Por Eva Llergo

Déjà vu… En Matrix era un fallo en el sistema. Para muchos es un indicio de precongnición o una evidencia de la existencia de la reencarnación o de los viajes extracorporales. Para los científicos no es más que una anomalía de la memoria cuando el subconsciente accede a la realidad antes que nuestro consciente… Todos lo hemos tenido alguna vez y, por lo tanto, todos tenemos derecho a tener una definición propia de ello.

La compañía Manolo Alcántara nos ofrece su particular versión del fenómeno es su espectáculo homónimo, sin palabras pero con música en directo, presentado este pasado domingo dentro del Festival Teatralia. Y, ¿qué es Déjà vu según Manolo Alcántara? Es un estadio entre la vigilia y el sueño, entre los sueños y las pesadillas, entre la razón y la locura, entre los deseos y la realidad, entre la felicidad y el miedo. El punto medio entre estas dicotomías existe, pero es pequeño, una franja estrecha que nos deja espacio, apenas, para poner de puntillas un pie. En esa franja transita el espectáculo de Manolo Alcántara.

Un hombre se despierta en una habitación ensedada en un tono verde pálido. Le despierta una melodía en voz de mujer que parece salir directamente de sus sueños, ¿o es más bien cómo él percibe el sonido de su despertador en esa estrategia de fundir en lo sueños y reinterpretar en ellos los sonidos que nos llegan de la realidad? Pero él no quería (o no podía) despertarse y los primeros instantes son una lucha paradójicamente plácida por volver a una cama/cuna que continuamente le expulsa. Una vez que hemos salido el vientre de nuestra madre, ya no hay vuelta atrás… no podemos volver a entrar y el mundo, ahí fuera, nos espera: frío, demasiado luminoso.

Una vez que nos hemos liberado del sueño y del pijama, toca vestirse… pero no hay ropa. En un ejercicio de virtuosismo malabarista el actor consigue deambular totalmente desnudo por el escenario sin desvelar más que retazos de su piel.  Tanto el propio desnudo como la ingeniosa manera de ocultarlo hacen las delicias de los pequeños espectadores que se carcajean sin tapujos. Pero la risa no puede durar para siempre y el protagonista teje ante nosotros una camisa con su maquina de coser para poder dar el siguiente paso comprobando ante el espejo que ya está listo para ir a trabajar. Sin embargo, como el resto de los objetos que habitan la escena, tampoco este es un espejo normal. Un hombre idéntico a él le mira y le sonríe al otro lado, reproduce sus movimientos, pero no es él… Y el problema es que solo hay un par de zapatos que ponerse, de modo que toca luchar.  En poco tiempo el escenario se transforma de una habitación a una oficina ante nuestros ojos. Una oficina que engulle a su oficinista, que le hace trepar para huir de sus compañeros de trabajo, de su desdoblamiento en marioneta, de un sombrero de más de tres metros que le persigue, hasta de sí mismo.

Como podrán imaginar la escenografía cobra un papel esencial en el montaje. Aparentemente realista pero se va desvelando tremendamente polivalente, descubriéndose poco a poco, generando un efecto de sorpresa constate, encogiendo y agrandándose, retrocediendo y avanzando amenazadoramente hacia el protagonista y hacia el público, parte ya de este sueño/pesadilla en el que se ve inmerso nuestro hombre sin nombre. De hecho, la escenografía interactúa de modo tan estrecho con los actores que podríamos decir que  es como uno más con ellos. En igualdad de posibilidades.

¿Qué referentes podría apuntarles para que se hagan una idea de lo que podrán encontrar visitando este Déjà Vu? Hagan un cóctel con obras del magnífico Saramago (a medio camino entre el argumento de El hombre duplicado y el personaje protagonista Todos los nombres,  funcionario del Registro Civil), el contraste entre el oficio gris y las creaciones de insólitos autores como Kafka o Pessoa, echen un poco del mundo plástico de Magritte y del ensoñador de Carroll y se harán una idea, solo aproximada, de lo que les espera al entrar en este universo creado por la compañía de Manolo Alcántara.

Un espectáculo sin palabras que te deja sin palabras. Asombroso, chocante, tierno y cruel, valiente e inaudito donde la pericia técnica en las acrobacias camina de la mano con la capacidad de crear una atmósfera inquietante y acogedora al mismo tiempo; una atmósfera de ensoñación que libera a pequeños y grandes espectadores de la tarea de estar buscando los tres pies al argumento. Se trata solo de sentir, de dejarse llevar, de comprender que también nosotros hemos estado ahí.

Por Eva Llergo

DATOS TÉCNICOS:

Vista el 13 de marzo de 2022 en el Centro Cultural Paco Rabal (c/ Felipe de Diego, 13) dentro del Festival Teatralia 2022

Idea, creación y dirección: Manolo Alcántara
Composición musical y arrendamientos: Laia Rius
Intérpretes: Laia Rius, Manolo Alcántara y Andreu Sans/Silvia Compte
Soporte intérpretes: Joan Trilla
Diseño iluminación y sonido: Ivan Tomasevic
Técnico luz y sonido: Ivan Tomasevic/Pep Arumí
Diseño y construcción títere: Toni Zafra
Vestuario: Rosa Solé
Atrezo y acabados pictóricos: Xavi Erra
Diseño escenografía: Manolo Alcántara
Construcción escenografía: Eduardo Fernández y Cia. Manolo Alcántara
Producción musical: Pep Pascual y Laia Rius
Ingeniero de sonido, mezclas y máster: Pep Pascual
Gestión y Producción: Clàudia Saez
Distribución Nacional: Portal71
Distribució Internacional: Alapista
Producción: Cia. Manolo Alcántara
Suporte a la producción: Alfred Fort y Clàudia Saez para La Destil·leria
Co-Producción: Grec Festival de Barcelona
Soporte: ICEC-Generalitat de Catalunya, el INAEM y el Institut Ramon Llull.
Con la colaboración: Teatre Principal de Olot, Teatres en Xarxa, Teatre Núria Espert de Sant Andreu de la Barca, Teatre Clavé de Tordera, Teatre Bartrina de Reus, Social Antzokia de Basauri y Teatro-Circo de Murcia.
Agradecimientos: Guga Arruda, Raquel Garcia, Amèlia Bautista, Marie Pierre Durand, Toti Toronell, y todas aquellas personas y organismos que nos han ayudado y colaborado a dar vida a Déjà vu.

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