Por Sara Barquilla Guerrero

No hacen falta palabras, las marionetas hablan por sí solas gracias a la habilidad de la Compagnie Bitonio, compañía francesa que presenta en Teatralia un espectáculo de marionetas lleno de lirismo llamado Petites Fables. Sus movimientos despiertan unas veces ternura, otras regocijo, también risas e incluso cierta aprensión. Y es que el espectáculo combina las marionetas con dos elementos básicos, el agua y el fuego.

La obra se compone de dos partes. En la primera, un único manipulador moviliza cuatro figuras diferentes que salen de unos cajones ubicados en el escenario, aparecen en escena y con su movimiento crean una pequeña historia provocando distintas emociones en el espectador. La primera marioneta no sale de una caja, sino del fondo del escenario. Es una joven exploradora cuyos movimientos tan medidos provocan en el espectador asombro e invitan a la contemplación de la belleza de una marioneta que parece poseer el don de la vida. Esta figura tiene una misión: encender el fuego. Este es real, sale de una pequeña lamparilla. La figura se acerca con un largo palo, aplica su punta en la llama con toda delicadeza, espera a que prenda y luego la posa en otra lamparita. Una vez terminada la tarea regresa al fondo oscuro del que ha surgido como por arte de magia. En segundo lugar sale un cuadrúpedo muy curioso que se quema el hocico con el fuego recién encendido. Menos mal que también encuentra un recipiente con agua. Lo que ocurre es que bebe tanta, tanta agua que se hace pis. Ahora el público se ríe y sigue con más atención al animalejo meón, que no tarda en demostrar de nuevo lo que sabe hacer. A continuación, de una caja más pequeña sale un sapo muy saleroso y de cara simpatiquísima que baila una suerte de claqué. Descubre el fuego, pero lo que más disfruta es del cuenco del agua, donde termina dándose un pequeño chapuzón, como buen anfibio, aunque este sea de madera. Finalmente, el marionetista se dirige a la caja central, la más grande, de la que sale un ruido intenso. ¿Qué guarda ese cajón? ¡Un dragón! Este camina con pesadez por aquí y por allá hasta que se encuentra con el fuego, se acerca y echa su propia llamarada. El público se asombra porque el fuego es real; los niños y niñas de las primeras filas se impresionan con el maravilloso truco.

En la segunda parte del espectáculo participan dos manipuladores y representan una escena de western entre un vaquero risueño y una gallina ruidosísima. La curiosidad del uno hacia la otra y viceversa se convierte en la persecución clásica de títeres, en la que el público se vuelca queriendo saber qué está sucediendo cuando las figuras desaparecen de su vista.

Estas Petites Fables o pequeñas fábulas están amenizadas por un acompañamiento musical muy acertado, que enfatiza las distintas emociones despertadas por las marionetas. Genera expectación al principio con la exploradora, curiosidad con el cuadrúpedo, alegría con el sapo, tensión con el dragón y todo ello en la segunda parte del espectáculo.

Las marionetas del espectáculo son figuras de madera articuladas con un perfecto acabado. Sus gestos resultan entrañables y sus movimientos tan realistas que el espectador llega a olvidarse de los hilos que las sostienen. Ciertamente, es tal el poder para captar nuestra atención, que apenas percibimos lo vacío que está el escenario. No es necesario mayor acompañamiento, esas figuras de madera desprenden vida sin tenerla.

El pequeño espectador disfruta del espectáculo desde el momento cero porque se ríe y disfruta; porque le generan interés las historias representadas que, aunque simples, requieren su atención y le premian con una puesta en escena mágica; porque se sorprende con los efectos que no espera en un escenario, como son el agua y el fuego, y eso es un acicate para seguir las petites fables.

En conclusión, Petites Fables es un espectáculo dirigido al pequeño espectador, pero el mayor, el que acompaña a ese pequeño, igualmente se sonríe y disfruta con la inocencia representada. Y eso sucede por la belleza de las marionetas, que conectan con la sensibilidad de todos los públicos; también por el acierto en la música, que aporta el efecto preciso entretejiendo sensaciones con las pequeñas historias dramatizadas; y por último, por la sencillez de las narrativas que se ponen en escena, que buscan la simplificación y logran quedarse con la esencia. En definitiva, la obra demuestra que sin palabras somos capaces de decir más de lo que creemos.

 

Por Sara Barquilla Guerrero

 

DATOS TÉCNICOS:

Vista el 12 de marzo de 2023 en Teatro El Soto (Móstoles)

Autoría, dirección y coreografía:

Anthony Mainguet.

Intérpretes:

Geoffroy Massoutier y Anthony Mainguet.

Diseño de escenografía:

Anthony Mainguet.

Producción:

Compagnie Bitonio.

 

 

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