Por Marta Larragueta

Hoy hemos disfrutado de …y las ideas vuelan. Se trata de una apuesta que puede parecer arriesgada por no plantear un hilo narrativo, por no relatar una historia como a veces parece que le reclamamos al teatro… ¿De qué va la obra? ¿Qué pasa? ¿Qué cuenta? La respuesta a estas preguntas no es sencilla en este caso, pero creo que habla a favor de la propuesta escénica planteada, más que en contra.

Nada más entrar en la Sala Negra, nos encontramos con un círculo de luz en el centro y varios grupos de asientos alrededor (bien separados, bendita Covid). Pequeños y grandes espectadores van llegando y se van situando en sus cobijadas islas, esperando a que comience la magia. Al cabo de unos minutos se apagan las luces y entran las tres personas que nos van a acompañar a lo largo de los 35 minutos que compartiremos. Se trata, principalmente, de un intérprete (Quim Girón) y dos técnicos que manejan paneles de iluminación (Joana Serra) y sonido (Joan Cot), si bien en determinados momentos intervienen también en escena.

Quim Girón comienza a moverse, armado con una pértiga culminada por lo que parece ser un micrófono. Sirve como invitación para atraer a los pequeños espectadores y que comiencen a participar, tímidamente al principio, pero mayor decisión en cuestión de segundos. “¡Hola!”, “¡ho-ho-hola!”, comienza a sonar en la sala, mezclando las voces infantiles con reverberaciones más propias de la música electrónica. El público menudo parece estar por la labor de pasar un buen rato, pero esa predisposición queda absolutamente confirmada cuando empieza la magia de las luces. Palmada del intérprete y, ¡zas!, un verde intenso se adueña del escenario. ¡Plas!, amarillo; ¡plas!, rojo; ¡plas!, ¡plas!, azul y verde de nuevo. Obviamente, los pequeños espectadores tardan bien poquito en reclamar protagonismo en ese intercambio cromático y entramos de lleno en un caleidoscopio lumínico.

Una propuesta sensorial con danza, movimientos acrobáticos, música, percusión, luces, colores en la que …y las ideas vuelan entrelaza diversos lenguajes y conversa con los pequeños espectadores que no pierden detalle de lo que está sucediendo. Ojos como platos, manos y brazos que se mueven al compás de la música y el movimiento o que permanecen inmóviles, aparentemente maravillados por el espectáculo. Se suceden continuamente las expresiones de goce y sorpresa, incluso a ratos se escuchan risas nerviosas de quien está presenciando algo que desborda sus emociones. El actor principal, además, se preocupa de prestar atención a todos y cada uno de los menudos visitantes, acercándose continuamente a los grupúsculos sentados y dedicando segundos de miradas directas y hechiceras.

Por Marta Larragueta

 

DATOS TÉCNICOS:

Vista en los Teatros del Canal el 16 de marzo de 2021

Autoría e interpretación: Joana Serra, Joan Cot y Quim Girón
Técnico de sonido: Joan Cot
Técnico de iluminación: Joana Serra
Distribución y gira: Imagin.art
Producción administrativa: ElClimamola

Género: circo contemporáneo
Edad recomendada: a partir de 2 años
Duración aproximada: 35 minutos

 

otras entradas recientes:

Silencio de M.A.R

Silencio de M.A.R

Por Araceli Hernández «¿Cómo es tu silencio? ¿Y el tuyo» ¿Alguna vez han pensado en la pregunta que nos plantean -en lenguaje oral y en lenguaje de signos- nada más iniciarse la obra? ¿Cómo es nuestro silencio? Al silencio le ocurre lo mismo que a la luz, sólo es...