Por Almudena Pimentel Serra

Si hay algo más temerario que interpretar una historia comprometida sobre el desarraigo, las diferencias culturales y la violencia que ello puede acarrear, es hacerlo en una sala pequeña, donde el escenario representa un diez por ciento comparado con la grada donde se acomoda el público. Rocío Martín, dramaturga y creadora de Descóseme las alas interpreta también una doble historia basada en las novelas Nómada (de Ayaan Hirsi) y Papá nos quiere (de Leticia G. Domínguez). Leti y Amira, que tratan de escapar respectivamente de sus familias, acaban por cruzar sus caminos. Lo que vemos en escena es el intercambio de esas culturas y los diferentes puntos de vista de dos personajes que se admiran y encuentran un hogar en la otra; un hueco de cuidado entre mujeres interpretado maravillosamente por Rocío que, a través de simples cambios lumínicos y de vestuario, consigue transportar al espectador al universo de cada una de ellas. Paradójicamente, es imposible que ambos personajes estén juntos en escena y, sin embargo, el espectador las consigue ver a la vez. El trabajo cuidado de la palabra y de evocación que realiza la actriz permite que el espectador active su imaginario, viviendo lo que ellas están narrando en primera persona.

El texto incide en el hogar como la fuente primigenia de todos los problemas, de la violencia más intrínseca hacia las mujeres, hacia nuestros cuerpos y del espacio que ocupamos en la sociedad. Sin embargo, hay un conflicto, (desde mi punto de vista) porque, aún siendo la casa un espacio de peligro, también lo es de las raíces y de la educación; algo que convive con quienes somos y de lo que es muy difícil desvincularse. ¿Qué hacer? Amira se plantea si quedarse en el peligro o partir a España, a una sociedad radicalmente distinta que la recibe con los prejuicios de quien mira al inmigrante como esa cosa que viene a robarnos el trabajo. Por otro lado, Leti trata de escapar de su propio cuerpo, rechazando todo deseo espontáneo y luchando contra la idea de “Qué es ser mujer” impuesta por su familia, que choca de manera feroz con la sociedad “liberada” en la que vive.

Con esta crítica cierro la temporada. Cambio el teclado por la escritura automática, por la contemplación y algún que otro viaje que me haga volver con las pilas cargadas y llena de creatividad. Pero si de todos los espectáculos que he visto para jóvenes espectadores tuviese que elegir uno, apostaría por este. Es una lección interpretativa comprometida con la realidad que vivimos y que vincula a las antiguas generaciones con las nuestras, que puede generar debate en las aulas y que deja observar que, entre nosotras, la unión, la escucha y la empatía son fundamentales. Ojalá en la siguiente temporada el espectáculo de la oportunidad a jóvenes y adultos de seguir creando encuentros.

 

Por Almudena Pimentel Serra

 

DATOS:

Vista el 24 de mayo de 2025 en la sala Laboratorio SOJO Teatral

 

Dirección: David Fraile

Dramaturgia: Rocío Martín

Interpretación: Rocío Martín

Iluminación: Sofía Lorenzo

Música: Sergio Castillo

Vestuario: Rocío Martín

Fotografía: Pavel Alonso

Producción: Compañía Cuarteatro

Duración: 50 min

 

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