Por Luis Pradilla

¿Quién pensó que esto podría ocurrir?. Yo no, desde luego. Pero ocurrió…

Que sí, que sí, que estaba todo clarísimo: Teatros del Canal, 22 de Diciembre, 19h…Passagers, de Les 7 doigts de la main,  

Que no, que no tiene justificación, ya lo sé.

Fallé, descarrilé, me equivoqué de estación, perdí el tren…¡Me quedé dormido! Sí, y en el peor momento, justo antes del transbordo de metro hacia Teatros del Canal.

Podría culpar al traqueteo del tren o al cansancio del día, pero igualmente ya no tiene remedio, así que vayamos a lo importante… ¿Qué les cuento yo ahora? Lo curioso es que en medio de aquel vagón soñé y todo. Así que les voy a contar mi sueño.  Lo ilustraré, eso sí, qué menos, con fotos de Passagers.

El sueño es muy peculiar, como casi todos. Estoy en una estación de tren desconocida y, no me pregunten por qué, a mi lado está la mismísima Einstein -pues aquí es una mujer-, pertrechada con billetes para nuestro viaje.

El andén de la estación está lleno de gente que se cruza pero que no se mira, viajeros que se entrelazan en un maravilloso y frenético baile sincronizado, hasta que seguramente ya no pueden más de cansancio y de belleza y entonces se paran y se sientan junto a nosotros en el vagón. 

Es un tren hipnótico, antiguo, que lo mismo podría ser el metro de San Francisco, que el Transiberiano, porque ese traqueteo que nos balancea la cabeza, hacia adelante y hacia atrás, de derecha a izquierda, es un ritmo hipnótico universal.

Al sonido del vagón se suman acordeones y ukeleles en una construcción sonora atemporal.

Algún pasajero juega a los bolos, otro con pelotas  y un tercero pone la pierna encima de una chica, que se queja cíclicamente, como un reloj de cuco inserto también en la banda sonora de este sueño.

Será por aquello de la relatividad, pero este tren avanza raro, se descompone y se vuelve a armar a cada rato y ni siquiera intenta llegar a su destino. Extrañamente no siento ninguna prisa, estoy muy a gusto rodeado de estos individuos extravagantes que lo mismo echan a correr en crudo, sin avanzar un centímetro, que se ponen a brincar a lo loco.

Creo que estamos llegando a la estación de Canal, la mía, aunque sin duda debo seguir dormido porque una acomodadora me pregunta, al más puro estilo Matrix, si quiero sala roja o verde y sinceramente no sé qué contestarle desde el estado de éxtasis en el que me hallo. ¿A quién le interesan los Teatros del Canal montado en este tren tan elegante y divertido?

Ahora sí que debemos haber llegado a ninguna parte, porque algunas personas pasean sus maletas de cuero por el andén. Pienso, digo sueño, si no estaré dentro del álbum Emigrantes de Shaun Tan o en la peli Érase una vez en América. 

Estos viajeros se mueven, conmueven y remueven por dentro, hablando, sin hablar, del desgarro de las despedidas, de la aventura que está por llegar, del tránsito entre dos puntos, de nosotros, de los otros. 

Es entonces cuando una mujer se monta en una tela y un hombre la arrastra hacia algún lado, usando un medio de transporte etéreo, suave y poético, la forma más bella de irse que nunca he visto, ni soñado. No quiero despertar por nada del mundo mientras esta panda de locos esté al mando del tren. Aquí todo es fácil y bello. 

Una pasajera gamberra tiene el poder de hacer que el tiempo se detenga e inmovilizar al resto del personal, así que pinta los morros de un chico y se cuelga de las paredes del vagón como una lagartija. Cuando da otra palmada el tiempo recobra su play y a los demás pasajeros les toca asumir los cambios de guión que ha perpetrado.

Sobre el fondo de la escena hay imágenes en blanco y negro, vías de tren o un puente de hierro, a veces en dos zonas simultáneas, o en tres cuando emergen, sugerentes, las sombras de estos compañeros de viaje zascandiles, que se cuelgan del techo, se columpian, se lanzan y se recogen de la forma más amorosa posible, se cuidan en el aire y en la tierra. Se les nota mucho el cariño, la pasión por la belleza y hasta la adrenalina miman, porque nunca es gratuita. 

La mayor investigación sobre volteretas que pueda haber existido, ni existirá jamás, vueltas y giros de todos los tipos, cuerpos distorsionados, irreales, cuasi fracturados, pero que inexplicablemente ruedan sin romperse. 

Lunas, aros como pompas o vestidos, sonrisas sobre telas y cables, figuras imposibles, bailes, una canción y un pasajero que persigue con un haz de luz a otro, para resaltar sus movimientos y enmarcarlos.

El sueño se vuelve poesía.

Gente que vuela sin alas, que se precipita sin caer. Una silla para sentarse a pensar a no sé cuántos metros de altura. Ventosas en las manos para bajar de ahí. 

Los pequeños espectadores de mi sueño (hay bastantes niños) sufren y chillan por el vértigo de la silla -¿quien no se ha caído de una silla alguna vez?-. Manifiestan mucha emoción y algo de cansancio hacia el final. Músculos que se tensan y destensan.

Y qué se yo cuantas cosas más en este sueño de Circo 4.0: danza, teatro, adrenalina y belleza.

Gracias Sra. Einstein por propiciar este viaje onírico que termina con unos aplausos largos que me despiertan.

Ahora permítanme que les diga algo y es que no cómo habrá sido lo de los Teatros del Canal, pero me gustaría que Vds. pudiesen soñar lo mismo que yo he soñado, o parecido, y convertirse en Passagers de este tren maravilloso.

 

Por Luis Pradilla

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DATOS TÉCNICOS:

Vista el 22 de Diciembre de 2021 en los Teatros del Canal

Elenco: Sereno Aguilar Izzo, Louis Joyal, Maude Parent, Samuel Renaud, Sabine Van Rensburg, Brin Schoellkopf, Freyja Wild, Conor Wild, Anne-Marie Godin, Anna Kachalova, Matias Plaul, Pablo Pramparo, Chloé Somers

Idea original: Shana Carroll

Coproductores: TOHU (Montreal, Canadá), ArtsEmerson (Boston, Estados Unidos) / Socios de difusión: Moscow Musical Theatre (Moscú, Rusia)

Puesta en escena y coreografía: Shana Carroll con la asistencia de Isabelle Chassé

Escenografía: Ana Cappelluto

Dirección musical: Colin Gagné

Vídeo: Johnny Ranger

Iluminación: Éric Champoux

Vestuario: Camille Thibault-Bédard

Letras y música originales, diseño de sonido y arreglos musicales: Colin Gagné

Entrenador jefe: Francisco Cruz

Textos: Shana Carroll y Conor Wild

Dirección de producción: Sabrina Gilbert

Representante en España: YSARCA -Pilar de Yzaguirre

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