Por Sara Barquilla Guerrero
Vuelve a subirse a las tablas el clásico de Lope de Vega Fuenteovejuna, producido en esta ocasión por la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Rakel Camacho dirige a un elenco de diecinueve actores y actrices que presentan una espectáculo total que aúna interpretación musical y escénica y se completa con una puesta en escénica mastodóntica, donde el vestuario, el maquillaje, la iluminación y la escenografía comparten el protagonismo que merece la tragedia lopesca.

Fuenteovejuna es el pueblo en cuanto lugar donde vive un grupo de vecinos, pero también refleja una identidad colectiva basada en la ruralidad y el trabajo campesino. Esta idiosincrasia se representa con elementos como el heno, las herramientas o los cantares que acompañan las tareas del campo. Esto no significa que el campo esté idealizado, pero sí se pretende mostrar la belleza de esta vida comunitaria que funciona con equilibrio, siguiendo los ciclos de la naturaleza, que son los de la vida. Sin embargo, aparece un elemento disruptor, el Comendador, que no pertenece a este mundo pero tiene el poder otorgado por su estamento para manejar los hilos de esta comunidad rural. El Comendador, Fernán Gómez de Guzmán, es despótico, todo lo que sale por su boca son órdenes furibundas y desdenes desabridos. Su acción corporal es tan violenta como su lenguaje. El espectador se remueve incómodo en su asiento ante tamaña tiranía, basada en el autoritarismo y el poder patriarcal. Enfrente está Fuenteovejuna, un pueblo de villanos amedrentados ante este personaje, que soportan con resignación las fechorías y caprichos hasta que se cruza un límite, una red flag que hace reaccionar a la villa.

El vestuario del comendador y sus esbirros es de color blanco, como si fueran intocables, y con un tejido que marca la altura social. Los vecinos de Fuenteovejuna llevan ropas diversas, faldamentos y camisas de estampados variados que se agitan libremente en los bailes. Sin embargo, su atuendo desaparecerá con los suplicios sufridos: a Mengo le quitarán la ropa para azotarlo y a Laurencia, para violarla. En ambos casos la desnudez, absolutamente justificada, es elocuente de la vulnerabilidad de estos vecinos. De nuevo desaparecerá la ropa de aquellos que son torturados para conseguir el nombre del responsable y, una vez más, los cuerpos desnudos muestran con evidencia el sangrante sufrimiento de esas personas. A este respecto, es impactante y está muy conseguida la escena que sigue al asesinato de Fernán Gómez de Guzmán, donde toda Fuenteovejuna se deja llevar por el éxtasis de la venganza y danza enfervorecida en torno al muerto, con la ropa hecha jirones y el cuerpo embadurnado de sangre.

Los Reyes Católicos son dos personajes que tienen una simbología especial. Cada vez que aparecen en escena Isabel y Fernando se sacan dos butacones que ejercen de tronos, con sus iniciales grabadas en los respaldos. Van vestidos con trajes largos de color pardo que les cubren incluso la cabeza, a modo de armadura, y empuñan unos crucifijos de color amarillo fosforito, aportando un punto kitsch muy irónico. Sus conversaciones son siempre de cara al público, subidos en el trono desde el que gestionan el reino, absolutamente alejados de lo que vive el pueblo, que es quien de verdad sufre los desmanes y agravios de los nobles uncidos por ellos. De hecho, a pesar de que en la comedia de Lope los Reyes Católicos perdonan a Fuenteovejuna, demostrando ser unos reyes indulgentes y justos, en esta representación se añade una coda a la obra (atención, espóiler): el pueblo canta colectivamente unos versos en los que demuestra que ejercerá su poder por justicia social y dignidad.

No podemos olvidarnos de Laurencia, la protagonista individual que se alza atravesando la colectividad. Es una mujer la que consigue remover las conciencias, agitar el descontento y transformarlo en cambio social. La pasividad de la comunidad se convierte en una fuerza motriz que desafía sus miedos y es capaz de enfrentarse al opresor. Fuenteovejuna sale victoriosa logrando restaurar el equilibrio de la vida; es más, gracias a esa venganza es posible volver a vivir.

La música es un elemento fundamental en la representación de la obra. Los cantares de los campesinos recuperan la tradición folclórica y la acompañan de danzas y de ritmos colectivos que son todo un espectáculo audiovisual. Hay estrofas cantadas individualmente con mucho arte, pero es fascinante la interpretación coral, el conjunto de voces que representan además esa fuerza de lo grupal, del colectivo. La fuerza necesaria para vencer al tirano. Este efecto también se consigue con las coreografías y los movimientos en conjunto, que generan un todo orgánico donde la acción de uno repercute en todos los demás. Más allá de la simbología, la belleza tanto musical como visual es patente.

El pequeño espectador llena el Teatro de la Comedia un viernes por la tarde. Cada vez más profesorxs de Educación Secundaria animan a su alumnado a acudir al teatro o se lo llevan a ver las representaciones de los clásicos que luego se estudian en las aulas. El joven espectador se siente muy ajeno al texto en verso, le cuesta seguir los parlamentos y comprender el sentido de algunas escenas, pero queda extasiado ante una representación con tanto estímulo sensorial y acumula sensaciones que le provocan una emoción a la que tendrá que dar un significado. El asombro, la alegría, la impotencia, la repugnancia y muchas más tienen lugar en Fuenteovejuna. Aunque han captado más de lo que creen, se frustran por los interrogantes que no saben resolver, pero que pueden convertirse en motor de aprendizaje, de reflexión, de toma de conciencia.
Por Sara Barquilla Guerrero
Algunos de los comentarios de alumnas/os de 1º de Bachillerato:
“La obra tuvo cosas buenas y mala. Fue una representación profesional, pero me pareció bastante desagradable ver a gente mucho más mayor que yo desnuda”.
“Ver este clásico representado ha estado muy chulo porque han conseguido representar muy bien la época y los duros momentos que pasaban. Pero sí es verdad que es muy dura porque se ven cosas fuertes que impresionan y, en el teatro, mucho más que en el cine”.
“Esta representación de Fuenteovejuna me ha parecido bastante buena, a pesar de haber unos cuantos desnudos que no me esperaba; la iluminación y la puesta en escena ha sido espectacular”.
“La obra me pareció muy violenta”.
“La obra me ha gustado bastante, aunque algunas escenas me han incomodado y me han parecido un poco fuertes”.

FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA
Vista el viernes 24 de octubre de 2025 en el Teatro de la Comedia (Madrid)
Elenco: Pedro Almagro, Mikel Arostegui Tolivar, Lorena Benito, Carmen Escudero, Mariano Estudillo, Cristina García, Jorge Kent, Pascual Laborda, Vicente León, Lucía López, Cristina Marín-Miró, Chani Martín, Eduardo Mayo, Nerea Moreno, Laura Ordás, Jaime Soler Huete, Fernando Trujillo, Adriana Ubani, Alberto Velasco.
Escenografía: Monica Borromello.
Dirección musical: Raquel Molano.
Lucha escénica: Kike Inchausti.
Ayudante de escenografía: Mauro Coll.
Especialista en heridas y sangre: Lolita.
Iluminación: PIlar Valdelvira.
Composición musical: Pablo Peña y Darío del Moral.
Asesor de verso: Chelo García.
Ayudante de iluminación: Marina Cabrero.
Vestuario: Rosa M. García Andújar.
Coreografía: Sara Cano.
Ayudante de dirección: Marlene Michaelis /Pablo Martínez Bravo.
Ayudante de vestuario: Rosa Rocha.
Versión: María Folguera.
Dirección: Rakel Camacho.
Producción: Compañía Nacional de Teatro Clásico.
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