Por Sara Barquilla Guerrero

Los locos de Valencia es el tercer montaje proyectado por los Teatros del Canal con el objetivo de recuperar los clásicos. Primero fue el drama calderoniano El alcalde de Zalamea y la temporada pasada estrenaron la tragedia de Cervantes Numancia. En todas ellas, interviene la pluma de José Luis Alonso de Santos, que también fue el director de las dos primeras. Esta, sin embargo, la dirige Pepa Pedroche, que fue directora adjunta, además del personaje de la Fama, en Numancia. Después de dos obras de desgarro emocional y una buena dosis de seriedad, el enfoque se ha trasladado a la cara más lúdica y divertida del teatro, la que aportan las comedias de enredo como esta de Lope de Vega.

Nos lo dicen todos los textos del Siglo de Oro: el amor es una locura, el amor es una enfermedad que hace enloquecer a quien la padece. Pero, ¿y si los que la sufren ya no están cuerdos? ¿O es el propio amor el que los ha llevado a esa situación que se recrudece con la intensidad del sentimiento? Los locos de Valencia se sitúa en un centro de salud mental donde se esconde, huyendo de la justicia, un cuerdo que se ve obligado a hacerse pasar por loco. Los propios pacientes del hospital lo miran raro porque es muy evidente que se hace el loco. Esto genera un curioso juego de espejos con ruptura constante de la cuarta pared: ¿quién está más loco: quien se muestra como es o quien finge ser algo ajeno a su ser? El público se ríe con este doble juego y con la complicidad de los personajes que se asombran o se desbordan en su ser y sentir.

Como buena comedia de enredo, además de un él tenemos una ella. Floriano se enamora de Elvira, una supuesta loca que reivindica su cordura, que a su vez es cuestionada por el resto de pacientes: ¿por qué estaría allí si no está loca? El público sabe que Floriano no lo está. ¿O quizá sí, si es capaz de encerrarse en un lugar de tales características? Y de esta manera, llegamos al amor, emoción generada por Cupido, cuyas flechas hacen enloquecer. ¿Pero no estaban ya locos?

Si en las obras del Siglo de Oro suele aparecer un personaje gracioso que con sus guiños hace reír al público, en esta obra tenemos varios donaires que, con sus manías y disparates, provocan escenas muy chistosas en las que los actores y actrices pueden sacar su lado más clown.

Los locos de Valencia habla de locura y cordura, de amor correspondido y soledad, de frustración y aceptación, pero todo camina hacia un final feliz en el que todo encaja de alguna manera. No todo el mundo está contento con la pareja que le ha correspondido, pero es más importante que el desorden encuentre el equilibrio y haya armonía general. Así son las comedias del siglo XVII, cada roto encuentra su descosido y el público marcha contento a casa. Igualmente acabó el público al finalizar la función en los Teatros del Canal, en pie para agradecer a todo el equipo la hora y media de risa y emociones agradables. Como comentó un espectador en el coloquio posterior, la sonrisa estuvo perenne durante toda la obra. Aunque en esta destacan los desparrames humorísticos, no hay que olvidarse de los momentos conmovedores y otros melancólicos porque, como todo el mundo sabe, no todo encaja en el amor.

Una de las grandes fortalezas del montaje es la música en directo con teclado, cuerda y voz. Alberto Vela y Beatriz Fernández, como Cupido y Euterpe respectivamente, interpretan canciones entre escenas, con letras entresacadas de otras comedias y poemas de Lope, al que no se le puede criticar la falta de repertorio. Casi todo el elenco saca a escena sus dotes canoras y de compás en las coreografías. En definitiva, la obra se transforma en un musical.

En esta línea optimista, el decorado es muy agradable. La acción se desarrolla en el patio interior de este centro de reposo, cuyas paredes se cubren de hiedra, al que se abren varias puertas que permiten el mutis de los personajes. Son especialmente curiosas aquellas que esconden las salas de refrigeración, esos espacios capaces de contener los ardores de los enamorados o, lo que es lo mismo: separar para enfriar. Otra cosa es que funcione. Por otro lado, dado que el amor va conquistando el espacio, este a su vez se inunda de flores. Más flores, más amor, más locura…

Los locos de Valencia es una obra apta para todo tipo de públicos por su carácter divertido y su visión optimista de la vida; pero para el pequeño espectador es especialmente interesante porque la versión del texto es muy acertada y el verso se sigue con mucha facilidad (sin quitarle valor a los actores y actrices, cuya declamación era más que acertada). Además, salir del teatro con la sonrisa puesta y el regociijo de un final feliz es un plan estupendo para enfrentarse al nuevo curso que comienza.

Por Sara Barquilla Guerrero

FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA

Vista el jueves 3 de septiembre de 2026 en los Teatros del Canal.

Reparto
Doctor Cabezas – Arturo Querejeta
Floriano – Daniel Muriel
Conde Valerio – Jacobo Dicenta
Elvira – Florencia Otero
Directora Gerarda – Lucila Gandolfo
Tomás – Xavi Caudevilla / Pepe Sevilla
Martín – Guillermo Calero
Fedra – Antonia Paso
Laida – Ángeles Martín
Príncipe Reinero – Carlos Manrique Sastre
Cupido – Alberto Vela
Euterpe – Beatriz Fernández

Dirección: Pepa Pedroche
Versión: José Luis Alonso de Santos
Ayudante de dirección: Lucía Bravo
Diseño de iluminación: Juan Gómez-Cornejo, Ion Anibal (AIV)
Diseño de sonido: Alberto Vela
Diseño de escenografía: Alessio Meloni
Diseño de vestuario: Daniel Torres
Coreografía: Alberto Sánchez Diezma

Una producción de la Comunidad de Madrid para Teatros del Canal. Coproducción con Club Media Network y el Complejo del Teatro San Martín de Buenos Aires.

 

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