Por Juan Sánchez Gómez

Imaginad un concierto de cámara. Con sus músicos de chaqué impoluto, su rígida etiqueta y su ambiente ceremonial. Ahora olvidad todo eso porque vamos a hablar de Maestrissimo. Estrenado en 2019, ha aterrizado estas Navidades de nuevo en Madrid. Yllana, como ya hiciera con PaGAGnini, rompe en Maestrissimo (subtitulado como la secuela de PaGAGnini) los prejuicios que tenemos hacia la música clásica y nos presenta un espectáculo desenfadado y lleno de humor.

A través de un cuarteto de músicos de un periodo indeterminado entre el Barroco y el Neoclasicismo, Maestrissimo nos cuenta una historia sobre el triunfo de la individualidad en un mundo jerarquizado y encorsetado. El espectáculo se compone de una serie de sketches, marca de la casa, en los que acompañamos a estos intérpretes en su lucha por obtener el título real de maestrissimo. Sin embargo, no lo tendrán nada fácil, pues entre que si la inspiración no llega, que si el concertino quiere acaparar el protagonismo…, el tiempo se les va echando encima y el único galardón del rey que van a conseguir es el honor de acabar en la guillotina.

Pero no es esta fábula simple y sencilla lo que nos enamora de Maestrisimo, sino sus músicos, con más rock and roll que Rococó en las venas. A partir de la estructura clásica del cuarteto compuesta de un concertino (Jorge Guillén Strad), un primer y segundo violín (Eduardo Ortega e Isaac M. Pulet), y un chelo (Jorge Fournadijev), Yllana crea cuatro personajes que sostienen el espectáculo con desparpajo. Los tópicos de la música de cámara alimentan la personalidad de los personajes. De esta manera tenemos un concertino vanidoso que solo toca si el público le lanza besos, o un violín segundón cuyo descomunal talento queda eclipsado por un primer violín mandón. Un sistema de clases y posiciones donde el talento individual debe ponerse al servicio del conjunto.

Pero Maestrissimo no solo dinamita la rectitud y rigidez estética de lo que entendemos por un cuarteto de cuerda, sino que juega con su repertorio. Así, encontramos a tótems de la música clásica como Vivaldi, Bach o Mozart, tocados con el mismo virtuosismo que bandas sonoras, canciones pop o politonos de móvil. Sabemos que Yllana domina a la perfección la etiqueta “para todos los públicos” y lo demuestra una vez más regalando los oídos de todo su auditorio. Pequeños y grandes espectadores ríen, aplauden y participan de cada propuesta musical y chiste (por grueso que sea). Los músicos se meten al público en el bolsillo desde su primera aparición y no lo sueltan hasta el último bis.

El espectáculo cumple con su función de acercar a los grandes de la Historia de la Música al gran público, pero es cierto que le falta un punto más de riesgo. No solo tiene los precedentes del PaGAGnini (2007) con Ara Malikian o The Opera Locos (2018) a sus espaldas, sino que, en ocasiones, algunos de sus gags suenan a algo ya hecho, ya explorado por la compañía. Esto no parece agotar al patio de butacas que corea y jalea como si estuviera en un concierto de rock. Lo que demuestra que Yllana ofrece con Maestrissimo un producto bien engrasado, efectivo y con una buena factura técnica. 

Por Juan Sánchez Gómez

 

 

DATOS TÉCNICOS:

Vista el 30 de diciembre de 2022 en el Teatro Infanta Isabel.

 

Idea orginal, creación y dirección Yllana

Dirección artística Juan Ramos y David Ottone

Intérpretes Eduardo Ortega, Jorge Fournadijev, Isaac M. Pulet y Jorge Guillén «Strad»

Diseño de iluminación Fernando Rodríguez Berzosa

Diseño de sonido Luis López de Segovia

Escenografía y diseño de vestuario Tatiana de Sarabia

Diseño de maquillaje Sara Vares

Attrezo Gonzalo Gatica

Coreografía Carlos Chamorro

Texto Rafael Boeta

Luthier Fernando Muñoz

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