Por Sara Barquilla Guerrero

“El que quiero no me quiere como quiero que me quiera”. La canción de Rosalía no se aleja demasiado del planteamiento de Lope de Vega en La discreta enamorada. Fenisa desea a Lucindo, que quiere a Bernarda que, aunque le corresponde, le da celos con Doristeo. Esperad, que el enredo continúa. Belisa, la madre de Fenisa, ata en corto a su hija para mantener intacto su honor; sin embargo, ella tiene los ojos puestos en el vecino Capitán Bernardo, que además es el padre de Lucindo, y se emociona cuando aparece en casa con una petición matrimonial, pero ¿quién se quiere sacar con quién?

El enredo trazado por Lope resulta magistral. No hay un solo cabo suelto, todos los círculos se cierran aunque anudándose entre sí de tal manera que el espectador disfruta con cada nueva vuelta de tuerca. Y como todo buen enredo amoroso, el final feliz está garantizado y todas las rencillas quedan resueltas. El amor es el vencedor que derrota cualquier sentimiento tóxico que haya tratado de contaminarlo, ya sean celos, desdén, envidia o mal de amores.

La Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, dirigida por Lluís Homar, presenta La discreta enamorada como si fuese el ensayo de una compañía teatral, con los técnicos entrando en el escenario en los entreactos; con una apuntadora que hace el seguimiento con el guion en papel; con el elenco de actores y actrices que parecen esperar su momento de salida a escena, que contemplan la representación, que descansan. Esto supone que sobre el escenario haya muchísima gente aunque la mayor parte de las las escenas la representan tres o cuatro personajes. Son actores-espectadores, que presencian la escena a la vez que son observados por los espectadores reales, quienes seguimos sus gestos y movimientos, sus reacciones ante la escena representada. Se crea una multiplicidad de planos escénicos: este grupo de personas, sin actuar, también está actuando.

Excepto Lluís Homar y Montse Diez, que encarnan respectivamente al Capitán Bernardo y Belisa, los personajes “viejos” de la trama, el elenco de doce actores y actrices restantes se intercambian los papeles en las representaciones. Al trabajo actoral hay que sumarle el musical, pues se canta y se tocan instrumentos en directo. Los números musicales, además de servir de entreactos, poseen una función catártica: concentran a todo el reparto en escena derrochando energía y adrenalina.

Sobre el escenario, además de una multitud de personas, hay gran cantidad de elementos. En un lateral, un andamio sirve de balcón de la casa de la amada, así como de soportal donde hacerse confidencias. En el centro, un escenario móvil recrea el interior de la casa. Y además, sillas y hamacas por doquier, donde se colocan los actores-espectadores. Por otra parte, los elementos menores no lo son por todo el espacio que ocupan, como los simulados arbustos. Esto requiere que las quince personas se muevan por el escenario de manera casi coreográfica, con gran control de cada movimiento.

El vestuario resulta muy llamativo y conjuntado. Priman los colores blanco, marfil y negro, así como el uso de prendas superpuestas. Las ropas mezclan la modernidad (unos vaqueros) con un estilo vintage. La combinación nos hace creer que hemos retrasado un poco las agujas del reloj. Aunque lo que realmente nos hace saltar en el tiempo es el guion en verso, los nombres de los personajes, los giros lingüísticos del Siglo de Oro y la retórica propia de la literatura barroca, con sus diglosias, concatenaciones y metáforas. Sin embargo, Lope nos presenta una protagonista femenina nada sumisa, que toma las riendas de su destino desde la segunda escena en que se declara a su enamorado, y desde entonces mueve cielo y tierra para conseguir su objetivo. En la parte superior del andamio el luminoso “hope” nos señala cuál es el motor de los personajes: el deseo. Eso sí, para difrutarlo en condiciones, ser discreta, como demuestra Fenisa, es un punto a su favor.

El pequeño espectador joven recibe una lección sobre lo inapropiados que son los celos y lo peligroso que es jugar con los sentimientos de las demás. Seamos honestas, hablemos claro y entonces tendremos vía libre para el amor y el disfrute.

Por Sara Barquilla Guerrero

 

 

DATOS TÉCNICOS:

Vista el 17 de junio de 2023 en el Teatro Salón Cervantes, de Alcalá de Henares, dentro del Festival Iberoamericano de Teatro Clásico.

 

Reparto: Iñigo Arricibita, Xavi Caudevilla, Montse Diez, Cristina García, Ania Hernández, Nora Hernández, Antonio Hernández Fimia, Lluís Homar, Pascual Laborda, Cristina Marín-Miró, Felipe Muñoz, Miriam Queba, María Rasco, Marc Servera.

Técnicos que aparecen en escena: Pedro Acosta Ureña, Juan José Blázquez Ramos, Ignacio Cobos Santamaría, Gema Collado López, Noelia Cortés Plata, Inmaculada García Cascales, Juan Manuel García González, Juan Fco. Guerrero Espada, Alfonso Jiménez Ganso, F. Javier Juaranz Pérez
Rosa Rubio Mazano, Francisco M. Pozón Hernández, José M. Romero Jurado, Rosa María Sánchez Adamuz, Carlos Somolinos Arroyo.

Voz y palabra: Vicente Fuentes.

Escenografía: Jose Novoa.

Iluminación: Pilar Valdelvira.

Vestuario: Deborah Macías.

Composición musical: Marc Servera. *Versión Vestida de nit, de Silvia Pérez Cruz.

Ayudante de dirección: Vanessa Espín.

Ayudante de escenografía: Isi Ponce.

Ayudante de iluminación: Juan Andrés Morales.

Ayudante de vestuario: Almudena Bautista.

Alumna en Prácticas: Cristina Martínez.

 

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