Por Sara Barquilla Guerrero
Sentada en el patio de butacas, Panorama desde el puente me daba la completa impresión de estar en el cine, aunque estoy segura de que si hubiera estado en el sofá de casa, me parecería una obra ideal para ser llevada a las tablas. Se trata de una obra teatral de carácter narrativo, desde la linealidad cronológica de la trama hasta la figura del narrador que rompe la cuarta pared para dar explicaciones al espectador. Con esta obra, Arthur Miller incide en su crítica a los valores conservadores de la sociedad americana y retrata con realismo la situación social en la Nueva York de los años 50. No obstante, son muchas las concomitancias que pueden encontrarse con el aquí y el ahora.

Panorama desde el puente narra la historia de una familia neoyorkina de clase trabajadora, muy ligada a los muelles de carga y descarga del puerto. Eddie Carbone y Beatrice crían a su sobrina Catherine, hija de la difunta hermana de la mujer, a punto de cumplir los 18 años. Reciben a dos primos italianos de Beatrice, que emigran a Estados Unidos para poder sobrellevar la mísera situación económica de su país de origen. El tema de la inmigración enfoca las relaciones entre los que están y los que llegan, así como deja flotando el miedo a la denuncia y la vulnerabilidad de las personas que no tienen papeles. El primo mayor, Marco, trabaja con tesón y envía todo el dinero a Italia para sostener a su familia, cumpliendo así el estereotipo que se espera de él. Por su parte, Rodolfo, también muy trabajador, no tiene cargas familiares y se muestra más jovial y desenfadado. Le gusta cantar, bailar y darse gustos, como comprar ropa nueva o ir al cine. Eddie, muy preocupado por el qué dirán y de ideas bastante conservadoras, critica el comportamiento frívolo de su sobrino político y teme que engatuse a su sobrina para conseguir los papeles. Sin embargo, hay un trasfondo oscuro en estos celos de Eddie, que encuentran su punto de inflexión cuando Catherine y Rodolfo se enamoran y empiezan a salir. A partir de entonces la caída de Eddie ya no tiene marcha atrás.

La puesta en escena es realista y contemporánea a su época, tanto en el vestuario como en la escenografía. El mimo hacia el detalle logra que el espectador se introduzca de lleno en la trama. Se recrean dos espacios interiores: uno es el comedor de la case de los Carbone, de donde salen dos vanos que conducen al resto de la casa, habitaciones y cocina, aunque no están en escena. El otro espacio, a continuación pero sin comunicar, representa la oficina del abogado, el narrador testigo de la evolución y caída de Eddie. Ambos espacios presentan un foro que sirve de pantalla de proyección. Cuando los personajes están fuera de casa, el lienzo muestra la fachada de un bloque de viviendas y se oscurece la sala de estar de la casa. Es interesante la proyección de barcos con migrantes al inicio de la obra, preparando al espectador sobre las complicaciones que se encuentran las personas que llegan a otro país para buscarse la vida. Fuera de esa escenografía está la calle, ubicada en el proscenio y las escaleras que recorren el patio de butacas, desde cuyo fondo entran los primos, cuando su barco atraca en el muelle, y más adelante los agentes de inmigración. El proscenio sería el barrio, donde se presuponen otros vecinos que miran las escenas tensas de la familia discutiendo en plena calle.

Me parece un montaje muy recomendable para el pequeño espectador porque se trata de una historia lineal, sin elementos alegóricos que requieran otro plano de significado. Es una obra realista que refleja a través de los diálogos y los actos de los personajes cómo era la vida a mediados del siglo pasado. De forma sencilla pero completamente envolvente, el montaje logra que el espectador esté pendiente de todos los detalles y, por si no se diera cuenta de la importancia de los mismos, se graban en directo y se proyectan primeros planos de la representación, para resaltar aún más las emociones de los protagonistas tanto en sus palabras como en sus silencios y miradas.

El tema de la legalidad de las personas migrantes no podría estar más de actualidad, así como las opiniones de personas que no aceptan que en el mundo cabemos todos y todas, independientemente de lo que ponga en nuestra documentación. Los sentimientos de Eddie Carbone hacia su sobrina constituyen otro tema más truculento que engarza con la violencia machista. Por último, Rodolfo es un muchacho joven con muchas habilidades que no son bien vistas desde el rol masculino, como saber coser y cocinar. Aunque en estos aspectos en concreto se haya avanzado, sigue habiendo una presión de género que lleva a las personas, especialmente a los y las adolescentes, a sentirse vulnerables y esconder su verdadera identidad. Y eso, tan actual, debería estar ya superado.
Por Sara Barquilla Guerrero
FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA
Vista el viernes 8 de mayo en el Teatro Fernán Gómez (Madrid).
Autor: Arthur Miller.
Versión: Eduardo Galán.
Dirección: Javier Molina.
Intérpretes: José Luis García-Pérez, María Adánez, Ana Garcés, Pablo Béjar, Francesc Galcerán, Rodrigo Poisón, Manuel de Andrés y Pedro Orenes.
Diseño de escenografía: Elisa Sanz.
Diseño de vestuario: Emilio Sosa.
Diseño de vestuario adjunto y confección: Navascués.
Diseño de Iluminación: Nicolás Fischtel.
Música y Espacio Sonoro: Manu Solís.
Una producción de Secuencia 3 con Teatro Calderón de Valladolid, Tal y Cual Producciones, El Terrat (The Mediapro Studio), Esarte, Teatros Luchana, García Pérez Producciones, Lilicar Films, Hawork Studio, Magasaz y Carlos Arana (Broadway).
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