y el alma de la obra: las adolescentes. Como ellas mismas denuncian “solo unas niñas”. Niñas llenas de pasiones, sueños e ideas que conoceremos y que seguirán presentes en ellas. Así, la dramaturgia y la dirección de Pedro Martín Cedillo y Ricardo Goñi respectivamente, proyecta la fuerza que poseen las protagonistas mediante pasajes llenos de crudeza a los que deben enfrentarse, pero también a través de escenas repletas de ternura e incluso diversión, en las que observamos cómo, incluso en el infierno, por su río aún corre el agua que comparten. Hablamos, por tanto, de una sensibilidad que emociona, pero que también dignifica y denuncia desde su propia perspectiva, con unas protagonistas realistas, que comenzaban la obra conversando sobre si el color de sus vestidos era bonito.

Esa voz polifónica se manifiesta con claridad a través de la competente y entregada interpretación de las actrices Julia Balserini, Miriam Escabias, Gloria Díaz y Andrea Varas que, además de a sus personajes, representan a un colectivo mucho mayor. Así, sus voces se unen en unos conmovedores cantos a capella y buscan sosiego en la entonación individual de oraciones y salmos. Destaca en este último caso el potencial vocal e interpretativo de Gloria Díaz, que consiguió emocionar a gran parte del público. Asimismo, encontramos el uso puntual de una voz en off, que pareciera narrar un terrible cuento, y el de grabaciones, que consolidan un estremecedor collage acústico. También destaca la obra de Chopin, músico coetáneo de las protagonistas, cuyas melancólicas melodías inundaron y arroparon la sala.

Por su parte, la escenografía se construye con sencillez, pero también con fuerza y profundidad. Esta se compone de cuatro maletas, dos cajas y un perchero con abrigos que van apareciendo y desapareciendo según avanza la obra. Se trata además de una escenografía versátil, en la que los elementos cuentan con una esencia holística y, por tanto, transitan y se transforman, convirtiéndose en distintos conceptos. Por ejemplo, las cajas de la estación pasan a ser una mesa de registro, a consolidar el vagón de tren en el que viajan hacinadas las protagonistas, o a dar forma a las camas de los barracones. Por su parte, las actrices logran integrarse dentro de una simbología del espacio poderosa, en la que muchas veces el atrezzo más elemental no resulta necesario porque sus cuerpos se diluyen en una simbiosis teatral. De esta forma, en una escena en la que las jóvenes aparecen limpiando el suelo, elementos como trapos no son necesarios, porque son sus manos las que con un ritmo impaciente y desesperado se restriegan y se frotan una y otra vez contra el suelo, emitiendo un desgarrador sonido, que introduce una imagen incluso más poderosa.

Esta es, por tanto, una función que da voz a una historia real difícil de escuchar, pero que también es necesaria. En ella se habla sobre la importancia de arrojar luz sobre las memorias que permanecen en la oscuridad del olvido, de la necesidad que supone conocer nuestro pasado para construir un buen futuro y de reflexionar sobre el tesoro indispensable que constituye la juventud. Juventud que denota en su corazón una capacidad de lucha, valentía e ilusión inconmensurables, incluso en este opaco y dañado reflejo. Así, Las niñas de Humenné configura una opción que ha convencido a la mayoría de los espectadores, tanto del público juvenil como del adulto, puesto que en ella vemos la historia del dolor desde un punto de vista humano, cercano, compasivo e, irónicamente, lleno de esperanza. Un enfoque que dejó a gran parte del público de la sala Lola Membrives puesto en pie. Al final, incluso si el río se secase por un tiempo, volverá a nacer en la lluvia.

AURA.– Si no sabemos las cosas, ¿qué vamos a hacer con ellas?

ADRIENNE.– Eres muy pequeña para saber.

AURA.– ¡No! Soy pequeña para no saber.

Itziar Pascual. La vida de los salmones

Por Natasha Stefan

 

DATOS TÉCNICOS:

Vista el 7 de junio de 2023 en la sala Lola Membrives del Teatro Lara

Dirección – Ricardo Goñi

Dramaturgia – Pedro Martín Cedillo

Producción ejecutiva – Pedro Martín Cedillo y Ricardo Goñi / El dado teatro

Producción – Andrea Durán

Compañía – El dado teatro

Elenco – • Julia Balserini • Miriam Escabias • Gloria Díaz • Andrea Varas

Ayudante de dirección – Claudia Massanet

Dirección escénica – Ricardo Goñi

Grabaciones de audio – Manuel Vigo

Diseño de luces / iluminación – Trini León

Dibujo cartel – Darifé

Música – Selección de Frédéric Chopin

Premios – Premio Nacional de Teatro Joven Buero 2021 • Premio Autonómico

Madrid Buero 2021 • Premio en el festival Ana Frank en Buenos Aires

Edad recomendada – Mayores de 12 años

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