Por Sara Barquilla Guerrero

La compañía canadiense People Watching da el pistoletazo de salida a la segunda edición de Riesgo, Festival de circo de la Comunidad de Madrid, compartiendo cartel con compañías de origen belga, francés y español. Los seis espectáculos de este 2026 presentan las múltiples facetas del arte circense y su íntima conexión con otras disciplinas. En Play Dead (Hacerse el muerto) el circo camina de la mano de la danza; se genera una simbiosis llena de lirismo que inunda el escenario de metáforas visuales invitando al espectador a ir más allá de la contemplación del espectáculo, a dotar el movimiento de los acróbatas de un posible significado.

People Watching está conformada por seis artistas circenses de la escuela de Montreal que, durante la pandemia, gestaron grupalmente un proceso creativo que desembocó en el espectáculo que abre Riesgo y que se estrenó en 2023. Es importante recalcar la labor colectiva de creación y de puesta en escena, algo que transmite el propio espectáculo: la necesaria interrelación, el encuentro, la colaboración, base indispensable para el circo que se extrapola a nuestra propia existencia.

Quizá parece que empiezo por el final, pero allá va: Play Dead es una joya. Es realmente una belleza visual alimentada de otros estímulos sensoriales que no son nada accesorios, porque colaboran para lograr un producto casi holístico donde no se echa en falta la palabra. El espectador ve los cuerpos así como siente el contacto entre los mismos. En la obra hay texturas, sensaciones táctiles que se perciben a través de la vista. También se incorpora el sonido, a veces melódico, otras una especie de reverberación que retumba en los cuerpos, los que actúan y los que disfrutan del espectáculo.

Lo más impresionante de la obra es la constatación de que existen cuerpos que se pueden mover de esa manera. No es imposible: el espectador ve las contorsiones, las caídas, los equilibrios, las convulsiones. Y comprueba que esos movimientos increíbles se pueden realizar en conjunto, de forma coreográfica, convirtiendo la escena en algo matemático y geométrico. Lo que se transmite es la perfección: el movimiento medido no de una parte del cuerpo, sino de todo él y junto a otros cuerpos que transitan al unísono.

La puesta en escena, sin embargo, es un sencillo entorno cotidiano: un sofá, unas cortinas, un armario, una mesa de comedor y cuatro sillas. Se trata de una sala de estar, un comedor donde todos esos elementos son trepables, saltables, colgables, escurribles. Eso sí, todo sucede de forma fluida e interconectada. Los personajes salen a escena, interactúan con el mobiliario y con otros personajes, como si fuera un grupo de amigos y amigas que conviven, que pasan tiempo en común. Y en esos intercambios no hay palabras, sino encuentros corporales de entendimiento o de rechazo, de acercamiento o de expansión. Toda la puesta en escena se puede leer como una metáfora de la vida, de los traspiés que damos a cada paso, de los apoyos que encontramos en nuestro entorno o de la necesidad del mutualismo para mantener el equilibrio.

Además de los ejercicios corporales con los elementos de la escena o con otros cuerpos, también se utilizan objetos de esa cotidianidad casera como son los platos y las botellas. Los primeros empiezan repartiéndose de forma natural para poner la mesa, pero terminan girando de manera infinita como platos chinos ante las miradas congeladas de los asistentes al banquete. Sucede en varios momentos del espectáculo, los personajes parecen hacerse “los muertos” o su mente ha pulsado la tecla de pausa y solo la persona que realiza el número sigue funcionando. En cuanto a las botellas, sirven de ejercicio de equilibrismo imposible pero cierto. La mesa de comedor pierde dos patas y se transforma en una rampa en la que dos personajes se turnan para un continuo ascenso y descenso cargado de piruetas y movimientos coordinados. Por último, nunca abrir el armario y elegir una prenda pudo estar tan adornado de zigzags corporales y puntos de apoyo imposibles donde el cuerpo se encuentra a sí mismo, más allá de la ropa que lo cubre.

En definitiva, se trata de un espectáculo absolutamente surrealista en el sentido freudiano del término. Se representan escenas que podrían formar parte de un universo onírico, donde los cuerpos se mueven de una forma irreal pero se rodean de elementos y objetos absolutamente cotidianos y reconocibles. Además, la iluminación colabora con este objetivo, contrastando espacios oscuros frente a otros tenue o fuertemente iluminados. Y siempre esos sonidos de fondo, a veces latidos, otras zumbidos, pero también canciones animadas que dinamizan aún más los movimientos.

La pequeña espectadora que me acompañaba no perdía detalle de lo que sucedía en escena. Por lo que comentó al terminar, no necesitó interpretar el sentido metafórico que busqué yo, sino que se dejó impresionar por la coordinación de movimientos así como por la fuerza física de los y las acróbatas. Como muchos adolescentes, se incomodó con los torsos al desnudo, pero sí percibió esa textura de los cuerpos cuyos músculos están en tensión absoluta.

Play Dead ancla a la butaca al espectador, que se estremece ante la posibilidad de movimiento y expresión del cuerpo humano mientras se regodea con la belleza de una puesta en escena trabajada hasta el último milímetro. Medida. Absolutamente controlada. Algo que, en nuestra vida cotidiana, aunque queramos, es imposible de conseguir. Y en nuestros sueños, tampoco.

Por Sara Barquilla Guerrero

FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA

Vista el jueves 12 de febrero de 2026 de los Teatros del Canal (Madrid).

Festival de circo Riesgo.

Dirección artística e interpretación: Ruben Ingwersen, Jérémi Levesque, Natasha Patterson, Brin Schoellkopf, Jarrod Takle y Sabine Van Rensburg.
Diseño escenográfico: Emily Nicole Tucker.
Diseño sonoro: Colin Gagné.
Música: Michal Aloni, Francisco Cruz, Olivier Landry-Gagnon y Stefan Boucher.
Diseño de iluminación: Émile Lafortune.
Vestuario: Camille Thibault-Bédard, Catherine Veri, Jonathan Saucier y Paul Rose.
Carpintería: Alastair Davies, Atelier Moa.
Asistencia dramatúrgica: Peter James, Isabelle Chasse y Gypsy Snider.
Representación internacional: Aurora Nova.
Producción y gestión de gira: Léah Wolff.

 

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