Por Sara Barquilla Guerrero

Laurencia nos habla desde su vejez, nos cuenta su pasado y cómo, aunque transcurra el tiempo, sigue siendo presente, porque hay dolores que no se pueden olvidar, porque hay dolores que quedan impregnados en el cuerpo y lo moldean a su pesar.

Ella es uno de los personajes principales de Fuenteovejuna, la obra de Lope de Vega que se centra en el enfrentamiento a la autoridad y el protagonista colectivo. Sin embargo, Alberto Conejero pone el foco en este personaje. La confrontación con el comendador Fernán Gómez de Guzmán fue grupal, todo el pueblo se lanzó a la reyerta para acabar con él, pero quien prendió la mecha fue Laurencia y quien sufrió el ultraje fue Laurencia y quien tuvo que vivir con la carga fue Laurencia. Qué necesarias son estas creaciones teatrales que dan voz a personajes de la literatura que tanto tienen que contar.

Laurencia, a medio camino entre el monólogo y la lectura dramatizada, está interpretado magistralmente por Ana Wagener y acompañado de Antonia Jiménez, quien interpreta melodías con la guitarra flamenca reforzando algunos momentos del relato. Nos encontramos con una Laurencia en el crepúsculo de su vida, esperando sin miedo el desenlace final y el encuentro con el más allá, donde la esperan todos aquellos que ya han abandonado este plano de la vida, como Pascuala, Jacinta o Frondoso. Pero antes de marchar, quiere contarnos su historia, que no es la de Fuenteovejuna, sino la suya propia: su nacimiento, su infancia, la juventud. Aquí es donde sucede el tremendo suceso que sacude al municipio. En un principio, no iba a hablar de ello, pero no puede evitarlo: está cosido en sus entrañas, forma parte de su ser.

Imaginar cómo habría sido la vida de este personaje es una idea genial de Alberto Conejero y dirigido por Aitana Galán. Entendiendo cómo actúa en la obra de Lope, se puede hilvanar una historia, un pasado que determina un personaje contundente, con mucha seguridad en sí misma y también con una posible mochila de dolores, como puede ser la pérdida de la madre, o su conciencia de clase y género que condicionan su lugar en el mundo. Laurencia es pastora, trabaja en el campo desde que tiene uso de razón y ese espacio es el que reconoce y donde se siente libre. Pero también conoce la existencia de nobles que abusan de su poder y cercenan la libertad de estos campesinos, así como roban el honor de las mujeres.

Más allá de las anécdotas de la vida de Laurencia, el tema principal de la obra es la violación, que supone un antes y un después en la vida de este personaje. Lope cierra su historia con el triunfo de Fuenteovejuna, un pueblo que derrota a su antagonista y entonces alza la cabeza con orgullo. Sin embargo, ¿quién asegura que tal venganza pueda curar el ultraje sufrido por las mujeres? Laurencia representa a todas aquellas que tiran adelante con su cuerpo a pesar de las heridas sufridas en el pasado y que, desgraciadamente, continúan en el presente, pues son señaladas por sus vecinas ante la incapacidad de reponerse. Esta heroína simboliza la fortaleza, la defensa de sí misma y, sin decirlo, nos recuerda el actual “yo sí te creo”.

Además de los acordes de la guitarra, que desgarran e inquietan, entristecen y abrazan, la puesta en escena utiliza un fondo donde se proyectan palabras y frases, titulares del relato de Laurencia. También se exhiben imágenes de cuadros de Artemisia Gentileschi, pintora coetánea de Lope de Vega, que representó escenas como Susana y los viejos, ejemplo del acoso recibido por las mujeres.

El pequeño espectador de edad adolescente está presente en el teatro. Han conocido en profundidad a un personaje creado por Lope así como la vida de las mujeres en el siglo XVII. Y más importante aún, se llevan a casa la reflexión sobre el machismo sistemático a lo largo de la historia, el ejercido por un violador o por una sociedad que no sabe acompañar a las mujeres que sufren violencia machista.

La voz de Laurencia. Sus palabras nos hablan de todas esas mujeres que han sufrido una violación. Nos hablan del dolor, de la huella que queda impresa en un cuerpo que ha sido utilizado en contra de su voluntad. Esa voz aúna muchas voces, es un grito de rabia pero también de resistencia, para que ese cuerpo se refuerce y siga adelante, porque se lo merece.

Por Sara Barquilla Guerrero

FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA

Vista el viernes 17 de octubre de 2025 en el Teatro de la Comedia (Madrid)

Intérprete: Ana Wagener.

Guitarra flamenca: Antonia Jiménez.

Autor: Alberto Conejero.

Dirección: Aitana Galán.

Producción: Compañía Nacional de Teatro Clásico.

Asesoría plástica: Anselmo Gervolés.

Sonido: Quique Mingo.

Iluminación: Javier Ruiz de Alegría.

Ayudantía de dirección: Ramón Perera.

Videocreación: Alba Trapero. 

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