Por Lidia López Teijeiro

Los primeros pases de las obras teatrales, al igual que los primeros ensayos con público, tienen un sabor especial. Los asistentes se saben cómplices del milagro de hacer teatro y se viven con intensidad, a la expectativa, y a menudo, por qué no decirlo, con mirada muy crítica. ¿Nos gustará? ¿Pasará algo inesperado? El pasado sábado El Pequeño Espectador pudo asistir a la primera representación de la nueva obra de Imakinario, Estela y Merlín, y no defraudó a su exigente público bajito (y no tan bajito). Ojalá pronto podamos verla rodando por los escenarios.

Estela y Merlín es una obra de una hora de duración, aproximadamente, pensada para espectadores de 4 años en adelante (los más pequeños quizá la encuentren atractiva, pero las partes más narrativas puede que se les hagan un poco largas). Es una obra muy dinámica y, aunque requiere ciertos medios técnicos (hay proyecciones, humo…), no incluye elementos muy voluminosos de atrezzo. Todo el peso se sostiene en el trabajo de los actores.

 Los nombres de los personajes quizá nos recuerden a otras historias de sobra conocidas pero esas ideas previas se van desvaneciendo a medida que nos sumergimos en la sencilla trama de la propuesta. El mago Merlín se está preparando para unas merecidas vacaciones cuando justo se pierden todas las estrellas y se queda la luna sola en el firmamento. Para poder arreglar este desaguisado decide encargar a una aprendiz de bruja, Estela, su búsqueda y captura y esta, a pesar de sus dudas, se pone en marcha. Quizá si consigue traerlas de vuelta logre dominar su magia por fin y convertirse en la poderosa hechicera que siempre ha querido ser.

 A partir de este momento desfilarán por el escenario diferentes compañeros de viaje: el perro pastor de estrellas, la medusa tímida, Barry… y se van sucediendo diferentes “incidentes” en tono de comedia que acabarán por trascender el escenario y tendrán lugar en el patio de butacas. Todas las marionetas presentan mucho movimiento y cambios de tercio muy rápidos, incluso combinados con video, lo que obliga a los actores a funcionar de forma exacta y coordinada hasta el final, donde la música cobra especial protagonismo.  Tratándose de una pieza con solo dos profesionales en escena, la cantidad de elementos que emplean es sorprendente.

Sin querer desvelar todos los secretos que encierra Estela y Merlín, no podemos cerrar esta reseña sin hacer referencia a cómo están tratados algunos temas de educación en valores que abordan, como la contaminación del mar o la importancia del reciclaje. A diferencia de otras producciones, la forma en que aparecen aquí no resulta artificial y encajan en la historia de una forma bastante orgánica. Otro de los puntos fuertes es la interacción y diálogo con el público infantil: se dirigen a ellos constantemente y estos aceptan y participan mucho, consiguiendo conquistar hasta los espectadores más reticentes (había algunos niños un poco mayores que al principio no parecían impresionados con los juegos de luces y las marionetas, pero cuando la acción saltó al patio de butacas se rindieron a la sorpresa y disfrutaron muchísimo: “Esta obra está genial”, se les escuchaba decir hacia el final).

 Siendo un primer pase, es previsible que todavía modifiquen y hagan ajustes sobre la puesta de escena pero Imakinario nos ha convencido con esta propuesta de mundos y criaturas fantásticas una vez más. Si ya conociais su espectáculo Adel, ya veterano en los circuitos de teatro, encontraréis elementos que os resultarán familiares. Si no, esta es una buena ocasión de conocer una compañía cuyas obras siempre dejan buen sabor de boca.

Por Lidia López Teijeiro

 

DATOS TÉCNICOS:

Vista el 19 de marzo de 2022 en La Mirador (C/Doctor Fourquet, 31)

Producción: IMAKINARIO

Dirección: Fernando Arrocha

Música original: Miguel Ángel Rubio Mow

Iluminación: Mikel Marcos

Escenografía: Estudio Albahaca

Videocreacción: Fernando Arrocha

Reparto: Coke Viaga y Pepe Flores

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