Por Almudena Pimentel Serra                                                 

 

Me siento halagada al saber que, dentro de la edición XXVIII del festival de Teatralia, que está teniendo lugar este mes de marzo, la compañía danesa Teater Refleksion ha estrenado su nuevo espectáculo de títeres titulado Baenken aquí, en España. Esta vez, vamos a La Cuarta Pared. Resulta inspirador pensar, no solo en la cantidad de horas invertidas en la creación de un espectáculo de títeres, sino también en el hecho de que el talento europeo venga a parar a nuestras salas y teatros. Esta obra, pensada para el público infantil a partir de los 6 años, nos muestra distintas historias en un escenario de nuestra realidad más cotidiana: Un banco. La compañía, con sede en Dinamarca, lleva 30 años creando teatro infantil y adulto sin perder de vista los cuentos e historias sobre lo mundano, aquello que nos rodea y que, a menudo, pasamos por alto. No solo me ha sorprendido el espectacular manejo de los títeres, porque el minimalismo de la puesta en escena hace que se cree el tándem perfecto entre destreza y belleza, entre la habilidad del intérprete y la magia del objeto en movimiento.

Pero empecemos por el principio. Ocurre algo increíble cuando el espectador tiene la oportunidad de ver teatro de títeres y objetos. Por un lado, tenemos al manipulador, y por otro, al objeto inerte que cobra vida. En el momento en el que esto sucede, el humano, paradójicamente, desaparece. Nuestra vista no puede apartarse del pequeño ser que parece moverse de forma independiente por la escena. Siempre podremos volver a la fuente de movimiento, y es interesante, no solo por la destreza y técnica del manipulador, sino también por su interpretación y mirada. Hombre y máquina se convierten en uno. El intérprete adquiere las cualidades y emociones que el personaje experimenta. Un simple gesto de la marioneta es un punto de vista de lo humano, que hace que esté vivo a los ojos del espectador.

Aquí, mi percepción personal es que el espacio, al ser único, transita sobre los personajes (y no al revés), haciendo que éstos se encuentren otras circunstancias que cambian sus planes. Una simple explanada de césped con el banco en el centro es el fondo sobre el que gira esta historia. Sin embargo, los bordes no delimitan la imaginación del que lo ve, ya que el andar de los personajes se prolonga hasta que desaparecen en la sombra, como si fuesen y viniesen de otro lugar. Hablando de prolongaciones, la música es otra de ellas, porque es el eje a través del cual toda la obra transita. En formato de grabación (y realizada con un único instrumento), se convierte en una partitura para los propios manipuladores, que manejan la escena y sus momentos a través de lo sonoro.

El espacio que se les da a los pequeños espectadores aquí es, por suerte, realmente especial. Es la primera vez en tres críticas donde la presencia de los niños es mayor que la de los adultos. Esto influye en el espectáculo y en los momentos de silencio que yo percibo como espectadora adulta, pero se compensa con la risa, las onomatopeyas y las expresiones espontáneas que llenan la atmósfera de juego y alegría. Se percibe que la imaginación y la sorpresa fluyen. La vieja pelleja (así la denominaron las niñas que tenía a mi lado), perderá su bastón y se verá retada por pájaros, patinetes y bolas de pelo. Ésta última encontrará cobijo en un nuevo amigo. El nuevo amigo aprenderá del que le supera en edad y sabiduría. Y este sabio, con un poco de suerte, pescará algo más, aparte de leer el periódico como todos los días.

Por Almudena Pimentel Serra

 

 

DATOS:

Autoría: Svend Ørnø

Dirección: Bjarne Sandborg

Intérpretes: Neasa Ní Chuanaigh y Maria Garde

Diseño de escenografía, títeres y vestuario: Amanda Axelsen Sigaard

Creación musical: Andreas Sandborg y Jacob Venndt

Diseño de iluminación: Morten Ladefoged

Diseño de sonido: Andreas Sandborg

Producción: Teater Refleksion

 

Espectáculo subvencionado por Danish Arts Foundation, The Municipality of Aarhus

 

 

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