Por Mencía Barroso
El pequeño espectador asistió en Madrid a la obra Medea’s Children, la más reciente creación del dramaturgo, cineasta y periodista suizo Milo Rau, un montaje que desafía los límites entre la infancia y la tragedia. La obra se presentó sábado y domingo en Teatro Contemporánea Conde Duque, espacio perteneciente al Área de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento. Este montaje ha recorrido escenarios de prestigio como la Bienal de Venecia, el Festival Grec de Barcelona y el Festival de Praga, entre otros.
Llega la tarde del sábado. Con la entrada —o el móvil— en la mano, un grupo de personas de edades diversas nos disponemos a entrar al centro Condeduque. Esta temporada, la programación cultural se reapropia del antiguo lema de los guardianes de corps que ocuparon este emblemático edificio del siglo XVIII: Solvit formidine terras (“Salvar a la tierra del espanto”). La cultura como salvavidas de la barbarie, como refugio y camino de esperanza.

La sala está casi llena. El telón negro, echado. De pronto aparece Milo Rau, con su carisma inconfundible. Nos anuncia que está a punto de comenzar el coloquio posterior a la función, y que en breve aparecerán los actores —niños—, para que podamos preguntarles lo que queramos. Entre el público surgen risas y miradas de desconcierto; por un momento llego a pensar que me he equivocado de hora y que realmente estoy en el coloquio.
Uno a uno van saliendo los niños, mientras Rau, en el papel de coach que los ha acompañado durante el proceso, les formula preguntas divertidas y aparentemente triviales. Ellos responden con naturalidad, contando cómo ha sido interpretar sus papeles, qué escenas les han costado más o qué han sentido al hacerlo.
A través de ese falso coloquio, se nos introduce en el universo de la obra: una conversación entre la inocencia infantil y el peso de la tragedia. Las respuestas, a veces ingenuas, a veces filosóficamente profundas, abren una puerta hacia el conflicto central.
Medea’s Children parte de la tragedia de Eurípides, situada aquí en la playa de Ostende, donde Medea —abandonada por su esposo Jasón— se prepara para el destierro con sus dos hijos. Lleno de dolor y venganza, el mito culmina con el infanticidio.
Rau entrelaza esta historia con una tragedia real: el caso ocurrido en Bélgica en 2007, cuando una mujer asesinó a sus cinco hijos. A través de este paralelismo, la obra explora las raíces de la violencia y la manipulación, así como la transmisión del trauma.

La tragedia y la desolación invaden el escenario. Cinco niños que interpretan todas las escenas, cambiando de personaje y reviviendo los crímenes más atroces con una valentía y sensibilidad conmovedoras.
La palabra se carga de sentido, y los movimientos traspasan los límites de lo representable. Lo que en otros montajes se omitiría, aquí se escenifica con determinación. La muerte —normalmente eludida— se muestra sin concesiones. Milo Rau consigue, con gran precisión, que la infancia hable del horror con honestidad.

El folleto de la obra plantea dos preguntas que resumen su esencia:
“¿Tenemos disposición para reconocer la ira que nos constituye? ¿Miramos la violencia con los ojos abiertos?”
La escenografía combina vídeo proyecciones y grabaciones en tiempo real, que entrelazan el relato teatral con el cinematográfico. Las imágenes acercan al público a la historia de los personajes adultos desde la mirada de los niños.
La música, interpretada en directo al piano y al theremín por una de las jóvenes actrices, refuerza la atmósfera de melancolía. Hay también momentos de canto, con canciones de una gran belleza por su tristeza.
Durante la función, el espectador se mueve entre la emoción y la incomodidad. Los fragmentos de “coloquio” sirven como respiración entre tanta oscuridad: recordatorios de que, tras esos cuerpos pequeños, hay niños reales que juegan, ríen y dudan.
La actuación infantil es impecable: dominan textos complejos y roles de enorme exigencia emocional. La puesta en escena es sobria, poética y devastadora. Sin embargo, no todos los espectadores saldrán indemnes: el espectáculo confronta sin piedad y puede resultar duro por su crudeza explícita.

Salimos con los ojos humedecidos y la mente saturada de emociones. Medea’s Children no busca consolar, sino sacudir. Milo Rau —uno de los creadores más lúcidos del teatro político contemporáneo— consigue aquí una obra llena de sensibilidad y brutalidad, donde la infancia se convierte en espejo de la violencia adulta.
Ojalá regresen pronto a Madrid con nuevas interpretaciones capaces de estremecer a los pequeños espectadores que aún creemos en el poder del teatro.
Por Mencía Barroso
FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA
Vista en el Teatro Contemporáneo CondeDuque sábado 25 de octubre
IDEA ORIGINAL
Milo Rau & NTGent
DIRECCIÓN
Milo Rau
DRAMATURGIA
Kaatje De Geest
ESCENOGRAFÍA
ruimtevaarders (Karolien De Schepper, Christophe Engels)
DISEÑO DE UTILERÍA
Joris Soenen
DISEÑO DE VESTUARIO
Jo De Visscher
DISEÑO DE ILUMINACIÓN
Dennis Diels
DISEÑO DE VÍDEO
Moritz von Dungern
DISEÑO DE SONIDO
Elia Rediger
PREPARACIÓN DE ACTORES
Peter Seynaeve / Lien Wildemeersch
ORIENTACIÓN DE MENORES
Dirk Crommelinck
PRODUCCIÓN
NTGent
JEFE DE ESCENARIO
Marijn Vlaeminck
TÉCNICO DE ILUMINACIÓN
Bart Van Dessel
TÉCNICO DE SONIDO
Marc Lekens
TÉCNICO DE AUDIOVISUALES
Raf Willems
GERENCIA EN GIRA
Elli De Meyer
DISTRIBUCIÓN
Sophie Vanden Broeck
SUPERVISORA DE MENORES
Ilse Cox
COPRODUCCIÓN
- Wiener Festwochen, La Biennale de Venezia,
- ITA – Teatro Internacional de Ámsterdam, Tándem
- Escena nacional (Arras Douai)
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