Por Sara Barquilla Guerrero

Treinta años cumple el Festival Internacional de Artes Escénicas para todos los públicos Teatralia. Treinta son las obras que participan en esta edición procedentes no solo de España, sino de varios países europeos (Italia, Alemania, República Checa, etc.) y americanos (Brasil, Chile y Canadá). Onírica Mecánica es la compañía que abre el telón de esta trigésima edición de Teatralia con su espectáculo Verne, que combina teatro gestual, de objetos y sensorial. Se trata de una experiencia inmersiva donde la narración se ve enriquecida con múltiples momentos líricos que invitan a la contemplación, a la reflexión y a explorar las emociones que recorren el cuerpo ante los estímulos escénicos utilizados.

La obra se compone de dos partes llamadas Acto 1 y Acto 2, que cierran con un colofón que pretende y logra ir más allá. El Acto 1 es la parte de la obra dedicada puramente a Julio Verne y la más narrativa del espectáculo. Se concatenan tres obras del escritor: Viaje al centro de la Tierra, 20.000 leguas de viaje submarino y De la Tierra a la Luna. Los tres actores se convierten en personajes de las aventuras de Verne, descendiendo al interior de la Tierra, descubriendo el fondo del mar y viajando al mundo lunar. En los tres casos, la situación es intrigante; los personajes exploran mundos ignotos donde hallan objetos extraños, escuchan ruidos terroríficos o luchan por ser la primera persona en llegar. De estos relatos sacamos el ansia exploradora humana así como la competición que a veces se impone al espíritu cooperativo. Igualmente, en esos mundos desconocidos hay seres extraordinarios, seguramente enormes, que suponen un peligro a priori, pero que se quedan en ese territorio de lo extraño y quizá terrible.

 

El Acto 2 es la interpretación de Onírica Mecánica a partir de las historias de Julio Verne. Realmente podemos decir que el planteamiento es una maravilla. ¿Para qué descender al interior de la Tierra si aún no conocemos toda la riqueza del mundo natural? En cuanto al mundo submarino, es evidente que debemos cuidarlo y que nos dure mucho tiempo en su grandiosidad. Por último, y siguiendo la estela del cuidado y la admiración a la naturaleza, el espacio exterior ofrece de por sí todo un mundo desconocido pero inspirador, del que podemos servirnos para echar a volar la imaginación.

El colofón, como dije al principio, es absolutamente inesperado pero concuerda con el mensaje de Verne (atención: espóiler). Ese cuidado del planeta y de todo lo que contiene depende de la humanidad que lo habita y qué mejor mensaje para que cale en los y las más pequeñas, para que valoren lo que poseen; pero también para las mayores, que seamos conscientes de lo que dejamos a las generaciones venideras. En este broche final srompe la cuarta pared invitando a todos los niños y niñas de la sala a formar parte de ese escenario lleno de belleza, curiosidad y cuidado. También suben muchos mayores y, todos juntos, cantan. Es un coro maravilloso que interpreta una melodía llena de ternura y emoción. De la humanidad depende de sigamos teniendo un planeta ignoto que nos siga sorprendiendo y permitiendo la vida. 

El escenario inicial se presenta desnudo y poco a poco van ocupando el espacio elementos que resignifican el espectáculo. La música está presente todo el tiempo, tensando la narración de Verne o apuntalando emociones durante el segundo acto. Junto a la música, múltiples sonidos acompañan a la representación, a los gestos de los personajes, haciendo más verosímil la puesta en escena. Los tres personajes van sacando objetos que utilizan durante las tramas, mostrando al público sus descubrimientos; luego se quedan en escena para ser reutilizados pero, sobre todo, se convierten en elementos que aportan belleza al conjunto, como las plantas o los cubos de colores. Se descuelgan unos círculos enormes, planos y transparentes, que funcionan como lupas gigantes así como generadoras de reflejos y contrastes lumínicos. El fondo del escenario es una pantalla de proyección, pero también se utiliza para hacer sombras. La luz inunda la escena o se focaliza o desaparece y solo el patio de butacas parece navegar en una atmósfera onírica llena de sonidos inspiradores. Todo va sumando hasta ese colofón, donde el escenario ha ido conformándose con objetos y luego además con personas, con luz y con música, y ya no se te trata de un espectáculo teatral, sino de esa experiencia inmersiva que es la vida, para sentirla y formar parte de ella colectivamente.

El pequeño espectador observa extasiado. También pregunta en voz baja (¿qué ha pasado? ¿dónde se han ido?). Y, como no podía ser de otra manera, alguna voz participa espontáneamente desde el patio de butacas. Yo no soy una pequeña espectadora, pero me he sentido como tal, dejándome mecer por el sonido, la luz y toda la mecánica onírica de Verne.

Por Sara Barquilla Guerrero

FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA

Vista el viernes 6 de marzo de 2026 en los Teatros del Canal (Madrid), dentro del Festival Teatralia.

Dirección y dramaturgia: Jesús Nieto.
Asistente de dirección: Alicia Bernal.
Auxiliar de dirección: Paula Sirvent.
Desarrollo creativo: Estela Santos, Guillermo Carrasco, Santiago Guillamón, Claudia García, Alicia Bernal, Pedro Guirao, Paula Alemán, Inés Muñoz , Ovidi Calderón y Jesús Nieto.
Interpretación y manipulación: Estela Santos, Guillermo Carrasco, Santiago Guillamon / Claudia Calavera.
Acompañamiento actoral: Antón Valén.
Diseño de escenografía: Jesús Nieto.
Diseño de vestuario: Tomás Soto Gomez.
Diseño de iluminación: Ines Muñoz y Jesús Nieto.
Diseño de sonido y músicas: Pedro Guirao.
Vídeoescena: Paula Aleman y Jesús Nieto.
Diseño gráfico: Majo Carambola.
Diseño cartel: Beto Valencia.
Mirada externa: Mariso Periferia Teatro.
Producción y distribución: Inés Gutiérrez Arciniega.

Una coproducción de: Onírica Mecánica y el Área de Artes Escénicas del Ayuntamiento de Murcia, con el apoyo de ICA Murcia, programa de residencias del Lava y Topic Tolosa.

 

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