Por Bruno García Tardón
“Lo serio se puede negar; el juego, no”. Concluyente aseveración la que, en 1938, el historiador neerlandés Johan Huizinga escribió en su ensayo “Homo Ludens” y sobre la que cualquier espectador o espectadora podría reflexionar disfrutando la propuesta de Tyl Tyl. En Ludens, los pequeños espectadores y las pequeñas espectadoras, pudieron disfrutar de una puesta en escena llena de matices sensoriales, especialmente aquellos que requieren del trabajo de los receptores visuales y auditivos.

Es una pena que la situación actual nos impida un contacto más cercano y no resulte posible la interacción física con los espectadores, como apuntaban los protagonistas, Daniel Lovecchio y Nerea Lovecchio (maravillosos en su interpretación). Los más pequeños, público al que se dirige esta propuesta del amplio repertorio de la Compañía, querían más, pues se removían en los asientos, haciendo único y entrañable el momento.
Fue entrañable porque todo lo que rodea el trabajo de Tyl Tyl denota reflexión, estudio, cariño, ternura, respeto y mimo. Y los espectadores devolvemos admiración y agradecimiento, ¡cómo no! Desde que entras al teatro, el recibimiento en la sala o escuchando las palabras introductorias de Pury Estalayo; el trabajo de todo el equipo es sobresaliente y ayuda a que te sientas en casa.
Música (“…que abulta mucho”), colores, objetos, progresión en las ideas, elaborados, pero a la vez sencillos diálogos, tiempos minuciosamente estudiados, luces en constante movimiento y coordinadas con las acciones y el espacio…; cuán importante es el espacio y qué difícil es llenarlo con la elegancia y sobriedad de un libro desplegable que, en un primer momento, se muestra cerrado y aislado sobre el escenario (sí, los famosos pop up pero en versión maxi).

Y si los pequeños espectadores disfrutaron, los mayores no quisimos ser menos y dejamos despertar al “niño tierno y mágico que quizá dormita y se aburre solitario y olvidado en su interior”, utilizando palabras de Juan Tamariz en su trabajo “El Arco Iris Mágico”, en el que hace una analogía sobre el papel que los juegos de magia puede producir en el espectador. ¿Acaso no es mágico que termine Ludens con un carrusel girando (montado a la vista de todas las personas asistentes), luces sobre unos árboles que se desplegaron de la nada o colores donde yacía lo invisible?

No olvidemos, por último, que la participación es otra de las características que Tyl Tyl, incluso en estos tiempos, promueve. Sin contacto, sí. Pero pudimos cantar y saludarnos a dos metros de distancia con el elenco. Esto es algo que siempre he destacado, reseñado y valorado porque permite acercar, aún más, la cultura. Y cuando los principales destinatarios son los más pequeños del lugar, esto tiene un valor incalculable.
Por Bruno García Tardón
DATOS TÉCNICOS:
Vista el 24 de enero de 2021 a las 12:30, en el teatro Tyl Tyl (Navalcarnero).
Ficha artística
Autor: Daniel Lovecchio
Intérpretes: Daniel Lovecchio y Nerea Lovecchio
Asistencia de dirección: Pury Estalayo
Diseño y realización de escenografía: Viviana Vasco
Asesoramiento: Gerardo Trotti
Diseño de vestuario: Teatro Tyl Tyl
Música y dirección: Daniel Lovecchio
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La profesionalidad y el amor de Tyl Tyl se ve reflejado en todos sus trabajos. Espero pronto pasen estos tiempos y todxs podamos disfrutar al 100% de lo bello. Orgullosa de conocerles y de aportar un pequeño granito arena. Un abrazo