Por Eva Llergo

Lo confieso. Hace más de 15 años que no iba a un musical. Después de un atracón en mi infancia-adolescencia de Bellas y bestias, My fair Ladys y Hombres de la Mancha, ni siquiera moví un dedo para acercarme a ver El rey león… Pero me sirvieron en bandeja uno pases para ir a ver un preestreno de Billy Elliot… y mire usted, a eso no supe decir «no». Y es que tengo, como muchos, una relación muy especial con la historia de ese niño que se salta todos los condicionantes sociales para conseguir hacer algo que le apasiona…

Mi relación comenzó con la película, claro, hace ya 17 años. Y siguió con el descubrimiento de ese gran álbum ilustrado de Tomie de Paola Oliver Button es un nena. En esencia son la misma historia, aunque Oliver tiene un final más acorde con la realidad: no triunfa en el mundo del baile pero es por fin aceptado y revalorizado entre sus iguales (la pintada en la pared que da título a la historia «Oliver Button es un nena» se trasforma al final de la historia en un conmovedor «Oliver Button es una estrella»).  Por otro lado, Billy es, desde luego, más conocido como personaje, así que en mis periplos como cuentacuentos cuando saco a colación la historia de Oliver siempre acabo hablando de Billy para conectar con los niños. ¿Por qué será que todos, independientemente de que les guste o no el baile, se sienten identificados con él?

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Billy es pues un gran conocido para mí… así que cuando anoche le vi en escena encarnado en la piel de Pablo Bravo (uno de los seis niños que le dan vida en la versión española del musical) no pude evitar conmoverme. Es verdaderamente escalofriante ver cuánto talento tienen los pequeños actores que dan vida al elenco infantil. Emocionante ver a tantas personas, adultas y niñas, trabajando juntas con una sintonía milimétrica para que todo, absolutamente todo, esté en su sitio, suceda a su justo tiempo y, de esa sinergia de espacio y tiempo, surja la magia de la ficción. Esa es el hechizo del teatro, que en el caso del musical se acrecienta por la alta exigencia en cualificación que deben tener los actores. Si no cantas bien, bailas bien y actúas bien no sirves. Y Billy Elliot, el musical, es un triple mortal, porque esa exigencia se hace extensiva a los niños. Y hay algo sublime y monstruoso en el deleite del público por el «más difícil todavía» que los pequeños actores dan en esta obra. Todos somos conscientes de esta espada de doble filo que es trabajar con niños. El deleite del público es doble porque somos conscientes de la maravilla y también del sacrificio. Es una sensación ciertamente agridulce; un placer no exento de culpabilidad. Se agradece, sin embargo, la delicadeza de desdoblar el elenco infantil en tantos alternantes para tratar de minimizar el impacto que este , sin duda, tiene en la vida de los actores infantiles.

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Pero hablemos de los adultos, que tienen (y mucho) parte del mérito. Nos fascinaron el polifacético Carlos Hipólito, que lo mismo nos seduce hasta los huesos en la la carne de un Don Juan que nos enternece hasta la médula con ese padre bruto, ignorante pero profundamente herido por la vida. Natalia Millán y Mamen García, cada una hermosas y majestuosas a su manera, llenaron la escena con su sola presencia. Y Samuel Gómez brilló como Michael, uno de los personajes más cuidados por el autor pero al mismo tiempo uno de los más difíciles de defender en la escena. Pero sería injusto no mencionar al resto. Todos y cada uno de ellos se merecieron el aplauso del público, pues todos y cada uno tienen su parte de responsabilidad en la magia creada, en la creación de ese mundo donde la poesía y la música recuperan la preponderancia que deberían tener en la vida cotidiana. Eso es un musical, una burbuja de cristal donde todos nos volvemos poetas, danzarines y cantantes y podemos traducir el peso de la tristeza y de la gris cotidianidad y magnificarlo y embellecerlo a fuerza de canciones y bailes. Una mirada más hermosa e idealizada sobre la realidad, en fin, eso es lo que son los musicales. ¿El peligro? A uno se le cae el programa al suelo un instante o se distrae con la tos del vecino de butaca y cuando vuelve a fijar sus ojos en la escena se pregunta… ¿qué demonios hace toda esta gente cantando y bailando si están a punto de reventarles una huelga que llevan soportando un año? Si uno se distancia, aunque sea un instante, de la burbuja creada, los musicales son, claro, un compendio de cursilería, grandilocuencia y artificio.

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Pero no nos distanciemos. No lo hicieron los pequeños espectadores que destacan en la sala cada tres o cuatro butacas y acompañaban a sus padres con los ojos muy abiertos. Acompañando a Billy en sus andanzas, sintiéndose Billy independientemente de su amor por el baile… Me vuelve la pregunta que me hago siempre que defiendo ante los niños la historia de Oliver Button, ¿por qué todos nos sentimos Oliver? ¿por que todos nos sentimos Billy? Supongo que porque a todos nos parece hermoso y valiente luchar por lo que creemos que vale la pena, por seguir nuestro impulsos y porque en este proceso nos acompañen y apoyen todos aquellos a los que queremos. Esa es la historia de Billy y ese es el fundamento de un musical. Aunque ellos nos lo cuenten cantando y nosotros nos tengamos que conformar con encender la radio… ¿o no?

Por Eva Llergo

DATOS TÉCNICOS

SOM Produce
presenta

BILLY ELLIOT El Musical

Libreto y letras: Lee Hall
Adaptación y Dirección: David Serrano
Coreografía: Peter Darling
Diseño de Escenografía Ricardo Sánchez Cuerda
Diseño de Iluminación Juan Gómez Cornejo
Director Musical Gaby Goldman
Productores: Gonzalo Pérez, Marcos Cámara, José María Cámara, Pilar Gutiérrez y Juan José Rivero.
Productores Ejecutivos: Marcos Cámara y Juan José Rivero

Reparto: Natalia Millán (Señorita Wilkinson) Carlos Hipólito (Padre) Adrián Lastra (Tony) Mamen García (Abuela) Juan Carlos Martín (George / Alternante Padre) Alberto Velasco (Señor Braithwaite).

Noemí Gallego, Axel Amores, Albert Bolea, Elsa Álvaro, Manolo Albarracín, Manu García, Miriam Madrid, Alberto Sánchez, Angel Saavedra, Aranzazu Zárate, Carlos Salgado, Gonzalo Larrazábal, Hugo Ruíz, Joaquín Fernández, Lourdes Zamalloa, Manuel Ramos, Patricia Clark, Pepa Lucas, Pitu Manubens, Santiago Cano y Víctor Genestar.

 

Fechas y horarios: Del 5/10/2017 a las 20:30 horas hasta el 03/12/2017
Martes, miércoles y jueves: 20:30h. Viernes y Sábado: 17h. y 21h. Domingo: 18h. en el NUEVO TEATRO ALCALÁ

Duración: 2 horas y media descanso incluido.