Por Celia Rojo Morate

Todos queremos parecer educados, tolerantes, civilizados. Pero, seamos sinceros, ¿cuánto tardamos en perder los papeles cuando alguien nos contradice? A veces basta un gesto, una palabra, un detalle mínimo, para que la cordialidad se quiebre y aparezca esa parte nuestra más absurda, más egoísta… y más salvaje.

Ese es precisamente el terreno en el que se adentra Un Dios salvaje, que llega al Teatro Alcázar bajo la dirección de Jordi Galcerán, en una versión de la obra de la dramaturga francesa Yasmina Reza. Con un texto aparentemente sencillo, la obra disecciona con humor ácido la sociedad contemporánea, abordando temas como la pareja, la crianza, la competitividad y la hipocresía social.

Dos parejas se reúnen para hablar de un conflicto entre sus hijos. Uno de ellos, un chiquillo de nueve años, le ha dado un buen golpe al otro en el parque. Lo que comienza como un intento de mediación amigable se convierte progresivamente en una guerra abierta. Es entonces cuando surge, en cada personaje, ese “Dios salvaje” que refleja la insatisfacción y la complejidad de sus vidas, revelando la fina línea que separa la civilidad del caos.

Todo sucede en el salón de la familia “víctima”. Un espacio aparentemente neutro que pronto se transforma en un ring de boxeo emocional. El encierro físico alimenta la claustrofobia psicológica. Así los personajes quedan atrapados en sus propias contradicciones, y la tensión se vuelve casi palpable. El público asiste expectante, preguntándose hasta dónde será capaz de llegar cada uno.

En ciertos momentos, el guion presenta cierta repetitividad que puede hacer que la trama se perciba más lenta de lo deseable. Sin embargo, esta pausa también permite al espectador asimilar la tensión acumulada, contemplar con detalle las interacciones de los personajes y reflexionar sobre la complejidad de sus conflictos. Los diálogos, mordaces y llenos de ironía, intensifican la incomodidad y la comicidad al mismo tiempo.

El montaje cuenta con un reparto sólido y brillante: Luis Merlo, Natalia Millán, Clara Sanchís y Juanan Lumbreras dan vida con maestría a estos personajes tan patéticos como entrañables. Cada actor aporta matices únicos, mezclando verosimilitud con un toque de surrealismo que intensifica la experiencia.

Pero más allá del juego teatral, Un dios salvaje es también una sublime advertencia pedagógica. Padres, madres, educadores y cualquier adulto que haya intentado alguna vez “enseñar con buen ejemplo” se reconocerá en este espejo incómodo que refleja la distancia entre lo que decimos y lo que realmente hacemos. ¿Qué enseñamos a los niños cuando resolvemos un conflicto a gritos? ¿Qué aprenden de nosotros cuando defendemos la empatía en el discurso, pero practicamos el orgullo en la acción?

Aquí, Reza y Galcerán no solo ponen en escena un conflicto familiar, sino que nos lanzan un desafío silencioso pero potente. Nos recuerdan que educar no consiste únicamente en corregir, imponer normas o dar sermones. Educar implica revisar nuestras propias conductas, enfrentarnos a nuestros egoísmos y contradicciones y, sobre todo, predicar con nuestros actos.

Porque, al final, lo inquietante no es la pelea de dos niños, sino descubrir que los adultos podemos ser mucho más crueles que ellos. Quizá el “dios salvaje” no sea una metáfora ajena, sino esa parte que llevamos dentro, escondida tras la máscara de la corrección social, esperando el mínimo resquicio para salir. Y reconocerlo, tal vez, sea el primer paso para domarlo.

Por Celia Rojo Morate

FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA

Vista en el Teatro Alcázar el 17 de septiembre de 2025

Reparto: Luis Merlo, Natalia Millán, Juanan Lumbreras y Clara Sanchis.

Autoría: Yasmina Reza

Versión: Jordi Galcerán

Dirección: Tamzin Townsend

Producción ejecutiva: Verteatro

Dirección de producción: Carlos Larrañaga

Diseño escenografía y vestuario: Ana Garay

Diseño iluminación: José Manuel Guerra

Diseño música y sonido: Andrés Belmonte

Ayudante de dirección: Ricardo Cristóbal

Ayudante de producción: Beatriz Díaz

Dirección técnica: David González

Construcción escenografía: Mambo Decorados

Prensa: La Cultura a Escena/  Ángel Galán

Fotografía: John Ribes y Juan Carlos Arévalo

Vídeo y fotografía de escena: Nacho Peña

Diseño gráfico: Hawork Studio

Gerencia y regiduría: Sabela Alvarado

otras entradas recientes:

Conversaciones con mi mente de Joaquín Caerza

Conversaciones con mi mente de Joaquín Caerza

Por Celia Rojo ¿Te has parado alguna vez a charlar con tu propia cabeza? No a mandarla callar. No a distraerte con el móvil. No a repetirte aquello de «no le des tantas vueltas». A conversar de verdad. A sentarte frente a ella y preguntarle qué demonios está pasando...

El misterioso verano de Alba Ryder de Teatros Luchana

El misterioso verano de Alba Ryder de Teatros Luchana

Por Celia Rojo ¿Qué se nos viene a la cabeza cuando pensamos en los años 80? Cassettes rebobinados con un bolígrafo, bicicletas, partidas en los recreativos, walkie-talkies y esos veranos que parecían no tener fin. Para algunos, son recuerdos de una infancia vivida en...

El público, del Teatro Clásico de Sevilla

El público, del Teatro Clásico de Sevilla

Por Sara Barquilla Guerrero El público acude a ver una obra de teatro acompañado de sus decodificadores neuronales, ya sean culturales, lingüísticos, literarios, históricos, dramáticos, etc. Cuantos más recursos tenga el espectador, más fácil le va a ser otorgar un...