Por Mencía Barroso
Cuando pensamos en un ballet clásico donde amor, magia y lucha entre el bien y el mal se entrelazan, rápidamente nos viene a la cabeza el clásico El lago de los cisnes, cuyo libreto fue escrito por el director teatral Vladímir Petróvich Béguichev y el bailarín Vasili Gueltser. La música que le dió fama mundial fue compuesta por el célebre músico ruso Piotr Ilich Chaikovski (Tchaikovsky).
¿Podrá la hermosa princesa Odette, convertida en el cisne blanco, recuperar su forma humana? ¿Será el príncipe Sigfrido valiente y honesto con sus palabras de amor, sin dejarse seducir por la preciosa Odile, el cisne negro? La trama de este ballet de finales del siglo XIX mezcla dos escenarios clásicos del Romanticismo y del Ballet Clásico Puro, que comenzaron a explorar la psicología humana y el concepto del Doppelgänger (el doble), la dualidad entre el bien y el mal. Este juego psicológico fascinaba al público de la era victoriana y zarista.
El lago de los cisnes es uno de los ballets más famosos y queridos de todos los tiempos. Compuesto por Piotr Ilich Tchaikovsky entre 1875 y 1876, cuenta la historia del príncipe Sigfrido, quien se enamora de la princesa Odette, convertida en cisne por el malvado hechicero Von Rothbart. La música de Tchaikovsky es hermosa y evocadora, con melodías eternas que expresan la tristeza, la alegría, la esperanza y el amor.
Sin embargo, si hacemos una relectura de esta obra con la mirada propia del siglo XXI, reinterpretándola bajo la lente de la salud mental, el feminismo y las dinámicas sociales actuales, probablemente sería una historia cuestionada por ese mito del amor romántico tan deconstruido hoy en día. Entonces, ¿por qué sigue viva en teatros de todo el mundo y consigue seguir encogiéndonos el corazón al ver a Odette y Sigfrido luchar por su amor? Esto es lo que consiguen algunos clásicos: mantenerse vivos siglo tras siglo gracias a la belleza de su composición musical y a la fuerza de su representación.
El martes me dispuse a ponerme las lentes de El Pequeño Espectador y acudir al Teatro Lope de Vega, en la Gran Vía madrileña, para disfrutar de El lago de los cisnes, interpretado por el Ballet Clásico Internacional, una propuesta de Tatiana Solovieva Producciones. Un clásico de la danza avalado por tres galardones al Mejor Espectáculo de Danza y respaldado por una cuidada escenografía y un elenco de bailarines de reconocido prestigio internacional, que llevan décadas trabajando juntos para alcanzar un altísimo nivel de excelencia artística.
El Ballet Clásico Internacional es una propuesta artística de Tatiana Solovieva Producciones, que desde hace más de 35 años acerca los grandes títulos del repertorio clásico al público español, respetando y honrando la tradición del ballet. Sus producciones han sido ampliamente reconocidas por su calidad, con tres premios al Mejor Espectáculo de Danza del Teatro de Rojas de Toledo (2013, 2015 y 2018) y el Premio al Mejor Espectáculo de Danza de Vigo en 2008, ambos concedidos por votación popular.

El martes 13 de julio coincidió la representación con un partido del Mundial, por lo que el teatro presentó un aforo inferior al habitual. Aun así, fueron muchos los grandes y pequeños espectadores que decidimos cambiar el fútbol por una velada de danza. Y, visto el resultado, fue una decisión más que acertada.
Comienza la obra. El telón permanece aún bajado mientras suenan los primeros compases de la inolvidable partitura de Tchaikovsky. El patio de butacas guarda un silencio absoluto. Durante unos minutos solo interviene uno de nuestros sentidos: el oído. Poco después, el telón se abre y los bailarines llenan el escenario con movimientos delicados, elegantes y perfectamente sincronizados.

A partir de ese instante, la magia del ballet hace el resto. La interpretación de los bailarines transmite una gran limpieza técnica, pero también una enorme sensibilidad. Cada gesto, cada mirada y cada movimiento de brazos contribuyen a contar una historia en la que las palabras son innecesarias. La protagonista logra diferenciar con gran naturalidad la delicadeza y vulnerabilidad de Odette frente a la fuerza y la seducción de Odile, dos personajes opuestos que exigen un extraordinario dominio interpretativo además del virtuosismo técnico.

El cuerpo de baile merece una mención especial. La famosa danza de los cisnes es uno de los momentos más esperados de la representación y no defrauda: la sincronía entre las bailarinas, la precisión de sus movimientos y la sensación de ligereza consiguen crear la ilusión de estar contemplando un auténtico lago habitado por cisnes. Es un ejemplo de disciplina, coordinación y belleza escénica.
El vestuario, elegante y cuidadosamente confeccionado, realza la personalidad de cada personaje. La escenografía, sin necesidad de grandes artificios, recrea con acierto los distintos espacios de la historia, apoyándose en una iluminación muy cuidada que envuelve cada escena y potencia la atmósfera mágica del relato.
La música de Tchaikovsky, interpretada con toda la fuerza emocional que requiere esta partitura, continúa siendo el alma de la obra. Resulta imposible permanecer indiferente cuando comienzan a sonar algunas de las melodías más conocidas del repertorio clásico, capaces de emocionar tanto a quienes descubren este ballet por primera vez como a quienes regresan una y otra vez para reencontrarse con él.
El lago de los cisnes sigue demostrando por qué, casi siglo y medio después de su estreno, continúa siendo una de las grandes joyas del ballet universal. Esta producción del Ballet Clásico Internacional consigue emocionar a los pequeños espectadores, ofreciendo una representación elegante, emocionante y fiel a la tradición. Un espectáculo que nos recuerda que algunos clásicos nunca pasan de moda porque siguen emocionando con la misma intensidad que el primer día.
Si tienen la oportunidad de verla, no la dejen escapar: durante dos horas, la magia del ballet convierte el escenario en un lugar donde la belleza habla sin necesidad de palabras.
Por Mencía Barroso
FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA
Teatro Gran Vía
Fechas:
Vista el 14 de julio del 2026
Edad recomendada: familiar. De 12 a 18 años
Duración: 120 min.
Ficha técnica
- Título: El lago de los cisnes
- Música: Piotr Ilich Chaikovski (Tchaikovsky)
- Libreto: Vladímir Petróvich Béguichev y Vasili Gueltser.
- Compañía: Ballet Clásico Internacional.
- Producción: Tatiana Solovieva Producciones.
- Dirección general: Andréi Sharáev.
- Diseño de iluminación: Alexánder Soloviev.
- Escenografía y montaje: Arkadie Nazarenco.
- Lugar de la representación: Teatro Lope de Vega (Gran Vía, Madrid).
Reparto principal de la compañía
- Tatiana Nazachevici.
- Nicolái Nazachevici.
- Lina Sheveleva.
- Ievgen Lagunov.
- Elizaveta Sávina.
- María Litvínova.
- Alexander Litvínov.
- Cristian Preda.
- Serguéi Iliín.
Bailarinas y bailarines de la compañía
- Sara Suárez.
- Nuria Martín.
- Clara Alcaraz.
- Nicole Ferazzino.
- Sara Noveri.
- Gaia Bertolin.
- Sara Righini.
- Roberto Gadaldi.
- Alessandro Bonavita.
- Emanuele Materra.
- Ciro Salomone.
Premios de la producción
- Premio al Mejor Espectáculo de Danza del Teatro de Rojas de Toledo (2013, 2015 y 2018).
- Premio al Mejor Espectáculo de Danza de Vigo (2008).
otras entradas recientes:
Los locos de Valencia de Lope de Vega
Por Sara Barquilla Guerrero Los locos de Valencia es el tercer montaje proyectado por los Teatros del Canal con el objetivo de recuperar los clásicos. Primero fue el drama calderoniano El alcalde de Zalamea y la temporada pasada estrenaron la tragedia de Cervantes...
Prueba
FARSA Y LICENCIA… de Valle Inclán y Ana Zamora
Por Jesús Eguía Armenteros Ni siquiera a los enamorados de Valle Inclán se nos pasa aquello de la dificultad inicial de entender su lenguaje, su español amplio, diverso, mágico, que a veces requiere un “craneo previlegiado” y más aún si Don Ramón se lanza al...


Comentarios recientes