Por Sara Barquilla Guerrero
Las marionetas suelen tener el don de capturar la atención de los espectadores, que se embelesan con sus movimientos casi mágicos. Esta magia se convierte en una experiencia inquietante cuando las marionetas tienen un tamaño prácticamente humano. El espectáculo Feos, dirigido por Aline Kuppenheim y producido por Teatro y Su Doble junto a la Fundación Teatro a Mil, da un paso más en la verosimilitud mezclando la manipulación de marionetas con la proyección audiovisual.
La realización escénica está recomendada para mayores, es decir, no se trata de marionetas para un público demasiado infantil; sin embargo, al acabar el espectáculo, este público mayoritariamente adulto se comporta como lo harían los niños y las niñas: se acerca al espejo en diagonal del escenario, alarga su brazo para introducirlo en la zona iluminada; en definitiva, busca una explicación a lo que se acaba de representar, entender los mecanismos utilizados. El adulto se convierte entonces en un pequeño espectador que descubre que acaba de vivir una ilusión.

Las marionetas son manipuladas desde las sombras. Se distinguen unos cuerpos completamente vestidos de negro que evitan interferir en la representación. Sin embargo, se perciben muy grandes respecto a las marionetas, por lo que parecen deidades que mueven a las criaturas a su antojo. No obstante, y volvemos a la ilusión, esas marionetas tienen el mismo tamaño que las personas de la proyección audiovisual que se produce paralelamente. En escena hay una mesa de bar y unos taburetes que son reales junto a otros que son proyectados. Esta combinación de realidad y ficción, como ya he señalado, llena de curiosidad al espectador.

Feos está basado en un cuento de Mario Benedetti, La noche de los feos. La adaptación de Guillermo Calderón toma el relato del escritor uruguayo y juega con él como si fuese una masa de plastilina: lo estira, lo moldea, lo amplifica. Gracias a ello, los dos protagonistas de la historia ganan en profundidad. El lector del cuento se halla frente a una historia breve, concisa, donde los silencios y las miradas le ganan terreno al diálogo. Por su parte, la adaptación teatral recoge la conversación de esos personajes, que solo es el punto de partida para que él y ella se explayen en sus emociones, en sus experiencias, en sus expectativas, en su forma de pensar.

Dos personajes. Ambos son feos, muy feos, tanto como para resaltar entre la normalidad. ¿Y qué ocurre cuando la gente es muy fea? Pues lo mismo que con la gente muy guapa: son foco de miradas y comentarios. Su aspecto físico determina sus relaciones tanto como su forma de establecerlas. Estas dos personas, un hombre y una mujer, coinciden en el cine y luego se toman algo juntos en una cafetería. ¿El hecho de ser feos los une necesariamente? ¿Qué puede pensar la gente de alrededor de esa coincidencia tan llamativa de dos personas tan feas? La obra y el cuento de Benedetti plantean estas cuestiones nada banales: la importancia del físico, la reacción pública ante cierta imagen y, en definitiva, cómo se moldea la vida de una persona según la apariencia que por genética le ha tocado en gracia (o desgracia).

La recomendación para mayores de 14 años nos recuerda que no se trata de una obra infantil, pero sí es apta para adolescentes. De hecho, ese pequeño espectador joven está muy inmerso en la actual cultura de la imagen así como está forjando una identidad en la que la autoimagen tiene un peso fundamental. La obra pone en bandeja una reflexión sobre cómo afecta a las personas lo que son o lo que sienten que son. Además, nos recuerda que existe un canon de belleza que funciona como balsa de aceite de la que es difícil escapar, porque es pegajosa y cala muy hondo tanto a nivel individual como social.
Por Sara Barquilla Guerrero
FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA
Vista el viernes 1 de mayo en los Teatros del Canal (Madrid)
Dramaturgia: Guillermo Calderón, inspirado en el cuento La Noche de los Feos, de Mario Benedetti.
Dirección: Aline Kuppenheim.
Manipulación: Aline Kuppenheim, Ricardo Parraguez, Ignacio Mancilla, Catalina Bize, Loreto Moya.
Producción: Loreto Moya.
Voces: Francisco Melo, Roberto Farías, Aline Kuppenheim.
Jefe técnico: José Luis Cifuentes.
Escenografía: Cristián Reyes.
Diseño de iluminación: José Luis Cifuentes.
Música original y banda sonora: José Miguel Miranda.
Diseño integral: Aline Kuppenheim.
Realización general: Aline Kuppenheim, Santiago Tobar, Ignacio Mancilla, Antonia Cohen, Vicente Hirmas, Daniel Blanco P.
Diseño de vestuario: Muriel Parra, Felipe Criado.
Realización vestuario: Lissette Figueroa, Marcela Gebauer.
Dirección fotografía: Arnaldo Rodríguez.
Eléctricos: Peter Urzúa, Jorge Suazo.
Animación: Aline Kuppenheim, Antonia Cohen, Camila Zurita.
Posproducción: Luis Salas, Renzo Albertinni.
Financia: FONDART.
Produce: Teatro y Su Doble.
Coproduce: Fundación Teatro a Mil.
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