Por Eva Llergo
El escritor danés Jørn Riel invirtió diez libros y ochenta y ocho relatos para dejar plasmadas sus dieciséis años de aventuras en Groenlandia junto con otros tramperos y cazadores. Su obra, llena de humor ante la adversidad (el frío, la carencia, la soledad), fue traducida al francés por Susanne Juul y Bernard Saint Bonnet, y adaptada al cómic por el ilustrador Hervé Tanquerelle y la escritora Gwen De Bonneval. En resumen, todos estos son los puntos de inspiración que han conducido al final feliz: el espectáculo de marionetas Rumores Árticos (Racontars arctiques) que la compañía canadiense La ruée vers l’ors (La fiebre del oro) ha podido mostrar en España gracias a Teatralia, Festival Internacional de artes escénicas para todos los públicos.

El espectáculos cuenta sin tapujos, pero con mucho humor, las condiciones adversas de soledad, clima y hambre que pasaron los pobladores de Groenlandia. Por ello la trama, que está basada en una exposición de diferentes de estampas, transita desde los desayunos tranquilos pero solitarios de los cazadores, hasta las tácticas poco ortodoxas para curtir a los recién llegados, pasando por sus modos de sobrellevar la pérdida: cuando no tienes nada que celebrar, un funeral puede ser la única ocasión de reunión, celebración y, por lo tanto, regocijo.
Rumores árticos no teme afrontar el relato de todos estos duros sucesos. Tampoco en retratar la frecuente presencia del alcohol para afrontar el frío y la soledad o las tiernas relaciones entre hombres surgidas (o no) por la ausencia de mujeres. Todo ello con mucho humor, decoro y poesía. Cierto es que, en España, puede resultar aún algo chocante la apertura con que otras culturas (francófona o alemana, por ejemplo) tratan las producciones dirigidas a niños. Sin embargo, para un espectador español adulto algo entrenado en el visionado y lectura de diferentes narrativas para la infancia, la propuesta resulta valiente y nada incorrecta. Nada de lo que aparece en el montaje podría parecerle inadecuado a un niño. Si acaso, solo incomodar por un exceso de pacatería al adulto que le acompaña. “No hay temas correcto o incorrectos para niños, sino tratamiento de temas correctos e incorrectos”, nos recordaba el dramaturgo de teatro para la infancia, Luis Matilla.

Por otro lado, la puesta en escena de Rumores árticos es impecable: rítmica, vibrante e hipnótica en las imágenes creadas. Los tres titiriteros dan vida a multitud de personajes y combinan el uso de marionetas de figuras humanas y zoomorfas de pequeño y mediano tamaño, con otras otras que representan solo rostros y que, superpuestas a sus propios cuerpos, traen a la escena también a marionetas de tamaño humano. Las escenografías de las distintas estampas se van construyendo ante nuestros ojos de manera casi mágica; como esas vastas superficies de hielo que surgen ante nuestras miradas a base de unas telas blancas, unos bloques geométricos y los pliegues formados por la unión de ambos. El mayor logro del montaje es tener la presencia del compositor y multiinstrumentista Alexandre Harvey introduciendo música y efectos sonoros en directo lo que añade, a partes iguales una dimensión poética y cómica irrepetibles.

No podemos dejar de señalar el esfuerzo que los tres titiriteros, Frédéric Jeanrie, Jean-François Beauvais y Anne Lalancette, efectuaron al traducir al español todo el espectáculo (máxime cuando confesaron después que alguno de ellos no hablaba palabra de nuestro idioma y que había interpretado su texto desde la fonética). Y es que en el espectáculo predomina más la narración que el diálogo, puesto que, como no podría ser de otra manera, los aguerridos cazadores no debían de ser hombres de muchas palabras…
Asistimos a la sesión matinal en la Sala Cuarta Pared junto con un colegio de Primaria (cuyos alumnos debían estar en los últimos cursos), un par de institutos y los alumnos del Grado de Educación Primaria y Pedagogía de la Universidad. El espectáculo está recomendado a partir de 10 años y, como hemos comentado antes, los pequeños espectadores de Primaria, sentados en las primeras filas de butacas, mantuvieron el aliento contenido en las escenas más poéticas o intensas y rieron espontáneamente sin tapujos con todos los muchos elementos cómicos. Solo el público más adulto, los estudiantes para maestro, aunque disfrutaron personalmente, enarcaban las cejas sorprendidos ante los “atrevimientos” del montaje. Hay que derribar muchos muros aún para conseguir liberar a la infancia del cascarón de huevo que les imponemos para observar el mundo. Por eso acogen con tanta apertura y placer cuando alguien, por fin, les habla de los “temas prohibidos”, pero con tratamientos delicados y adaptados. Y es que, debemos recordad que es nuestra responsabilidad iniciarles, puesto que si no, ellos mismos buscarán acercamientos a esos temas, pero seguramente con propuestas mucho menos adecuados y respetuoso que las que proporciona el arte.
Por Eva Llergo
FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA
Vista el 17 de marzo de 2026 en Sala Cuarta Pared, dentro de la programación de Racontars arctiques (Rumores árticos) – Festival Teatralia 2026 | Comunidad de Madrid
Autoría: Anne Lalancette, en colaboración con Francis Monty, Jérémie Desbiens, Simon Landry-Desy y Alexandre Harvey; a partir de los textos de Jørn Riel
Traducción al español: Nadxeli Yrízar Carrillo y Humberto Pérez Mortera
Dirección: Anne Lalancette y Francis Monty, en colaboración con Jérémie Desbiens, Simon Landry-Desy y Alexandre Harvey
Interpretación: Frédéric Jeanrie, Jean-François Beauvais y Anne Lalancette
Música y escenofonía en vivo: Alexandre Harvey
Diseño de escenografía y objetos escénicos: Corinne Merrell
Diseño de vestuario: Anne Lalancette (de actores) y Sophie Deslauriers (de títeres)
Diseño de títeres: Sophie Deslauriers, a partir de las ilustraciones de Hervé Tanquerelle
Diseño sonoro y música: Alexandre Harvey
Diseño de iluminación: Nancy Longchamp
Edad recomendada: A partir de 10 años
Duración: 85 min.
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