Por Sara Barquilla Guerrero
La Compañía Nacional de Teatro Clásico repone durante estas navidades Los bufos madrileños, una obra dirigida por Rafa Castejón ya estrenada en 2023, con la que se recupera la figura de Francisco Arderíus así como el teatro del siglo XIX.

La obra se compone de dos partes. En primer lugar, se realiza un prefacio que explica quién fue Francisco Arderíus, su éxito breve pero intenso en los años setenta del siglo XIX, su adaptación del espectáculo bufo a la escena española y su retiro y rápida muerte con solo 50 años. En segundo lugar, se representa una zarzuela de Arderíus, Los órganos de Móstoles, una pieza breve y simpática, de corte costumbrista, que combina la representación dramática y la lírica con mucha solvencia, a pesar de haber señalado en el prefacio el carácter de los bufos, intérpretes mediocres en cualquiera de las artes (baile, canto, dramatización, etc.) pero con una capacidad humorística que hacía las delicias de los espectadores decimonónicos. Los del siglo XXI también nos reímos tanto como valoramos el trabajo exquisito de la representación de Los bufos madrileños, para nada mediocre.

El prefacio se realiza en el proscenio y en los palcos laterales más cercanos al escenario; es una suerte de polifonía de voces que presentan el trabajo y al autor Arderíus, así como explican conceptos que pueden no conocerse en el patio de butacas y que son fundamentales para la obra, como es la figura del bufo. Esta especie de loa sirve para que el público se prepare para la representación y entienda de dónde viene, nada menos que del París del XIX (Los bufos parisienses de Jacques Offenbach), y aquí, en España, sirvió de acicate para que el público volviera a llenar los patios de butacas y mucha gente pudiera vivir de la profesión teatral.

Los órganos de Móstoles plantea una trama muy divertida: un padre ya anciano desea independizarse de sus hijas, que no se casan de ninguna manera, así que pone un anuncio en el periódico ofreciendo una dote atractiva para que “se las quiten de las manos”. Llegan tres pretendientes de intereses tan dispares como sus personalidades y se encuentran en la diatriba de repartir con orden para que todos queden contentos. Ellas esperan lo mismo, estar conformes con la elección de los aspirantes pero, cuando la dan a conocer, les es absolutamente contraria. Entonces aparece un vecino, enamorado desde tiempos inmemoriales de la hermana pequeña, que perturba el enredo descuadrando el número de las parejas. También genera confusión con su nombre: Don Juan Tenorio. ¿El de verdad? ¿A cuántas ha seducido? ¿Huirá también cuando la tensión se dispare? ¿Gusta cenar con espectros? Estos interrogantes se irán resolviendo conforme avanza la trama y añadirán un punto humorístico por la parodia del personaje y el recuerdo de algunos famosos versos.

El eje fundamental de la obra es el humor. Los bufos y las bufas son divertidos, no solo por el disparatado papel desempeñado en la trama, sino por las réplicas, las alusiones, la gestualidad. También por la gracia de sus movimientos o la falta de la misma. Y para el espectador del siglo XXI, por los guiños a la actualidad, como nombrar a Mbappé o marcarse unos pasos al modo Shakira. El pequeño espectador, presente en la sala, pilla al vuelo el gesto de Once en una de las hermanas, tratando de enviar energía a través de su mano.

No se trata de una obra transcendente, pues ni la trama ni el tema tienen ese carácter. Pero es muy divertida y la adaptación con guiños a la actualidad está muy lograda. Las partes cantadas se entienden con facilidad e incluyen igualmente dardos humorísticos. Estamos frente a una oportunidad para acercarnos al teatro del XIX que fue germen del teatro de varietés, del género chico, del cuplé y de otros géneros muy populares hace ya un siglo y que forman parte de nuestra historia más reciente.
Por Sara Barquilla Guerrero
FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA
Vista el domingo 4 de enero de 2026 en el Teatro de la Comedia (Madrid).
Duración: 80 minutos.
Reparto: Clara Altarriba, Chema del Barco, Rafa Castejón, Antonio Comas, Paco Déniz, Eva Diago, Beatriz Miralles, Alejandro Pau y Cecilia Solaguren.
Versión y dirección: Rafa Castejón.
Dirección musical: Antonio Comas.
Coreografía y dirección adjunta: Nuria Castejón.
Iluminación: Juan Gómez-Cornejo (AAIV).
Diseñador de sonido: Benigno Moreno.
Escenografía: Alessio Meloni (AAPEE).
Ayudante de iluminación: Pilar Valdelvira.
Vestuario: Gabriela Salaverri.
Ayudante de dirección: Leonora Lax.
Ayudante de escenografía: Mauro Coll (AAPEE).
Ayudante de vestuario: Mónica Teijero.
Realización de escenografía: Readest (AAPEE).
Producción: Compañía Nacional de Teatro Clásico.
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