Por Celia Rojo Morate
El cuento Orejas de Mariposa, de Luisa Aguilar, ya se ha convertido en un imprescindible en la literatura infantil. Ahora, da el salto del papel al escenario del Teatro San Pol en una adaptación musical a cargo de la compañía: La Espiral Mágica.
La protagonista, Mara, es una niña como cualquier otra, ilusionada por su primer día en un nuevo colegio. Pero su alegría se desvanece cuando sus compañeros empiezan a burlarse de ella por sus orejas grandes. Al llegar, su madre le dice: “No son orejotas, son orejas de mariposa”.
A partir de ese momento, Mara descubre el poder de la imaginación como refugio y herramienta de resistencia. Un pelo alborotado deja de ser un estropajo para convertirse en césped recién cortado, un calcetín roto es el resultado de un dedo curioso. Así, la obra nos invita a darle la vuelta a los complejos y a encontrar en ellos un motivo de orgullo, en lugar de vergüenza.

Lo que hace realmente especial a esta historia es su forma de abordar temas como el acoso escolar y la autoestima sin dramatismos, apostando por la creatividad y la alegría como antídoto contra la crueldad. En lugar de presentar a Mara como una víctima, nos muestra a una niña empoderada.
La adaptación teatral respeta la esencia del cuento original. Los colores vibrantes, la escenografía evocadora y el ritmo dinámico, logran trasladar al espectador a un universo donde la fantasía es posible.
Uno de los grandes aciertos del montaje es su música en directo. Un piano acompaña con delicadeza, mientras las canciones interpretadas por los actores se convierten en un hilo conductor que atrapa a niños y adultos por igual.
La conexión con el público es total. El teatro, repleto de niños de entre 4 y 10 años, era un reflejo de la magia de la función. Durante más de una hora, los pequeños espectadores permanecieron hipnotizados, entregados a la historia, respondiendo con entusiasmo a las preguntas de los actores y participando en los juegos de percusión. No hubo distracciones ni inquietud en los asientos, solo miradas atentas y sonrisas cómplices.

Orejas de Mariposa no es solo un cuento para niños. Su mensaje trasciende la infancia y cala hondo también en los adultos. Nos enseña que ningún cuerpo es feo y que no deberíamos permitir que nadie, ni siquiera nosotros mismos, cuestione nuestro valor por nuestra apariencia.
Cuando el telón baja, la reflexión queda flotando en el aire: ¿Y si esos complejos que cargamos desde la infancia fueran, en realidad, nuestras mayores virtudes? Tal vez esas orejas grandes, como las de Mara, no sean un defecto, sino un don que le permite escuchar mejores palabras como “te quiero”, “gracias” o “perdón”. Quizás unos pies enormes sirvan para llegar más lejos, unos dientes separados hagan que una sonrisa sea inolvidable, unas manos rugosas cuenten historias de esfuerzo y unos ojos bizcos descubran la belleza desde distintos ángulos. Porque, al final, no es nuestro físico lo que nos define, sino la forma en la que decidimos mirar el mundo.
Por Celia Rojo Morate
DATOS TÉCNICOS:
Teatro SanPol
Compañía:
Dirección musical:
Josep Ferré
Músicos:
Josep Ferré
Julián Jiménez
Gonzalo Fernández
Escenografía:
Escenografies Gràcia
Iluminación:
Juan Barahona
Vestuario:
Ruth Fabián
Coreografía:
Ana Alcázar
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