Por Sara Barquilla Guerrero

¿Verdadero o falso? ¿Qué puede ser considerado realmente auténtico? ¿Por qué rechazamos con tanta rotundidad la falsificación? ¿Acaso no requiere cierta capacidad artística? Todas estas cuestiones pueden plantearse tras la representación de Falsestuff. La muerte de las musas, obra escrita y dirigida por Nao Albert y Marcel Borràs, y representada hasta el 25 de junio de 2023 en la Sala Grande del Teatro Valle-Inclán. Falsestuff narra la historia del falsificador de arte André Fêikiêvich de una manera muy peculiar, que es a través del uso de distintas lenguas (castellano, francés, italiano, inglés, chino, alemán, lituano, entre otros) que se van combinando y que obligan al espectador a poner doble atención: por un lado al trabajo actoral magnífico y poliédrico y por otro la lectura de los subtítulos, donde además se plantea un guion nada fácil, repleto de reflexiones y muy poético a veces. ¿Se puede atender a todo a la vez? Dada la velocidad de la trama, la escenografía tan rica, el texto continuo subtitulado y las reflexiones que se ponen sobre la mesa, el espectador puede sentir que algo se le escapa. Seguramente más de una cosa. A esto hay que añadir que se trata de un espectáculo largo, de tres horas, con un descanso de 15 minutos muy necesario para poder seguir disfrutando de tanta intensidad y complejidad.

La historia posee dos líneas temporales. Una es el presente, en la que el productor artístico Boris Kaczynski aparece furioso en el taller de André Fêikiêvich porque este le ha estafado con sus insólitas falsificaciones. En el taller van apareciendo distintos personajes que trabajan para André y, sin embargo, no lo conocen como cabría esperar; cada cual aprovecha su aparición para explicar una parte de la vida del falsificador. La segunda línea temporal es la serie de flashback que en orden cronológico hacen un recorrido por la vida de André Feikevich. Cada escena resulta más estrambótica y llamativa, enganchando al espectador en querer saber más sobre la vida del protagonista: sus orígenes familiares, el estallido de la guerra, el primer contacto con el arte con una restauradora que había salvado las mejores obras de su país, sus primeros pinitos en el mundo de las falsificaciones y su avance con pies de plomo por un terreno resbaladizo, siempre al borde de la caída, pero reinventándose cada vez en su búsqueda por la falsificación más auténtica. Curioso oxímoron.

Uno de los elementos más llamativos de la obra es la escenografía. La obra se desarrolla en el interior de una nave o taller que muestra tres alturas. Por el pasillo superior van apareciendo los personajes, que descienden al escenario por varios tramos de escaleras. También hay algunos habitáculos en la parte baja y la que sería primera planta. Todos estos espacios se utilizan para recrear la vida del protagonista, como la escena que muestra los primeros tonteos de André en el mundo de la falsificación, que aparenta ser un juego de rol pero simboliza con humor las aventuras del personaje. Para hacer partícipe al espectador de esta escena de interior, hay cámaras que proyectan lo que sucede en la habitación, pues tales detalles están fuera del alcance del espectador. Esto hace que se multiplique el espectáculo porque a la representación teatral se le suma la proyección.

Siguiendo con la escenografía, en otro momento se recrea una escena de western, utilizando unos paneles que descienden desde lo alto del escenario. La multiplicidad de esta escena se sigue produciendo con las proyecciones (por los subtítulos) y hay que añadirle la música en directo, pues los actores cantan y tocan instrumentos. La historia de André, en este caso, se representa, se canta y, por supuesto, se baila.

En otra ocasión se abre el fondo de la planta baja, del que sale humo y una luz que nos hace pensar que dentro hay una factoría, una gran maquinaria. De ese interior sale un grupo de personajes portando una enorme piedra cual paso de Semana Santa. ¿La han fabricado? ¿Se puede imitar una roca tan grande? Y mejor, ¿acaso es necesaria tal falsificación?

Si la escenografía es rica, no podemos dejar de señalar el vestuario que cambian constantemente los actores adaptándose al ritmo veloz de las escenas que se suceden. Del western pasamos a una fiesta privada de alto nivel, y de ahí a la simplicidad del blanco más aséptico.

Con un espectáculo tan rico, surge la necesidad de no dejarse nada en el tintero, lo que es imposible dada la multiplicidad de elementos y la percepción subjetiva de cada cual. Por lo cual, destacaré tres aspectos que hacen de este un espectáculo para no perderse. El primero es el humor con el que se narra la historia y se plantea el tema de las falsificaciones artísticas. El segundo es el uso extremo de la cuarta pared, que va más allá del lugar que ocupan los espectadores (y no voy a hacer spoiler). El tercero es la reflexión que pende de un hilo, que es el hecho de la falsificación, a la que estamos expuestos los propios espectadores que acudimos a ver la obra: ¿cuánto de lo que sucede estaba preparado de esa manera? (De nuevo, evito el spoiler).

Esta obra puede recomendarse al pequeño espectador a partir de 15 años. Ponemos esa edad por la dificultad que plantea la lectura de subtítulos, pero la trama resulta muy interesante, el relato es ágil y dinámico, y la escenografía tiene la capacidad de sorprender reinventándose en cada escena.

Para finalizar, el último deseo de André en este mundo de luces y sombras es la falsificación del teatro. ¿Acaso este arte es susceptible de ser falso o de no serlo?

Por Sara Barquilla Guerrero

 

 

Vista el domingo 28 de mayo de 2023 en el Teatro Valle-Inclán.

EQUIPO

Texto y dirección

Nao Albet y Marcel Borràs

Reparto

Nao Albet, Marcel Borràs, Naby Dakhli, Thomas Kasebacher, Joe Manjón, Johnny Melville, Diana Sakalauskaité, Laura Weissmahr, Sau-Ching Wong

Moderador coloquio

Pedro Azara

Voz en off

Benjamin Bridson

Escenografía

Adrià Pinar

Iluminación

Cube BZ (María de la Cámara y Gabriel Paré)

Vestuario

Vera Moles

Vídeo

Oslo Albet

Composición musical y espacio sonoro

Nao Albet

Caracterización

Johny Dean

Coreografía

Nao Albet, Marcel Borràs y Sau-Ching Wong

Diseño sonido

Edu Ruiz «Chini»

Ayudante de dirección

Anabel Labrador

Ayudante de escenografía

Zuloark

Ayudante de vestuario

Sandra Espinosa

Técnico subtítulos

Juan Ollero

Diseño y realización tela mural

Piro

Prácticas de Interpretación

Gabriella Andrada (Escuela TAI)

Prácticas de Dramaturgia y Dirección

Marta Fúster (Máster de Teatro y Artes Escénicas Universidad Complutense)

Producción

Centro Dramático Nacional

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