Por Eva Llergo

MIC producciones nos propone una vuelta al siglo XVI, a los inicios del teatro breve español. Hilvana en un espectáculo de 60 minutos dos pasos de Lope de Rueda (La tierra de Jauja y Las aceitunas) y un entremés de nuestro internacional Cervantes (El viejo celoso).  

En la ocasión que nos ocupa, se dirigía a un público adolescente que lejos de asistir a una reproducción arqueológica se encontró con que, a pesar del lenguaje y el vestuario antiguo que portaban los actores, el montaje incidía en aquellos aspectos más inmortales del teatro del siglo XVI: la comicidad física y verbal servida en bandeja de plata, el ingenio desesperado venciendo tanto a la inocencia como a la mezquindad, la persecución, la acrobacia, la pelea.

Ya la primera escena, una colección de estampas mudas al más puro estilo tableaux vivant, nos adelanta parte de lo que vamos a ver (riñas, peleas, equívocos) y marca el código cómico para guiar al público. Es al mismo tiempo, un introito elegante y de gran belleza, que subraya las posibilidades narrativas de la corporalidad, la música y el juego de luces.  En seguida comienza el primer paso, La tierra de Jauja, y los actores se permiten ponernos en materia, indicándonos de viva voz las acotaciones espaciales que debemos imaginar (un camino, una estancia, etc.). A partir de ahí, al ritmo trepidante al que nos tiene acostumbrados MIC producciones, comienza la trama de engaños, peleas y malentendidos con el que se nos distrae y embelesa, mientras que, al mismo tiempo, se nos está hablando de asuntos de máxima seriedad: el hambre, la pobreza, los matrimonios intergeneracionales concertados o el amor confundido con el control.

Los cuatro actores (María Toledo, Pablo Blasco, José García y Ana Sanchís) rezuman energía, versatilidad y compenetración (la necesitan para un montaje en el que todo funciona con la precisión de un reloj suizo). El espacio escénico es apenas una sugerencia: una tarima donde se recortan figuras de personajes del Siglo de Oro, un biombo para hacer sombras y las sillas y mesas que van entrando para ambientar las diferentes escenas. Sin embargo, es un gran acierto porque lo importante es el movimiento escénico y la estampa mental creada por el propio texto. El “regusto antiguo” ya lo ponen el vestuario y el castellano antiguo que, ambienta pero en ningún momento dispersa.

Los jóvenes espectadores seguro que esperaban ver otra cosa cuando sus profesores les avisaron que asistirían a un espectáculo basado en textos del siglo XVI. Seguro que, después del visionado y a juzgar por el interés con el que participaron en el coloquio posterior, aprendieron que siempre hay que dar la oportunidad de que las cosas nos sorprendan. Bien es cierto que el montaje de MIC Producciones recorta mucho las distancias de los siglos que separan a los autores de comedias renacentistas y el público del siglo XXI. Y nos recuerda que hay temas inmortales y maneras de contarlos que siempre impactan de igual modo e el público. Por mucho que pasen los años.

 Por Eva Llergo

 

DATOS TÉCNICOS:

Vista el 16 de marzo de 2023 en Teatro Municipal Juan Prado (Valdemoro)

Dramaturgia y Dirección: Borja Rodríguez
Intérpretes: María Toledo, Pablo Blasco, José García y Ana Pascual

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