Por Sara Barquilla Guerrero

El Teatro de la Abadía produce Francisco Ferrer. ¡Viva la Escuela Moderna!, un homenaje al pedagogo Francisco Ferrer i Guardia, que murió fusilado en octubre de 1909 tras un proceso judicial irregular y absolutamente injusto. Se recupera así una figura fundamental para el movimiento libertario que propuso unas ideas pedagógicas acordes al librepensamiento, esto es, la razón, la lógica y la experiencia (frente al dogmanismo y autoritarismo de corte religioso), base para el cambio social al que aspiraba su Escuela Moderna.

José Luis Gómez, director de la obra, propone un acercamiento a la vida y pensamiento de este personaje tan olvidado en el Estado español. En escena cuatro actores se reparten los roles fundamentales. Ernesto Arias representa a Francisco Ferrer desde el momento de su detención hasta su fusilamiento en el foso del castillo de Montjuic. Ferrer es detenido, interrogado y acusado de instigar y movilizar los disturbios de la llamada Semana Trágica de Barcelona, que reflejaba el descontento social por el reclutamiento de tropas para la guerra de Marruecos. Está muy conseguido el parecido del actor con el personaje, semejanza física a la que se une la acertada caracterización de la estética de principios de siglo.

Desde su detención, Ferrer pasa más de un mes en aislamiento hasta que es visitado por el abogado de la instrucción, Francisco Galcerán, militar de corte monárquico y religioso, que ve evolucionar su pensamiento en contacto con el librepensador. David Luque refleja con soltura la transformación de este personaje, desde su frialdad inicial hasta la empatía final.

El instructor del caso es Negrini, representado por Jesús Barranco. Es un perfecto antagonista que aúna a todas aquellas personas que encontraron en Ferrer el chivo expiatorio al que culpar de la agitación social y, cuya muerte, serviría de castigo ejemplarizante para todo aquel que decidiera enfrentarse al poder, ya fuera Ejército, Iglesia o Estado. Barranco representa además el papel breve pero elocuente del capellán que acompaña a Ferrer la noche víspera de su fusilamiento. Esta escena permite conocer el pensamiento laico del protagonista, su rechazo del dogma religioso y su firme racionalismo.

Por último, Lidia Otón interpreta todos los personajes femeninos de la historia, metamorfoseándose de manera magnífica. Es Teresa Sanmartí, primera esposa de Ferrer, madre de sus cuatro hijas y defensora de un tradicionalismo que chocó con la evolución del protagonista, quien encontró en el movimiento libertario y anarcosindicalista el espacio donde dar rienda suelta a sus aspiraciones de transformación social. También es la señorita Meunier, rica aristócrata que vio en las ideas de Ferrer una honestidad y una integridad tales que, a su muerte, le cedió toda su fortuna, y gracias a ella el pedagogo pudo llevar a cabo su proyecto: abrir la Escuela Moderna. Por último, Lidia Oton es Sol Ferrer, hija pequeña del protagonista, que hizo lo imposible por recuperar la figura y el legado de su padre. Está presente en el escenario durante buena parte de la obra como narradora, pero sobre todo como receptora de ese corpus de ideas que hoy podemos admirar gracias a su labor. Representa ese futuro al que mira Ferrer, el futuro que se materializa en hijas y nietos, esto es, las tres generaciones necesarias para que se produzca el tan necesario cambio social.

La puesta en escena se centra en un muro, en el que sabe el espectador que será fusilado Ferrer Guardia, que además sirve de pantalla de proyección para recordar sus palabras e ideario. Varios bancos que recuerdan los pupitres de la vieja escuela se recolocan una y otra vez para resignificar la escena: ora la celda, ora una Iglesia, ora un juzgado. El lento movimiento de la reubicación de los bancos transmite una sensación onírica e invita a parar y reflexionar sobre las ideas de Francisco Ferrer. Por otro lado, es interesante la música que se incorpora en algunas escenas, matizando el ritmo de los acontecimientos, generando una tensión narrativa o interpelando a las emociones del espectador. No haré espóiler del final de la obra, pero he de decir que es una maravilla, un símbolo sobrecogedor.

Francisco Ferrer. ¡Viva la Escuela Moderna! es una obra bastante interesante para el pequeño espectador a partir de 14 años por la presentación tan didáctica del personaje y del periodo histórico. Además, en los tiempos que corren de incremento de las ideologías de ultraderecha en la juventud, apremia poner sobre la mesa ideas racionalistas que refuercen la importancia del pensamiento crítico y la lucha contra los dogmatismos. Ahora que el pop se llena de crucifijos y rosarios, quizá no venga mal un poco de memoria histórica que refresque el pensamiento lógico y ayude a transformar la sociedad absurda en la que vivimos, para así crear un mundo más justo y más libre.

Por Sara Barquilla Guerrero

FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA

Vista el viernes 21 de noviembre de 2025 en el Teatro de la Abadía (Madrid).

Texto: Jean-Claude Idée.

Dirección: José Luis Gómez.

Reparto: Ernesto Arias, Jesús Barranco, David Luque y Lidia Otón.

Traducción: Pollux Hernúñez.

Escenografía: Curt Allen Wilmer.

Escenografía: Curt Allen Wilmer y Leticia Gañán (AAPEE).

Iluminación: Pedro Yagüe (AAIV).

Proyecciones: Jorge Vila.

Vestuario: Deborah Macías.

Música y espacio sonoro: Alberto Granados.

Ayudante de dirección: Roberto Mori.

Ayudante de Producción: Maria Teresa Ferrara.

Realización de vestuario: Jota Studio y Paloma de Alba.

Realización de escenografía: Scnik Móvil y Miguel Ángel Infante (Utilería – Atrezzo).

Producción: Teatro de La Abadía.

 

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