Por Sara Barquilla Guerrero
Hay muchas maneras de enfrentarse a la vida y esta es una de ellas. De ahí el título: Una forma de vida. Detrás del proyecto, y frente al público, están Juan Ceacero e Isabelle Stoffel, que adaptan la novela homónima de Amélie Nothomp, publicada en 2010. Se trata de una historia inicialmente sencilla, la correspondencia epistolar entre dos personas, que se convierte en atípica conforme profundizan en la relación.
Amélie Nothomp tiene la costumbre de responder a todas las cartas que recibe de sus lectores. Le parece descortés no hacerlo, pero eso la conduce a establecer relaciones epistolares que, en ocasiones, se extienden a lo largo del tiempo. En su rutina diaria, primero dedica cuatro horas de su mañana a la creación literaria para, a continuación, escribir una media de ocho cartas. Estos datos no son trabajo de archivo, sino que forman parte de Una forma de vida. Tras este título tenemos a la propia escritora en una de esas relaciones epistolares a las que dedica una parte importante de su día a día. El remitente es Melvin Mappel, un soldado americano destinado a Irak, lector de sus libros y portador de una historia que engancha a la escritora.

Mappel desgrana poco a poco su situación, que se resume en que calma la ansiedad provocada por la guerra ingiriendo ingentes cantidades de comida. Eso le sucede a él y a la mayor parte de los soldados que le rodean. En otras guerras, la motivación sería una sustancia psicotrópica, pero en la actualidad la comida adquiere la capacidad de parchear todos los agujeros que deben hacerse en el alma de alguien que se enfrente a la barbarie diariamente. El cómo suma kilos a su organismo, la incapacidad de encontrar otra vía de escape y lo que todo esto supone al Ejército americano se convierten en un relato del que Amélie Nothomp no quiere prescindir, así que responde animando a su remitente a contar más detalles sobre su situación.
La historia trasluce el tema fundamental de la obesidad en la sociedad actual, pero también la gordofobia, el rechazo al que se ven sometidas las personas gordas. El aislamiento y la falta de sociabilidad son el motor que da inicio a una relación epistolar que se ve mediada por las palabras, por las ideas, de tal manera que los cuerpos y la apariencia quedan en un segundo plano. Por ello, Melvin es libre a través de estas cartas, puede expresar lo que siente… ¿O quizá no del todo? El miedo al rechazo está presente, de ahí el relato que va conformando para que Amélie no rompa el vínculo creado.

Es complicada la adaptación de una novela, pero más aún cuando esta es de tipo epistolar, porque la trama es mínima y cada carta se transforma en un monólogo donde el personaje plantea su parecer, su vivencia. La puesta en escena busca constantemente el dinamismo con el constante movimiento de los dos personajes durante sus respectivos parlamentos, así como de los elementos que sirven para llenar el espacio, véase una mesa y una especie de vesículas gigantes que simulan la grasa que acumula sin parar el soldado Mappel y que van llenando el escenario. También se utilizan los cambios de luz y se introducen efectos sonoros, ruidos y melodías, que estimulan la percepción de la escena. Se proyectan algunas frases significativas de las cartas y, para ayudar en el avance cronológico, las fechas de las misivas.
En cuanto a los personajes, resulta muy verosímil la representación de Amélie Nothomp por una actriz de claro acento francófono y una apariencia física similar; sin embargo, llama la atención que el personaje de Mappel lo represente un actor que no está gordo. Casi al inicio de la obra dice Melvin en una de sus cartas que es una persona obesa; este momento se representa quitándose el actor la camisa. Genera cierto extrañamiento porque lo que ve el espectador no es una persona gorda. A continuación, el actor se pone una prenda acolchada para simular ese sobrepeso, pero surge la duda de por qué esa decisión dramática.

Se puede recomendar esta obra para el pequeño espectador a partir de 16 años. El texto es fácil, pues el intercambio epistolar conlleva un tono cercano y afectuoso; sin embargo, el tema de fondo es complejo y tiene muchas capas. Además, la trama es mínima y cada intervención se convierte en un monólogo repleto de reflexiones y sentimientos, a veces de gran dureza. El tema inicial de la guerra se convierte en el anzuelo para que el espectador enganche, como lo hace la propia Amélie; sin embargo, la guerra es la excusa para profundizar en la psicología de un personaje que representa a mucha gente en esta sociedad.
Por Sara Barquilla Guerrero
FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA
Vista el viernes 16 de enero de 2016 en el Teatro de la Abadía (Madrid).
Creación, dramaturgia e interpretación: Juan Ceacero e Isabelle Stoffel.
Dirección: Juan Ceacero.
Texto original: Amélie Nothomb.
Traducción: Sergi Pàmies.
Diseño plástico: Paola de Diego.
Iluminación: Rodrigo Ortega.
Espacio sonoro: Daniel Jumillas.
Ayudante de dirección: Camino López.
Producción: Juan Ceacero / La_Compañía exlímite, Recycled Illusions y Arteico.
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