Por Sara Barquilla Guerrero
El amor. Dice Lope de Vega que quien lo probó, lo sabe; conoce los efectos de esa fuerza arrolladora que es enamorarse: nubla los sentidos, hace perder la conexión con la realidad, lleva a los amantes a obrar sin razón… Por eso Valentín está preocupado por su amigo Proteo; se ha enamorado perdidamente de Julia, solo para ella existe espacio en su pensamiento, así que la persigue constantemente dejando de lado sus obligaciones, entre las que está el cuidado de su amistad.

La Compañía Nacional de Teatro Clásico representa Los dos hidalgos de Verona, una comedia iniciática de Shakespeare en la que se plantean los que serán temas fundamentales en el dramaturgo y sus continuadores, como la fuerza trastornadora del amor, el poder de la amistad y la autoridad de las familias, sobre todo de los padres, en el enfoque vital de los hijos. La dirección de la obra corre a cargo de Declan Donnellan que, junto a Nick Ormerod, realiza una acertadísima adaptación del texto shakespeareano, actualizando los temas y los personajes para lograr una puesta en escena moderna, dinámica y muy atractiva para todos los públicos. ¿Cómo no intentar actualizar un texto que trata sobre amor y amistad, un tema transversal a todos los tiempos, que da forma y color a las relaciones humanas?

El dilema está claro: ¿son prioritarias las relaciones amorosas o las de amistad? ¿Los amigos se deben lealtad por encima de sus parejas? Cualquier adolescente se ha enfrentado ya a esta disyuntiva: ¿quedo con lxs amigxs o con esa persona que me hace “tilín”? Las amigas y amigos exigen atenciones, pero ¿podemos mantenerlas y atender también a la relación amorosa que iniciamos? Proteo demuestra que no es posible. Su enamoramiento con Julia le lleva a descuidar todo lo demás, así que su amigo Valentín le reprocha el alejamiento, el escaso tiempo que disfrutan juntos desde que ella ha entrado en la vida de su amigo. No obstante, poco después él también se enamora de una dama, Silvia, y repite el mismo patrón. Ahora es Proteo quien le reprocha su sonrisa bobalicona y su mirada ensimismada. Pero la trama no termina aquí: la amistad se pondrá a prueba cuando los deseos de los amigos coinciden en la misma mujer.

La puesta en escena está absolutamente centrada en las relaciones de los personajes, que no necesitan apenas nada pues todo gira en torno a las conversaciones, a la exposición de los sentimientos o a las acciones que los acompañan. En el centro del escenario hay un panel donde se proyectan las acotaciones espacio-temporales: el paso de los días, el cambio de lugar, etc. Para la escena que se desarrolla en un bosque de la Lombardía se utiliza una imagen fotográfica, absolutamente realista, de una masa boscosa cerrada. Una vez más nos alejamos del Renacimiento propiamente, sin renunciar al Locus amoenus.

Ese panel central sirve igualmente de foro por el que entran y salen los personajes. A ambos lados se suelen situar Silvia y Julia, que observan expectantes cómo actúan y hablan sus enamorados cuando ellas no están presentes; pero sí lo están, por lo que reaccionan gestualmente ante las barrabasadas, disparates o cursiladas de los chicos. Son ellos los protagonistas, pero ellas también reivindican su participación en la trama, su protagonismo en las relaciones que establecen; tanto Julia como Silvia son mujeres valientes que se enfrentan a la autoridad paterna y los preceptos sociales. Y es que por amor, lo que haga falta.
Además de esta mirada interna y externa que aportan los personajes femeninos, se utilizan otros recursos metateatrales a lo largo de la obra que nos recuerdan que es una representación, que todo sigue un orden predeterminado. Por ejemplo, entre escenas a veces los personajes se quedan congelados y otros, lo que no participan entonces, los recolocan y redirigen, como si fueran marionetas. Pero el momento más evidente es la entrada a escena de Lanza, el criado de Proteo, genialmente representado por Goizalde Núñez, que se queja de todo: empieza con el técnico de luces, que no la enfoca, y sigue con la denuncia de la falta de medios del teatro, por la que carece de un elemento esencial para su personaje. Por si hubiera dudas de si estamos con el texto de Shakespeare o no, nos señala aquellos parlamentos que son del Bardo y lo que ella ha aportado.

El vestuario está igualmente actualizado, los vestidos de las enamoradas y los trajes de los enamorados podrían encajar en una fiesta del siglo XXI. Se ha buscado una conexión de colores entre las parejas: el vestido de Julia y la corbata de Proteo son rojas, así como azules el vestido de Silvia y la corbata de Valentín. El gran extrañamiento se produce cuando aparece el duque de Milán en chándal, haciendo carreritas y estiramientos.
Es una obra muy divertida. Las carcajadas se disparan no solo por la actualización de la trama (los gestos de los y las enamoradas son hilarantes) sino por el propio texto en sí, buscándole las vueltas para hacerlo absolutamente accesible, pero sobre todo completamente humorístico.

El pequeño espectador adolescente estaba presente en la sala y disfrutaba de la obra tanto como el público adulto. Estos vaivenes emocionales entre amistades y noviazgos son la sal de su día a día; la sal y el azúcar, claro. ¿Quién no ha recibido reproches de sus amigos por la falta de atenciones? ¿Quién no se ha atontado y ha mirado al infinito recordando la mirada de la tarde anterior? Por la cercanía con el tema, por el acierto en la puesta en escena, por la diversión garantizada con la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que interpretan a los clásicos con una soltura envidiable; por todo ello y por varios aspectos más de los que no queríamos hacer espóiler, recomendamos absolutamente no perderse Los dos hidalgos de Verona.
Por Sara Barquilla Guerrero
FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA
Vista el jueves 8 de mayo en el Teatro de la Comedia (Madrid)
Elenco:
Jorge Basanta – Antonio / Duque / Posadero
Prince Ezeanyim – Pantino / Bandido / Músico
Alberto Gómez Taboada – Turio
Rebeca Matellán – Silvia
Manuel Moya – Valentín
Alfredo Noval – Proteo
Goizalde Núñez – Lucetta / Lanza / Bandida / Música
Antonio Prieto – Speed / Bandido
Irene Serrano – Julia
Dirección: Declan Donnellan.
Adaptación de la dramaturgia: Declan Donnellan y Nick Ormerod.
Traducción, asesoría de dramaturgia y Ayte. Dirección: Josete Corral.
Diseño de escenografía y vestuario: Nick Ormerod.
Diseño de iluminación: Ganecha Gil.
Diseño de vídeo: Celeste Carrasco.
Diseño de Sonido: Sandra Vicente & Kevin Dornan.
Música original: Marc Álvarez.
Movimientoy coreografía: Amaya Galeote.
Producción ejecutiva: Elisa Fernández.
Intérprete: Juan Ollero.
Ayte. de escenografía: Sira González.
Ayte. de iluminación: Javier Hernández.
Ayte. de vestuario: Elena Colmenar.
Director de producción: Miguel Cuerdo.
Marketing y distribución: Julio Municio.
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