Por Sara Barquilla Guerrero

La música interpretada en directo por la Orquesta de la Comunidad de Madrid y dirigida por Alondra Parra inunda la sala. El telón se levanta y, entre la penumbra del escenario, aparece una estructura cilíndrica con la base iluminada en azul que gira cual rueda de hámster y, dentro, una persona que camina haciéndola rodar: es nuestro maestro de ceremonias, el narrador, el portador de los recuerdos que configuran esta historia titulada El orgullo de quererte. Una vez se ilumina la escena, descubrimos la multitud de personas que esperaban congeladas su momento de actuar y que se reparten entre intérpretes líricos, bailarines y el Coro de la Comunidad de Madrid. Esto promete ser todo un espectáculo y no defraudará.

El orgullo de quererte, dirigido por Albert Boadella y Martina Cabanas con libreto de Felipe Nieto, narra el enlace y desenlace de un triángulo amoroso de tres hombres, donde uno de ellos es el objeto de deseo de los otros dos y se ve obligado a elegir. Alonso es un joven muy atractivo que levanta pasiones en sus garbeos por el madrileño barrio de Lavapiés. P.J., nuestro narrador, está enamorado de él y, aunque no es correspondido, le compra para mantenerle bien amarradito; sin embargo, la llegada del joven Tadeo desestabiliza esa relación tan mal cimentada que Alonso no quiere pero sostiene. Además del interés que tiene que la relación sea homosexual, la mayor apuesta de este argumento es el desenlace, no solo inesperado, sino que rompe con la tiranía del final perfecto. El comer perdices juntos es solo una posibilidad de ser felices, así que es muy atrevido plantear otros caminos disponibles y, de esta manera, se invita al receptor de la obra a pensar en ello. El amor no se ofrece a cualquier precio: hay unas líneas rojas que no deben traspasarse para poder mantener a flote eso que llamamos amor.

La obra es una zarzuela y, como tal, parte del costumbrismo, esto es, muestra los usos y tradiciones de un Madrid muy bullicioso, que es el que se expande en torno al barrio de Chueca. La historia se desarrolla absolutamente en el exterior, por lo que la escenografía es muy representativa: los tres lados del escenario son las fachadas de edificios en torno a una plaza, en la que se ubica la boca de metro. Parece poco, pero hay que tener en cuenta que en multitud de escenas se hallan en el escenario más de cincuenta personas; por otro lado, es muy elocuente porque todo sucede en la calle y por ahí pasan esos tipos costumbristas como el que vende cupones, una pareja de runners, alguien que pasea a su perrete, grupos de fiesteros armando jarana y, siempre que la noche llega a su fin, las barrenderas que anuncian la llegada de la mañana y, con ella, el cambio de vecindario que se pasea por esa plaza tan castiza de Chueca: festiva de noche, populosa de día.

El costumbrismo también está presente en las letras de las canciones, que tenores, barítonos y sopranos interpretan con excelencia refiriéndose a las maravillas de esta ciudad donde todo el mundo es bienvenido, un Madrid que nunca duerme y que disfruta del alboroto, aunque también hay vecinos que no están tan contentos con este tipo de rutinas. Es zarzuela, sí, pero muy moderna porque habla de costumbres actuales como la cabalgata del Orgullo Gay, de trabajos precarios como repartir propaganda y de adicciones como la cocaína.

 

Las voces de los protagonistas son impresionantes, pero además representan muy bien su papel en las partes habladas. El espectador sufre con la decepción de Tadeo, se remueve con la indecisión de Alonso y se conmueve ante las desesperadas artimañas de J.D. Pero no se trata de un melodrama. No olvidemos el primer sustantivo del título: orgullo. La obra habla de orgullo no solo como arrogancia, adjudicada tanto a Alonso como a J.D, sino al Orgullo con mayúscula, el que reivindica el amor propio y el respeto a lo que cada cual es y siente. Y ese orgullo significa vivir el amor y la sexualidad sin limitaciones sociales y también celebrarlo, con fiesta y algarabía, con muchos colores y brillantina, si es lo que se desea. Y ese entusiasmo lo representan muy bien las Mariliendres, tres mujeres jóvenes y divertidas que acompañan a Tadeo en su llegada a la gran ciudad.

Además de la maravilla de las voces principales que protagonizan la historia, hay que llamar la atención sobre la voz colectiva del Coro de la Comunidad de Madrid, que llena el espacio con su potencia e imprime con fuerza en el espectador el sentimiento de las voces solistas. Y siguiendo con todos los artistas que aparecen en escena, son fundamentales los bailarines, que representan con la danza aquello que sucede ya sea dramatizado, cantado o interpretado con instrumentos musicales. Sus movimientos aportan otra forma de representar la historia de amor tan apasionada y concentrada en este Madrid de 2025.

Por último, no puedo dejar de destacar el vestuario multicolor en tonos pastel para el Coro y en colores muy llamativos para los personajes. Son divertidísimas las versiones de vestidos rojos de las Mariliendres y geniales los atuendos del clan de amigos de J.D., con sus abanicos y su look deportivo camisero.

El pequeño espectador es recordado por el propio narrador. J.D. se pregunta si estará en la sala y teme que no haya venido, dada la difícil captación de este grupo de edad. Si estuviera, no solo se regocijaría ante el llamamiento sino que seguiría hechizado todo lo que sucede sobre el escenario en El orgullo de quererte. El argumento, la escenografía, la música, el vestuario y todos los demás elementos que intervienen en esta zarzuela moderna reman en una dirección única: que el espectador reciba estímulos por todos los sentidos y aplauda con emoción al acabar cada número. Y lo consigue.

Por Sara Barquilla Guerrero

FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA

Vista el jueves 11 de septiembre de 2025 en los Teatros del Canal (Madrid).

 

Dirección musical: Alondra de la Parra.
Dirección musical asistente: José Luis López Antón (funciones 19 y 20 de septiembre)

Dirección de escena: Albert Boadella / Martina Cabanas
Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda
Coreografía: Sara Cano
Iluminación: Bernat Jansà
Vestuario: Gabriela Salaverri
Ayudante de vestuario: Mónica Tejeiro, Sabina Atlanta.
Diseño de caracterización: Moisés Echevarría
Dirección técnica: Matías Carbia, Eduardo Moreno
Regidora: Vanesa Arévalo
Regidora de luces: Cristina Berhó

Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid

Reparto
P.J.: Enrique Viana, tenor
Tadeo: Santiago Ballerini, tenor
Alonso: Germán Olvera, barítono (Enrique Sánchez-Ramos, 19 sep).
Mari Cruz: María Rey-Joly, soprano
Mari Trini: Mar Morán, soprano
Mari Paz: Andrea Rey, mezzosoprano
La Petri: Berna Perles Sancho, soprano
Mariquitas: Gerardo López, Jesús Cantolla y Daniel González, tenores

Bailarines: Begoña Quiñones, Verónica Garzón, Yolanda Barrero, Nuria Tena, Jose Alarcón, Daniel Morillo, David Palacios, Adrián Gómez y Enrique Arias

Maestros repetidores: Karina Azizova, Jorge Giménez

Cartel: ilustración de Javier Marín

Coproducción de Madrid Cultura y Turismo, Fundación ORCAM y Auditorio de Tenerife

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