Por Juan Sánchez Gómez

El pasado 24 de julio la compañía Chisgarabís nos abrió las puertas de su palacio, está vez ubicado en la Nave 10 del Matadero con motivo de los Veranos de la Villa.

La compañía ofreció su espectáculo Ethos, recientemente estrenado en el Festival Clásicos en Alcalá, pues en él se funde la estética clásica del Barroco con el Nuevo Circo. Bajo la premisa de la celebración de una fiesta en el palacio de Madame Capricho, los personajes nos muestran una exhibición de técnicas circenses, tales como báscula coreana, acrobacias, malabares…

Relacionado con esto está el gran acierto de Ethos: la escritura de un hilo argumental, una dramaturgia a cargo de Irene Povedo y Pedro Montoya, que permite que los números individuales tengan cabida, no solo como mera exhibición atlética, sino como pequeñas pinceladas para comprender el carácter de los personajes. Además, la ambientación en pleno Rococó, permite que el espectador justifique un número de malabares o saltos en un trampolín, pues en todo momento resuenan esas fiestas cortesanas de la época con impresionantes acrobacias y números visuales.

A su vez, los números se meten al público en el bolsillo al estar sazonados con humor e incluyendo pequeños gags, que acaban desarrollando un código muy personal entre personajes y espectador. Destaco el número del balancín en el que los intérpretes Juan de las Casas e Ismael Pérez realizan saltos y mortales. El espectador solo ve la subida, pues la caída queda oculta por uno de los muros del jardín. Así, en el vaivén, los personajes van perdiendo la ropa, cambiándose los sombreros, o perdiéndolos en el intento. En definitiva: otorgando chispa y distensión a lo que podría haber sido una exhibición técnica.

Y es que, a través del humor, Ethos plantea la tesis de su espectáculo: el absurdo de las normas de conducta. Los personajes, mediante el lenguaje circense, se desfogan, dejan de ser encorsetados nobles y damas y se permiten existir por un rato: una dama (Manoela Wolfart) agobiada por el calor de sus faldas que acaba haciendo antipodismo encima de unos rosales, o un galán (Rubén Burgos “Nebur”) que se permite dejar de ser heroico lanzando cuchillos. Pero, por encima de todo ello, está la relación de estos aristócratas con sus criados. De no estar ellos, Ethos habría sido una simpática comedia ambientada en un reino muy lejano, donde unos nobles ociosos se entretienen haciendo piruetas. Sin embargo, al incluir al servicio, interpretado por Cira Cabasés y Juan de las Casas, el espectáculo adquiere una dimensión política: ¿tienen repercusiones nuestros actos? A través de un running gag que no desvelaré, el espectáculo intenta resolver esta pregunta, quizá de una manera algo precipitada y simplona, y que podría pulirse para dejar al espectador con una mueca congelada, en la que su Barroco distópico y absurdo y nuestro presente (quizá igual de distópico y absurdo) se fusionarían.

A toda la reflexión de Ethos hay que añadirle su estética, rococó y exagerada, que sorprende, tanto por la falta de costumbre de verla en un espectáculo de circo, como por su aprovechamiento. Pienso en ese momento en el que dos damas se enfrentan y las que pelean por ellas son sus vestidos. Sí, sus vestidos. Esos armatostes rococós con decenas de faldas y miriñaque, adquieren vida propia y se persiguen y zarandean, antes unas propietarias desmembradas a la mitad, dando un buen punto de humor macabro. En esta línea, Ethos aprovecha su escenografía conformada por los muros de un jardín, que juegan con lo que espectador puede y no puede ver, generando un sistema de apariencias muy propio del Barroco y revelador de los personajes. Leyendo sobre la propuesta llegué a una entrevista a la directora, Irene Povedo, en la que cuenta que Ethos es también un espectáculo de calle, y que le gustaría verlo en los jardines de Aranjuez o Versalles. Desde aquí, como enamorado del site especific, la animo a ello, pues creo que el entorno dotaría de mayor hermosura a la pieza, y se proponen pocas piezas innovadoras en esos escenarios, pudiendo ser Ethos un soplo de aire fresco.

Porque esa es la sensación que domina la hora de función: frescura, vitalidad y juventud. Aunque fuera un espectáculo destinado a público familiar, había pocos pequeños espectadores, pero destacaban sus risas entre todas las del resto. Además de para pasar un buen rato, Ethos puede ser un buen material para hablar con ellos después de la función sobre el contexto histórico que recrea, las relaciones entre poderosos y servidumbre, o sobre la pequeña semilla que siembra en relación a la Revolución Francesa.

En definitiva, Ethos es como un granizado de limón: refrescante, veraniego y, en ocasiones, te deja un regusto ácido en el paladar.

Por Juan Sánchez Gómez

DATOS TÉCNICOS:

Vista el sábado 24 de julio en las Naves del Matadero dentro del programa Veranos de la Villa.

 

Dirección: Irene Poveda

Dramaturgia: Irene Poveda/Creación colectiva

Artistas: Mónica Suárez “Mon”, Cira Cabasés, Manoela Wolfart, Rubén Burgos “Nebur”, Juan de las Casas e Ismael Pérez 

Ayudante de dramaturgia: Alba Sarraute

Asesor en creación: Pedro Montoya

Ayudante de dirección: Herminio Campillo

Dirección de Arte: Artelón/En la Chácena Producciones

Música: Clásica (varios autores)

Diseño de iluminación: Jorge Rotunno

Distribución: Elena Carrascal I*D

 

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