Por Eva Llergo

Observar la belleza puede llegar a doler. Amar (a tu pareja, a tus hijos, a tus padres, a tus amigos) es una fuente inagotable de placer y al mismo tiempo una permanente y dolorosa conexión con la certeza de la pérdida que algún día llegará. Amar (a tu pareja, a tus hijos, a tus padres, a tus amigos), además, implica cuidar y ese cuidado no siempre es sencillo, ni fácil. Nuestro egoísmo intrínseco, el cansancio, la impaciencia, las expectativas, empañan muchas veces una tarea que debería ser una de las principales causas de nuestras vidas. Muchas veces, incluso, con la deuda de gratitud que implica cuidar a los que nos previamente nos han cuidado.

Esta podría ser, muy sintetizada, la sinopsis del nuevo y delicado espectáculo de la compañía vasca Marie de Jongh, Ama. La terrible belleza, dedicado por primera vez a público adulto a partir de 12 años. Como es habitual en la compañía, sin hacer uso de la palabra se nos cuenta el día a día de Mario, un pintor en horas bajas de inspiración, que lidia con los cuidados que debe profesarle tanto a sus padres, ya ancianos, como a su hija adolescente. No es fácil. Nadie nos ha enseñado a “cuidar”. La hacemos mitad por instinto, mitad por aprendizaje vicario, pero con ellos arrastramos probablemente todas las virtudes de los cuidados que nos profesaron a nosotros, pero también todos los defectos.  Mario intenta hacer lo mejor que puede una tarea que no es fácil; a ratos se desespera, lo tiraría todo y a todos por la borda, los borraría. ¿Podemos culparle o juzgarle? ¿Podemos acusarle de insensibilidad, de ceguera ante ciertos momentos de ternura y armonía que le pasan desapercibidos, de no advertir la terrible belleza de la vida por su prisa, por su tremendo hastío? Si le acusamos a él, seamos sinceros, tendríamos que pasar nosotros también ante el jurado. Con todo, Mario no está tan insensibilizado como para no advertir que tiene entre manos la tarea más trascendental de su vida. Y tampoco para no percibir cómo de vez en cuando a su alrededor se alinean los astros y se dan ciertos momentos llenos de armonía y de amor, tan perfectos, que solo de preveerlos se corta la respiración.

Marie de Jongh firma de nuevo un espectáculo profundamente lírico, humano, con una dramaturgia de tremenda complejidad que llega al espectador revestida de una engañosa y desnuda sencillez. Como lo es la vida. La manera de narrar está en un plano más simbólico que real; además juegan a disolverse las fronteras espacio temporales con las que nos resulta tan confortable y seguro contar y entender las historias. El presente y el pasado de Mario se diluyen en escena, como sucede tantas veces en nuestras vidas cuando una imagen nos teletransporta de golpe a un suceso vivido y nos hace transitar simultáneamente dos tiempos encontrando muchas veces significados nunca antes percibidos y solo puestos de manifiesto por la comunicación simbólica de esas dos líneas temporales superpuestas. Este universo se nos presenta en un espacio escénico realista (el loft donde vive la familia) en el que irrumpen numerosos símbolos que potencia el significado conectando lo referencial, tan cotidiano y conocido, con lo simbólico directamente conectado con la emotividad. Especialmente acertado es la presencia de los personajes-nubarrón que transitan la escena, angustias, monstruos y miedos que nos acompañan a todos y que explican y justifican las acciones de los miembros de la familia.

Otro símbolo, el más presente, lo configuran lo que la compañía ha denominado “máscaras-cero”, que portan la mayoría de los personajes y que los convierten en una suerte de maniquíes sin ninguna capacidad de expresión facial. Tal vez por eso no nos sentidos representados por ninguno, y tal vez por eso somos todos ellos a la vez.

El espacio sonoro de Adrián García de los Ojos, como en todos los espectáculos de Marie de Jongh, cobra una importancia relevadora, aportando matices emocionales extra a cada escena (la playlist se puede escuchar en la web de la compañía). Todo junto nos hace transitar de la emoción dramática más intensa a la risa más visceral, pasando por muchos momento de absurdo que al percibirse como cotidianos y reconocibles impactan de manera más efectiva en nuestras mentes.

Los jóvenes espectadores que poblaban el patio de butacas de la sala roja de los Teatros del Canal, acompañaron con entusiasmo el doloroso a la vez que luminoso tránsito de Mario e interrumpieron varias veces el montaje para aplaudir, aullar o jalear las peripecias de los personajes, imbuidos por una energía que solo ellos generan y saben demostrar sin tapujos ni convenciones. El interminable coloquio final (si hubiera sido por ellos habríamos estado allí charlando sobre la obra hasta el día siguiente) estuvo centrado en la constatación de la comprensión de los símbolos; preguntaban por ellos, pero cuando Jokin Oregi (director y actor principal del montaje) les instaba a apostar por una interpretación propia antes de contestar se hacía palpable que los símbolos se había decodificado a la perfección.

Ama. La terrible belleza tiene esa fuerza que tiene la propia vida. Un espectáculo doloroso y hermoso al mismo tiempo. Indispensable; nos recuerda la necesidad de acometer los cuidados que debemos prodigar a los que amamos antes de que sea demasiado tarde. Valiente; no es un tema amable o de moda pero sí absolutamente presente en nuestras vidas y sobre el que necesitamos posicionarnos. Ama. La terrible belleza, armoniza contrarios desde su título y nos recuerda que incluso en los peores momentos es posible la magia.  

Por Eva Llergo

 

DATOS TÉCNICOS:

Vista el 8 de marzo de 2023 en Teatros del Canal dentro del Festival Teatralia 

Autoría y dirección: Jokin Oregi

Acompañamiento externo: Pablo Messiez

Ayudante de Dirección: Ana Meabe

Actores: Ana Martínez, Javier Renobales, Anduriña Zurutuza, Jokin Oregi, Maitane Sarralde, Joseba Uribarri, Amets Ibarra

Escenografía y vestuario: Elisa Sanz, Ikerne Giménez

Música: Adrian García de los Ojos

Diseño iluminación: Felipe Ramos

Iluminación: Kandela Iluminación S.L.

Construcción de escenografía: MAMBO DECORADOS SL

Confección de vestuario: Inmaculada Gómez

Ayudante de producción: Nagore Navarro

Producción Ejecutiva: Pio Ortiz de Pinedo

Comunicación: Irene Zarrabeitia

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