Por Juan Sánchez Gómez

La pandemia ha evidenciado algo: ver una película en el salón de tu casa no es lo mismo que verla en una sala de cine. Después de una pasada edición principalmente online, Mi primer festival apuesta en su decimocuarta edición por volver a llenar los cines. ¡Y fue una apuesta segura! El día de la inauguración la cola para acceder al Palacio de la Prensa se perdía a lo largo de la Gran Vía. Tanta gente quería entrar que la película tuvo que empezar con media hora de retraso para poder acomodarles a todos.

Pero, ¿cuál era esa película que todo el mundo quería ver? Ni más ni menos que Wolfwalkers, la última cinta de animación del estudio Cartoon Saloon, que seguro que os sonará por títulos como El secreto del libro de Kells (2009) o La canción del mar (2014). Wolfwalkers se estrenó el año pasado en la plataforma de streaming Apple TV, por lo que los organizadores de Mi primer festival pensaron que merecía inaugurar su programación en pantalla grande.

Wolfwalkers nos cuenta una fábula de apariencia sencilla en la Irlanda del siglo XVII, donde un cazador y su hija, Robyn, son llamados para exterminar a la última manada de lobos que asola el país. En la ciudad se cuentan leyendas, historias terroríficas que señalan a los lobos como seres malignos y demoníacos controlados por una mujer y su hija. Sin embargo, esto no achanta a Robyn que, dispuesta a ser una cazadora como su padre, un día se introduce en el bosque para buscar a su halcón…

A partir de ahí nos introducimos en un universo conflictuado entre la supuesta racionalidad católica y el folclore irlandés, entre la ciudad preindustrial y la naturaleza indomable. Usando el tropo del “ponte en mi lugar”, Robyn adquirirá la habilidad de convertirse en lobo y verá cuestionado el gran pilar que sostenía su vida. ¿Seguirá queriendo ser una cazadora como su padre o se hermanará con la manada de lobos?

Este recurso dramatúrgico de que Robyn transite por la forma de lobo es usado como una excelente herramienta empática, pues los pequeños espectadores se ponen rápidamente en la piel -pelaje- de Robyn, llegando incluso a aplaudir algunas de sus situaciones como si estuviera delante de ellos en carne y hueso. A esta génesis de la empatía ayuda la violencia que muestran muchas de las escenas de Wolfwalkers, en las que la mano del hombre trata de acabar con la naturaleza. No es una violencia descarnada y sangrienta, como puede ser la del Estudio Ghibli, sino una violencia simbólica, que nos apela y nos duele por la conexión que se ha construido por los personajes.

La animación de Wolfwalkers es brillante, puesta en todo momento al servicio de la historia y reflejando visualmente los principales conflictos de la película. Así encontramos dos mundos claramente definidos por su estética. Por un lado, la ciudad de líneas rectas y angulosas, donde Lord Protector, su gobernador, trata de acabar con los últimos reductos de folclore irlandés. Una ciudad que desde el bosque se ve abigarrada y cuadriculada, donde a veces los planos cinematográficos nos recuerdan a los vitrales góticos: todo está contenido y nada puede escaparse. En cambio, el bosque otoñal, personificación de la naturaleza, es curvilíneo, lleno de dinamismo, de vida. Allí viven con los lobos Mehb y su madre, que en ocasiones recuerda a una enorme madre Tierra prehistórica en estado de hibernación, metáfora de una femineidad protectora de la naturaleza. En el bosque todo es juego, contacto, vínculo, pero también un poder que no debe ser retado.  

Wolfwalkers es, en definitiva, un cuento medieval que podría ser contado una noche de lluvia en las cocinas de palacio, pero que al calor de la pantalla cinematográfica se revela como una tierna historia de amistad, que nos anima a respetar y convivir con el medioambiente.  

Por Juan Sánchez Gómez

DATOS TÉCNICOS:

Vista el 13 de noviembre de 2021 en el Palacio de la Prensa (Plaza del Callao, 4)

GUION
Will Collins (Historia: Tomm Moore, Ross Stewart y Jericca Cleland)

DIRECCIÓN
Tomm Moore y Ross Stewart

REPARTO (DOBLAJE ORIGINAL)
Honor Kneafsey, Eva Whittaker, Sean Bean, Simon McBurney, Maria Doyle Kennedy, Tommy Tiernan, Jon Kenny, John Morton, Paul Young, Nora Twomey, Olvier McGrath y Niamh Moyles. 

MÚSICA
Bruno Coulais

DURACIÓN

103 minutos

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