Por Natasha Stefan García

La exitosa versión de Broadway del cuento clásico La Cenicienta pisa con fuerza la Gran Vía de Madrid esta temporada. Una reinterpretación del cuento original que se aleja de otras producciones ya presentadas por Stage Entertainment España en los teatros de la capital. En este sentido, espectáculos como Aladdín, Anastasia, La Bella y la Bestia o El Rey León (este último continúa en cartel) han tomado como referencia clara para su desarrollo conocidas películas de animación. Sin embargo, Cenicienta. El musical de Rodgers y Hammerstein, dirigido por Anthony Van Laast, se aleja por completo de esta tendencia. 

La historia de esta producción se remonta a la década de los 50, cuando el compositor Rodgers y el dramaturgo y letrista Hammerstein, idearon un musical contemporáneo del clásico cuento para televisión. Este se emitió por primera vez en 1957,  con Julie Andrews como protagonista, pero no sería hasta 2013 cuando se convirtió en la producción teatral de Broadway de la mano de Brokaw y Carter Beane. Esta versión ha sido muy aclamada a nivel internacional, con varios premios y reconocimientos, entre los que destacan 9 nominaciones a los Premios Tony, 5 a los Premios Drama Desk, 2 a los Premios Drama League y 8 a los Premios Outer Critics Circle.  Además, Brokaw y Carter Beane añadieron problemáticas actuales e intentaron conferir de mayor profundidad a los personajes principales. Así, el público podrá encontrar en esta reinterpretación tanto un relato conocido y cercano como una experiencia innovadora y fresca en la que habrá múltiples sorpresas. 

De esta forma, los apasionados del relato de Perrault disfrutarán de los momentos más emblemáticos en la obra: las hermanastras y la madrastra, que viven con una Cenicienta esclavizada; el hada madrina, que ayuda a la heroína a ir al baile transformando una calabaza; el zapatito de cristal en la escalinata de palacio; el príncipe encantador, etc. No obstante, todo ello aparecerá en un contexto distinto, en el que no siempre ocurrirá aquello que el público espera. La historia se ambienta en un reino ficticio inspirado en la estética estadounidense de los años 50, donde los personajes explorarán nuevos caminos y cuestionarán algunos preceptos del relato de Perrault. Ejemplos de ello son la forma en la que Cenicienta llega al baile, cómo aparece el zapato, la relación de Cenicienta con una de sus hermanastras o la preocupación del príncipe (ahora rey) por ofrecer a su pueblo un sistema de gobierno justo. 

En esta línea, se percibe una carga política explícita y que toma protagonismo en la narrativa interna, en especial a través de uno de los nuevos personajes, Jean-Michel, que es el cabecilla de las protestas sociales. Ahora el baile se celebra para mitigar el descontento del pueblo y distraerlo: panem et circenses, pues en el último tiempo los ciudadanos proletarios han sido testigos de cómo les han arrebatado sus territorios de forma injusta. La revolución del pueblo, la conciencia de clase y la importancia de encontrar un sistema de gobierno transparente, que cuente con la ciudadanía para decidir, son algunas de las cuestiones que se abordan sobre el escenario. 

Del mismo modo, la sororidad femenina también encuentra espacio en esta obra, en especial a través del personaje de una de las hermanastras, Gabrielle, que, lejos de maltratar a Cenicienta, termina convertida en uno de sus grandes apoyos. Asimismo, durante la fiesta en palacio las mujeres participan en un tradicional juego basado en las sillas musicales, en el que las dos damas que no logren sentarse deben insultarse haciendo uso de “su lengua viperina” para divertir a los asistentes. La más ocurrente podrá continuar jugando y la otra quedará eliminada. Cenicienta (cuya identidad está protegida bajo el hechizo del hada madrina) termina emparejada con su madrastra, pero cuestiona de forma abierta el sentido de estas acciones y decide compartir un halago en lugar de un insulto. Esto rompe la dinámica del juego y conlleva un cambio en la percepción femenina del grupo. 

Además, también destaca la resignificación final del nombre de Cenicienta, que en el cuento tiene origen en el apodo despectivo que utilizaban su madrastra y hermanastras para deshumanizar a la joven y burlarse de ella cuando se ensuciaba de ceniza, por dormir junto a las brasas de la chimenea las noches más frías. En este caso, la protagonista se identifica con este nombre y decide adoptarlo como propio, puesto que cree que refleja su esfuerzo, vivencias y proceso de aprendizaje. De este modo, lo dignifica, y deja de ser un insulto para convertirse en un nombre del que sentirse orgullosa.  

Por su parte, el elenco que da vida a los personajes de la historia está compuesto de grandes intérpretes, que lograron conectar con el público tanto a nivel interpretativo como vocal y se ganaron su ovación tras un compendio de momentos emotivos, divertidos y repletos de llamativos números musicales. En concreto, Paule Mallagarai como Cenicienta y Briel González como el rey Topher  lograron transmitir con éxito más allá del escenario la profunda conexión entre los protagonistas y la magia e inocencia del primer amor. Destacaron y fueron aclamadas también las actuaciones de actrices que interpretaron a personajes ya conocidos. Es el caso de Mayca Teba como el hada madrina, Mariola Peña como la madrastra y María Gago y Caro Gestoso como la hermanastras Gabrielle y Charlotte respectivamente. Sin embargo, también resaltaron y fueron vitoreados los actores que dieron vida a nuevos personajes, como Eloi Gómez en la piel del revolucionario Jean-Michel, José Navar como el malvado consejero del rey, Sebastián, y Jaume Giró como Lord Pinkleton, el entrañable y divertido portavoz de la corte. 

La producción del musical también denota su enorme despliegue de medios gracias a la música en directo, con una magnífica orquesta que, dirigida por Xavier Torras, aporta a las melodías de Rodgers fuerza y emoción, en especial cuando estas se entrelazan con las voces del reparto. Además, la función española incorpora varios temas musicales nuevos (aprobados por los herederos de Rodgers y Hammerstein) y en la obertura del segundo acto se ofrece al público en pantalla una visión en vivo de la orquesta en acción, donde los más melómanos podrán ver y disfrutar de cerca del trabajo de músicos y director de orquesta. 

A este respecto, las coreografías de Van Laast y Treherne constituyen otro de los pilares del montaje, con un extenso cuerpo de baile que aporta ritmo, luz y magia a las escenas. Lo hace con números dinámicos, repletos de piruetas y ejercicios de sincronización, pero también con momentos más pausados, que desprenden armonía y otorgan un tono más intimista. 

Por último, la puesta en escena cuenta con una escenografía cuidada, que utiliza la tecnología a su favor para crear y moldear el espacio gracias a juegos de luces, pantallas y decorados móviles de gran envergadura. Todo ello, combinado con la caracterización pulida y cuidada de los personajes, que refuerza y proyecta la personalidad de estos gracias al maquillaje y al vestuario. Estos reflejan con precisión la moda estadounidense de la década de los 50 y permiten técnicas de ilusión tan representativas del medio como el teatro de marionetas, para dar vida a los divertidos perros que viven en casa de la protagonista, o el Quick Change (cambio rápido de vestuario), que podemos ver, entre otros momentos, en la icónica transformación del vestido de Cenicienta para ir al baile real.  

En definitiva, la propuesta invita al espectador a redescubrir la historia de La Cenicienta al ritmo de la música y desde una perspectiva distinta, que procura generar incertidumbre y sorpresa con sus cambios sin perder la esencia del cuento de hadas. Con ella disfrutaron niños y adultos, que a la salida comentaban con entusiasmo sus escenas y números musicales favoritos. Así, esta temporada Madrid acoge una velada que promete magia, calabazas y zapatitos de cristal hasta la última campanada. 

«Dame el zapato y yo pintaré a la persona» (Pablo Picasso).

Por Natasha Stefan García

FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA

Vista en el Teatro Coliseum de Madrid el 11 de octubre de 2025.

Reparto: Paule Mallagarai, Briel González, Mayca Teba Marie, Mariola Peña, Eloi Gómez, María Gago, Caro Gestoso, José Navar, Jaume Giró, Anna Alborch, Alex Abad, Andrea Currello, Antonio Fago, Carmen Prados, Elena Rueda, Javier Toca, José Guélez, Kristina Alonso, María Espíldora, Pablo Badillo, Patricia Sánchez, Ramses Vollbrecht, Robert González, Sara Martín, Xènia García, Aroa Gárez, James Douglas, José Montero, Paula Pérez, Rebeca O’Neill, Urko Fernández Marzana y Esteban Verona.

Dirección: Anthony Van Laast

Autoría: Oscar Hammerstein II

Idea original: Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II

Música original: Richard Rodgers

Letras: Oscar Hammerstein II

Libreto: Douglas Carter Beane

Adaptación: Alejandro de los Santos

Dirección musical: Xavier Torras

Dirección técnica: Ed Wielstra

Escenografía: Carla Janssen Höfelt

Iluminación: Howard Harrison

Sonido: Poti Martín

Peluquería: Kayleigh Schultz

Vestuario: Yaiza Pinillos

Coreografía: Anthony Van Laast Nichola Treherne

Vídeo: Jeff Sugg

Producción: Stage Entertainment

Producción ejecutiva: René Marco y Jan Verveer

Edad recomendada: mayores de 7 años

Fotografías de la crítica: TM Teatro Madrid

Fotografía del escenario: Natasha Stefan García

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